Página Diocesana

Información acerca de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Homilía del 10º domingo ordinario 2010

Cada que nos reunimos para la Eucaristía, especialmente los domingos, celebramos el triunfo de Jesús sobre la muerte, pues en un domingo como hoy, Cristo resucitó. Ya antes de su resurrección, a lo largo de su ministerio, Jesús había devuelto la vida a varias personas. En el Evangelio escuchamos cómo resucitó a un joven y cómo quienes fueron testigos lograron reconocer en esa acción la presencia salvadora de Dios: “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7, 16).

Homilía del Jueves de Corpus 2010

Hoy, después de la Eucaristía y como prolongación de ella, llevaremos a Señor Jesús, el Santísimo, por las calles de nuestra comunidad; iremos peregrinando, orando, reflexionando y cantando. De esta manera expresaremos públicamente nuestra fe en Jesús sacramentado y reasumiremos nuestro compromiso de prolongar la Eucaristía en la vida de la comunidad, puesto que tenemos el mandato de Cristo: “Hagan esto en memoria mía” (1Cor 11, 24).

Homilía del domingo de la Santísima Trinidad 2010

Estamos celebrando en este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad. Dios, que es comunión, nos creó a su imagen y semejanza, nos hace participar de su gloria por medio de su Hijo y nos atrae hacia Él por la acción de su Espíritu. Como Iglesia nosotros tenemos que ser expresión visible de la comunión de Dios, viviendo la unidad entre nosotros.

Homilía del domingo de Pentecostés 2010

Antes de ascender al Cielo, Jesús pidió a sus discípulos que permanecieran en la ciudad hasta que recibieran la fuerza de lo alto para ser sus testigos. En este domingo de Pentecostés celebramos la venida de esa fuerza, que es el Espíritu Santo, sobre los discípulos y, por tanto, el inicio de la misión de la Iglesia.

Homilía del domingo de Ascensión 2010

“Ustedes son testigos de esto”
Estamos celebrando en este domingo la Ascensión del Señor, su regreso al Padre después de haber cumplido la misión para la que fue enviado. Allí está desde entonces en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros (Hb 9, 25) para que vivamos como sus testigos.