Brasil en el espejismo de la bonanza económica

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Por: Octavio López Flores olf2005@hotmail.com y Mariana González Padilla mariiana_gp@hotmail.com

La ola de protestas que hicieron temblar a Brasil durante 2013 fueron manifestaciones de descontento de una población cansada de la corrupción, los malos servicios y las escandalosas manifestaciones de riqueza por parte de una minoría, la cual es percibida por las clases media y baja como ladrona de la riqueza nacional.

Tan solo unos años atrás, Brasil aparecía como un ejemplo a seguir para todos los países en vías de desarrollo. Las políticas de liberalización económica y libre comercio habían hecho crecer al país de una forma ejemplar.

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En 2011 a pesar de la crisis que afectó a otras naciones latinoamericanas, Brasil superó a la Gran Bretaña para convertirse en la sexta economía del mundo. La confianza de la comunidad internacional en el éxito económico del país y de su gobierno era tal, que les fue concedida la sede del Mundial de 2014 a celebrarse en junio y los Juegos Olímpicos de 2016.

En 2013 durante la celebración de la Copa Confederaciones, una ola de protestas iniciadas en Sao Paulo en contra del aumento en el costo del transporte público hizo despertar a Brasil de su situación de ensueño y mostró la insatisfacción de la sociedad brasileña con su gobierno y con la dirección su país en general.

El mensaje no pudo ser más claro para la presidenta Dilma Rousseff, sucesora de Lula da Silva, ya que fue abucheada durante la apertura de la Copa Confederaciones. Esto provocó una reacción en cadena masiva que culminó en la protesta espontánea de más de 250 mil personas en las principales ciudades de Brasil, como Sao Paolo, Brasilia, Río de Janeiro (LaRepública 19/06/13). Fueron espontáneas ya que no estaban dirigidas por nadie, ningún líder de oposición ordenó la salida a la calle; ni ningún Partido Político estuvo detrás de esta muestra de insatisfacción, no obstante los manifestantes recibieron el apoyo de numerosas figuras públicas como la del futbolista Ronaldo.

Con el crecimiento económico sostenido que ha disfrutado Brasil y con el hecho de que han salido millones de personas de la pobreza, las protestas reflejan en gran parte, una muestra de frustración social por parte de los que no han podido verse beneficiados de esta bonanza económica, y los que sí lo han podido hacer no han podido ver los efectos de ellas, debido a la alta inflación que en los últimos 2 años ha debilitado el poder adquisitivo de los brasileños.

De acuerdo con Alexandre Barros, analista financiero de la empresa Early Warning, «Los brasileños estaban en una curva ascendente bastante acentuada, estaban mejorando su calidad de vida, tenían más acceso al crédito, compraban más cosas, tenían acceso a internet y TV por cable, que antes no tenían. Ahora la gente ve que el futuro no está tan claro, no consiguen pagar la mensualidad de la moto que compraron o de su televisor de pantalla plana y el arroz está más caro»(ElNuevoHerald03/05/13).

Además de la disminución de su poder adquisitivo, los brasileños también han dado muestras de inconformidad frente a la mala calidad de la educación y la salud pública argumentando que la baja calidad de estos servicios es consecuencia de la corrupción del gobierno que en colusión con la élite de empresarios e industriales, usan los fondos del estado para enriquecerse.

Ante esta situación tan volátil,los costos y la inversión en la infraestructura para la Copa Mundial, y los Juegos Olímpicos, ha sido la gota que derramó el vaso de la inconformidad de la población brasileña. Se estima que alrededor de 12 mil 300 millones de dólares se han destinado a estas inversiones. La prensa brasileña ha evidenciado escándalos de malversación de estos fondos que implican la colusión de empresarios y funcionarios.
Estos escándalos se dieron a conocer al mismo tiempo que se reveló que el ciudadano medio no podría entrar a los estadios debido al alto costo de las entradas (LaRepública19/06/13).

Los eventos deportivos internacionales y su impacto en la economía

Dilma Rousseff

Se cree que ser sede de algún evento deportivo internacional trae como consecuencia una derrama económica a través de la generación de empleos en la construcción de infraestructura, la promoción turística del país sede, el flujo de divisas como consecuencia de la asistencia masiva de miles de turistas a los eventos, entre otros factores, y por ello es que se impulsa el gasto público para la organización de estos eventos.

