Homilía del 1er domingo de Cuaresma 2011

“Si tú eres el Hijo de Dios, manda” (Mt 4, 3). Estas palabras con que Jesús fue probado por primera vez, según la narración de san Mateo que acabamos de escuchar, resumen la tentación fundamental de la humanidad: ser como Dios (cf. Gn 3, 5). El demonio, personificado en una serpiente, les dijo a Adán y Eva que Dios les había prohibido comer de aquel árbol precisamente porque iban a ser como Él. Esta es la atracción que deslumbra: estar al mismo nivel que Dios.

Homilía del 9º domingo ordinario 2011

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica […]. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica” (Mt 7, 24. 26). Según lo que oímos de Jesús en el texto del Evangelio, nuestra entrada o nuestra ausencia en el Reino depende de poner o no en práctica sus palabras. Se trata de ponerlas en práctica y no de quedarse indiferentes o repetirlas. Por eso dice: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos” (v. 21).

Homilía del 8º domingo ordinario 2011

“No pueden ustedes servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24). Esta frase de Jesús es demoledora para quien la escuche, pues siempre estaremos en la tentación de la idolatría, o sea, de hacer a un lado a Dios, Padre providente y misericordioso, y poner en su lugar al dinero. Esta es la tentación mayor de los humanos y de los discípulos y discípulas de Jesús. Por eso Jesús nos aclara que si queremos seguirlo con fidelidad, tenemos que amar solamente a Dios. Solo a Él.

Homilía del 7º domingo ordinario 2011

“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian” (Mt 5, 44). Estos mandatos de Jesús están orientados a que sus discípulos y discípulas vivamos como hijos e hijas de Dios. Quiere decir que no basta con tener el Bautismo y los demás sacramentos para ser hijos e hijas de Dios. Es necesario asumir y cultivar un estilo de vida en el que se viva al máximo el mandamiento del amor: al grado de amar a los enemigos.