América Latina: el camino que comenzó hace 200 años

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México, al igual que otros países latinoamericanos, celebra en 2010 el bicentenario de su Independencia. Además de ser motivo de festejos, esta fecha también es una oportunidad para reflexionar sobre el camino recorrido, los logros alcanzados y lo que falta por lograr de los idearios propuestos hace doscientos años a través de estos movimientos sociales.

Hace poco más de 200 años, en 1804, Haití fue el primer país de América Latina en declarar su independencia de Francia. La que es hoy la nación más pobre de la región, comenzó el camino que el resto de las colonias latinoamericanas seguirían los siguientes años para alcanzar su libertad: en 1809 lo hicieron Bolivia y Ecuador; en 1810 México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile; en 1811 El Salvador, Paraguay y Uruguay; y posteriormente el resto de los países que entonces conformaron el continente.

Durante 2010, los gobiernos de México y de otros países de la región que celebran dos centurias de haberse independizado, han preparado diversas actividades para celebrar estos acontecimientos. Sin embargo, esta fecha también es una oportunidad para reflexionar sobre lo que hemos logrado y lo que falta hacer tanto en el país como en la región. Así podremos analizar nuestros aciertos y errores y tomar decisiones acertadas de cara al futuro.

La vida en las colonias
Los movimientos independentistas, además de fundar a las nuevas naciones latinoamericanas, también buscaron cambiar las condiciones de vida de las colonias españolas y portuguesas, las cuales divulgaban un orden socioeconómico y político inequitativo.

La estructura social en la Colonia se basaba en la desigualdad en la distribución de la riqueza, el trabajo y el acceso a la educación, entre otras cosas. A pesar de ser la minoría, los españoles concentraban todos los privilegios, compartiendo sólo algunos con aquellos nacidos de América pero de descendencia española, a quienes se ha denominado como criollos. Económicamente el poder se concentraba en los monopolios españoles y a los criollos y mestizos sólo les permitían participar en las industrias locales. Los indígenas no tenían salario y trabajan a cambio de comida y un lugar para vivir.

En lo político, el poder también estaba concentrado y no había acceso a cargos públicos para criollos o mestizos. Por otro lado, había pocas instituciones educativas a las que la población en general pudiera acceder, ya que sólo lo hacían las clases altas. Además, a lo largo del periodo colonial los españoles fueron eliminando las tradiciones indígenas para imponer el modo de vida occidental.

Como este orden se basaba en la pureza de la sangre española, era muy difícil ascender en la escala social, alcanzar mayor igualdad o tener acceso a oportunidades. De manera general eran los indígenas, los verdaderos dueños de estas naciones, quienes no tenían prácticamente ningún privilegio.



La realidad contemporánea

América Latina es todavía una región en vías de desarrollo, con muchas áreas que mejorar. Distintos problemas siguen afectando a sus poblaciones y hay una importante cuota de injusticia social que eliminar.

Uno de los problemas más graves es la pobreza. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), uno de cada tres latinoamericanos no puede cubrir sus necesidades básicas con sus ingresos, mientras que uno de cada ocho no cuenta con medios económicos para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación. Esto también forma parte de otro grave problema: la desigualdad. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), América Latina es la región con mayor desigualdad en el mundo, ya que diez de los 15 países más desiguales, son latinoamericanos.

Esto quiere decir que los recursos no se distribuyen equitativamente y que no todos tienen las oportunidades para tener una vida mejor.

Los bajos niveles de educación son otro factor que limita el desarrollo. En América Latina hay elevados índices de personas que, por falta de acceso a la educación, no saben leer y escribir; según la CEPAL en Nicaragua 30% de su población es analfabeta y en Guatemala 20%.

Todas estas condiciones han desencadenado otras problemáticas como las altas tasas de migración de los países pobres hacia los desarrollados, particularmente desde Centroamérica y México hacia Estados Unidos.

