Homilía para el 27° domingo ordinario 2017
Producir frutos abundantes y dulces

Cuando un campesino va a sembrar la tierra, la prepara aflojándola, previene el abono, busca la mejor semilla, espera el temporal. Lo hace con mucho respeto y cariño hacia ella, con la esperanza de lograr buenos frutos en la cosecha y con la confianza puesta en Dios. Es lo que nos describen Isaías y Mateo en los textos que acabamos de escuchar. Dios es el dueño de la viña, es quien la prepara con mucho cariño y tiene la esperanza de recoger buenas uvas.

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