Se tiene la idea de que es un verdadero honor como país ser sede alguna competencia de este tipo debido a que es una forma de demostrar a la comunidad internacional la fortaleza económica y política que representa la sede, mostrando a los países anfitriones como naciones desarrolladas que tienen la capacidad para satisfacer todas las demandas realizadas por estas instituciones como es el caso de la FIFA o el Comité Olímpico Internacional.

Situaciones similares al caso de Brasil han pasado alrededor del mundo, como Guadalajara que fue la sede de los Juegos Panamericanos en donde el gobierno aportó 183 millones de dólares para la organización delajusta. Este presupuesto no fue del agrado de la sociedad debido a que se utilizó dinero público para eventos privados, pero la situación empeoró en el 2011 cuando se anunció que se aumentaría el gasto a unos750 millones de dólares, dejando al Estado con un gran déficit económico.

El alto costo de acoger las justas deportivas

En el caso específico de Brasil se han construido 12 nuevos estadios con dinero público, lo que ha causado el descontento entre la población, los manifestantes argumentan que el país no se encuentra en tan buena posición económica como se cree y además estos estadios serán administrados por empresas privadas, lo que hace que a ellos nos les represente ningún beneficio económico.

La población está molesta por la incongruencia del gobierno entre lo que dice y lo que realmente hace. Al respecto llama la atención que en cuanto se anunció que Brasil organizaría el mundial, se afirmó que 90% del gasto que se iba a realizar, sería por parte de empresas privadas y otro 10% sería por parte del gobierno (Euronews01/07/13). En realidad pasó todo lo contrario ya que, según estimaciones, aproximadamente 80% de las inversiones se han hecho de fondos públicos.

Por lo tanto, era de esperar que la población brasileña manifestara su molestia cuando la mayoría del dinero recabado a través de impuestos está siendo gastado en eventos deportivos, a los que la población no podrá asistir, ni participar de ellos por el alto costo de las entradas; cuando Brasil lo que realmente necesita según su población es mayor inversión en la educación y a los programas de salud.

La FIFA ha hecho una cantidad de demandas al gobierno brasileño y éste ha aceptado a cada una de ellas. Probablemente la más grande de éstas sea que la FIFA pidió no pagar impuestos durante cinco años en Brasil para poder comercializar con los productos, hacer negocios y contratar personal sin responsabilidad fiscal hacia el estado brasileño.

Esta es una prueba más de lo complejo que resulta ser sede de una justa deportiva internacional y pone en duda el hecho de que los eventos internacionales de esta magnitud traigan consigo una derrama económica.La mayoría de los productos vendidos y el dinero que entre a la organización de la FIFA no representará ingreso alguno para Brasil.

Otro punto que refleja esta situación es la venta de boletos para los partidos, Las entradas para los cotejos del mundial en Brasil, que se anunciaron por medio de la FIFA, tendrán un costo inicial en el portal de esta organización de entre 90 dólares y 990 dólares.Si se toma en cuenta el salario mínimo para trabajadores, se puede entender las pocas posibilidades que tienen para acceder a estos boletos. A pesar de que Dilma Rousseff por decreto aumentó el salario mínimo aproximadamente 7% convirtiéndolo en unos 306 dólares mensuales, sigue sin ser suficiente, ya que el costo de la vida en Brasil es muy alto, tanto que Brasil está considerado como uno de los países más caros para vivir en América Latina.

Si se toma en cuenta el gasto que realizan las familias que viven con el salario mínimo en servicios básicos como luz, agua, gas, educación, costos de transporte, alimento, y vivienda; el dinero que les resta es tan poco que no alcanza para poder comprar un boleto para algún partido del mundial.

A pesar de acciones realizadas por el gobierno para calmar la situación y pretender que todo está bajo control, para mantener la confianza de la FIFA en ellos, y sobre todo mantener la confianza internacional, con los días se van uniendo más los manifestantes y las personas que están en contra de cómo se ha utilizado el gasto público para eventos privados.

Actualmente Brasil forma parte de las nuevas economías emergentes y de los famosos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) pero vive una situación de inconformidad social que muestra una realidad totalmente distinta y corre peligro de perder la buena imagen internacional que tanto les ha costado conseguir. La Presidenta Dilma Rousseff está perdiendo popularidad y fuerza a medida que la situación interna de Brasil empeora.

Mucho se habla sobre el milagro brasileño y sobre cómo vivían una época inimaginable, y el gran ejemplo que era para América Latina, pero la inconformidad social en torno a este evento deportivo internacional, nos hace preguntarnos si el gran milagro brasileño fue un espejismo o simplemente un golpe de suerte momentáneo.

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