A pesar del tiempo y los cambios, uno de los grupos menos favorecidos sigue siendo la población indígena, la cual vive marginada en prácticamente todos los países latinoamericanos y en condiciones de pobreza y exclusión. Debido a que las políticas públicas no suelen incorporar sus particularidades culturales, también experimentan discriminación.

La desigualdad de género es otro problema presente en Latinoamérica. Aparte de existir altos índices de violencia en contra de las mujeres, éstas tienen un bajo acceso a educación y condiciones laborales desiguales. De acuerdo a la CEPAL, en la región hay una diferencia de siete horas más en la jornada laboral femenina que de la masculina. Además de que parte de esta jornada no es reconocida porque se realiza en el hogar, las mujeres reciben una remuneración menor que los hombres por la misma actividad, incluso trabajando horas equivalentes y contando con igual nivel educativo.

Debido a la baja representación de las mujeres en cargos públicos, las políticas para atender estas problemáticas se basan en experiencias masculinas, y no femeninas, que no provocan una mejora importante para las mujeres.

¿Qué falta por hacer?
Tenemos un gran motivo para festejar, pues somos un continente formado por países independientes, sin embargo es necesario reafirmar el compromiso y continuar con el camino que comenzó a construirse hace 200 años. Ahora, además de ser naciones libres, la tarea es luchar para dejar atrás la pobreza y desigualdad.

Aunque los ciudadanos tenemos responsabilidad, parte importante de la labor está en manos de los gobiernos, encargados de implementar políticas públicas que contribuyan a una distribución más equitativa de la riqueza, creación de infraestructura, aumento del gasto social y mayor acceso a la educación. Y no obstante que la democracia se ha ido consolidando, todavía debe fortalecerse. En algunos países se debe trabajar en la alternancia, promover una mayor participación política de los ciudadanos, además de reducir la corrupción aumentando la transparencia y la rendición de cuentas.

Al reflexionar sobre la celebración del bicentenario podemos encontrar muchos problemas que todavía no están resueltos, pero no debemos olvidar lo que hemos logrado. América Latina es una región formada por naciones independientes, en las que se reconoce la libertad e igualdad de todos sus ciudadanos. En cuanto a la democracia, aunque hay aspectos que reforzar tras haber pasado por un periodo de dictaduras, ésta continúa fortaleciéndose y en algunos países como Chile, se ha consolidado una verdadera alternancia entre gobiernos de derecha e izquierda.

Todavía hay mucho trabajo en materia de género, pero ciertamente hay avances en distintas áreas como la política, donde las mujeres comienzan a tener mayor participación. Este es el caso de Michelle Bachelet en Chile, quien recientemente terminó su mandato presidencial. El avance también se ha dado en otros niveles: la CEPAL indica que en 2009 había 33% de mujeres ministras en la Corte Suprema de Justicia de Bolivia, en Argentina 33% de los puestos en el Parlamento Nacional eran ocupados por mujeres y en Belice el 22% de las alcaldías estaban encabezadas por mujeres.

Otro punto a destacar es la identidad cultural y la cohesión entre las naciones de Latinoamérica. A pesar de que en el aspecto político la región se encuentra dividida, el sentimiento de pertenencia es común en las poblaciones, identidad que durante la Colonia no existía.

Doscientos años han pasado desde que comenzó un camino que todavía no ha concluido. Aunque ahora somos independientes, seguimos enfrentando problemas que desde esos tiempos nos afectan. La generación que encabezó estos movimientos ya quedó atrás, pero todavía hay un proyecto que concluir. Hoy somos libres de una colonia, pero presos de males sociales que afectan a grandes sectores de la población. Lo importante es no detenerse y alcanzar esa nueva independencia que nuestros países necesitan: de la pobreza, de los rezagos y de la desigualdad. Esa es la libertad por la que ahora debemos trabajar.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 104
Autores: María Fernanda Peña
Sección de Impreso: Reflejo Internacional

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