¿De verdad tenemos capacidad de cambio?

Una crítica desde la sociedad líquida

Por: P. Juan Manuel Hurtado López

En este tiempo de la terrible pandemia del COVID 19, que ha causado tanto dolor y tanta muerte en el mundo, se escribe mucho sobre el cambio que debe haber en la humanidad después de la pandemia, si es que ésta algún día termina.

De tal manera que se afirma que, si no cambiamos nuestras formas de vivir, de comportarnos con la madre tierra, en el uso responsable de los bienes de la creación, en la solidaridad con toda la creación y sobre todo con los más insignificantes, como dice Gustavo Gutiérrez. Entonces, de nada habrá servido tanto sacrificio, tanta angustia, tanto confinamiento en nuestras casas.

Pero entonces viene la pregunta que no podemos eludir: ¿De verdad estamos capacitados para cambiar, para emprender OTRA manera de vivir diferente a la acostumbrada de despilfarro, de desechar lo que no nos sirve, de consumo desenfrenado, de una vida bastante individualista?

Sygmunt Bauman, sociólogo polaco, conceptualizó la posmodernidad como “modernidad líquida”. A esto ha dedicado abundantes ensayos que le valieron el reconocimiento internacional y recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Bauman prende los semáforos rojos como advertencia de lo que es la tendencia general de la posmodernidad. Un tiempo donde de entrada ya se abandonaron los grandes valores, las grandes narraciones, los principios, el aprendizaje como saber firme. Aún las tradiciones familiares saltaron hechas añicos, y los jóvenes no se ven reconocidos en  sus padres, en sus mayores.

Por el contrario, lo que se ha ido imponiendo es el consumo desenfrenado de todo para usarlo hoy y tirarlo al día siguiente; es comprar por comprar, probar por probar, el descarte. El individuo –sobre todo los jóvenes, pero no sólo ellos- gasta su tiempo como quiere, se relaciona individualmente con quien quiere por medio de su móvil, tablet o computadora, y corta su relación en el momento que le apetezca. No es una relación de respeto, solidaridad y cohesión. Es una relación de “clic”, se establece a la hora que cada quien quiere y en la modalidad que cada quien elige; y se corta con sólo darle “clic”. Igual que en el supermercado, se eligen y se desechan mercancías al arbitrio del deseo. En esta sociedad líquida se dice: “consume, goza, prueba, experimenta…lo demás, el futuro, no importa”. Goza el ahora. Nos recuerda el “carpe diem” (vive el día) de los romanos.

Son ilustrativas esas fotos de jóvenes en torno a una mesa,  cada uno con su bebida al frente, pero TODOS mirando cada quien su celular…juntos, pero distantes unos de otros como personas.

Un par de afirmaciones de Sygmunt Bauman nos ponen en el horizonte de lo que estamos hablando. “Lo que los ciudadanos del mundo moderno líquido descubren pronto es que en ese mundo no hay nada destinado a perdurar, mucho menos para siempre. Objetos que hoy se recomiendan como útiles e indispensables, tienden a convertirse en historia mucho antes de haber tenido tiempo de asentarse y convertirse en una necesidad o en un hábito. Nada está aquí para siempre, nada parece ser irreemplazable, ésta es la creencia actual. Todo nace con el sello estampado de una muerte inminente, y emerge de la cadena de producción con una fecha de caducidad de uso, ya sea impresa o que se presume”.

Esta afirmación de Bauman se confirma en la variedad de oferta de celulares, tablets, carros, perfumes, implementos domésticos de todo tipo e infinidad de ofertas en los grandes supermercados. Para esto se ha adiestrado a la población: para consumir. Inclusive, los especialistas en mercadotecnia han descubierto que los olores y sabores que experimentamos en la niñez, ahora les son útiles para agregárselos a las cosas que nos venden y así asegurar su éxito comercial.

Otra frase más de nuestro autor: “El modo de vida en el que han nacido los jóvenes de hoy, hasta el punto que no conocen otro, es una sociedad de consumidores y de la cultura del aquí y ahora, inquieta y en perpetuo cambio. Una sociedad que promueve el culto de la novedad y las oportunidades azarosas. En semejante sociedad y semejante cultura, nos aparece como brillante la excesiva cantidad que hay de todo, tantos objetos de deseo como objetos de conocimiento, al igual que la velocidad aturdidora con que llegan los nuevos objetos y desaparecen los viejos. El eco que existe entre los programas de televisión (un torbellino de escotes vertiginosos y estriptis emocionales) y la manera en que nuestro modo de vida nos ha adiestrado y ejercitado para sentir y desear, se miden por ratings de la televisión.

Sygmunt Bauman cree que es posible una revolución cultural que pueda aportar algo al cambio tan necesario. Por mi parte, y tras 22 años de trabajar con los pueblos indígenas, apelo a su cultura y lenguaje simbólicos consciente de que nos dan pautas a seguir para emprender nuevos estilos de vida.

Pbro. Juan Manuel Hurtado López

Colaborador de El Puente. Párroco de Pantelho.

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