Homilía para el 2º domingo de Pascua 2014

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Constantes en el testimonio

Pascua2 A 14

Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía como cada domingo. Jesús resucitado está en medio de nosotros y se lo agradecemos a Dios nuestro Padre. Él nos llena de paz, nos renueva su Espíritu y nos envía a la misión, como hizo con sus discípulos el mismo día de la Resurrección. La misión exige dos cosas: una, el encuentro con Jesús; la otra, el testimonio personal y comunitario. De los primeros cristianos, el libro de los Hechos nos dice que eran constantes.

Constantes en el testimonio

Textos: Hch 2, 42-47; 1 Pe 1, 3-9; Jn 20, 19-31.

Pascua2 A 14

Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía como cada domingo. Jesús resucitado está en medio de nosotros y se lo agradecemos a Dios nuestro Padre. Él nos llena de paz, nos renueva su Espíritu y nos envía a la misión, como hizo con sus discípulos el mismo día de la Resurrección. La misión exige dos cosas: una, el encuentro con Jesús; la otra, el testimonio personal y comunitario. De los primeros cristianos, el libro de los Hechos nos dice que eran constantes.

Las primeras comunidades, que son modelo de vida para la Iglesia de todos los tiempos, eran constantes en el encuentro con Jesús y en el testimonio de vida, como acabamos de escuchar. El encuentro con Jesús se completa con la misión. Si nos quedamos a gusto, tranquilos, contentos, con la oración, la escucha de la Palabra, la Comunión sacramental y no vamos a la misión, nuestra celebración Eucarística queda a medias; se completa con el testimonio de vida.

Eran constantes en la escucha de las enseñanzas de los apóstoles. Los apóstoles transmitían lo que habían aprendido de Jesús, daban testimonio de su muerte y resurrección. Escuchar la Palabra es fundamental en la Iglesia. En esto de escuchar la Palabra de Dios, generalmente no somos constantes; lo hacemos de vez en cuando. Si no le dedicamos tiempo, no vamos a aclarar el camino, no tendremos la guía en nuestra vida, no sabremos dar razón de nuestra fe.

Eran constantes en la comunión fraterna. Se la llevaban bien, vivían unidos, se ayudaban, comían juntos, compartían el pan, vivían con alegría y sencillez de corazón. Esto les ayudaba a vivir como hermanos. No era sólo de ratos, como nos sucede muchas veces a nosotros, que fácilmente nos peleamos, buscamos sacar ventaja, nos negamos la palabra, nos reclamamos, nos desquitamos, etc. La comunión entre las personas se alimenta y fortalece en la Eucaristía.

Eran constantes en la fracción del Pan y las oraciones. La fracción del Pan es lo que nosotros conocemos como celebración Eucarística o Misa, este sacramento que estamos celebrando. La Comunión sacramental compromete para vivir la comunión entre esposos, entre papás e hijos, entre vecinos, entre compañeros de trabajo. La oración en común es necesaria para ponernos en manos de Dios, para darle gracias, pedirle perdón y decirle que queremos vivir unidos.

 Eran constantes en poner en común sus bienes. No se apropiaban lo que tenían, no acumulaban y acumulaban, mientras otros pasaban necesidades. Continuamente repartían de acuerdo a las necesidades de cada quien con tal de que nadie pasara necesidad. Nosotros estamos al revés de la Iglesia primitiva: compramos y acumulamos, no vemos por los demás, vivimos indiferentes ante la pobreza de muchas familias, nos cuesta trabajo compartir.

Las primeras comunidades cristianas daban testimonio constante de su fe en Jesús resucitado. Expresaban su fe con su modo de vida. Eran constantes en el encuentro con el Resucitado y en dar testimonio de Él. Su fe era más preciosa que el oro, como expresa el texto de la primera carta de Pedro. ¡Qué lejos estamos de parecernos a ellas! Somos inconstantes. ¿Por qué, si tenemos al mismo Espíritu, si recibimos la misma paz, si fuimos enviados a la misma misión?

Hoy, que nos hemos reunido con alegría para encontrarnos con Jesús resucitado, escuchamos su Palabra, oramos juntos, participamos de la Fracción del Pan. Renovemos nuestro compromiso de dar testimonio de Él con nuestra vida comunitaria en los barrios, colonias y ranchos. Seamos constantes en reunirnos como comunidad, en convivir con alegría y sencillez, en escuchar la Palabra, en vivir la comunión fraterna, en compartir nuestros bienes con los pobres.

27 de abril de 2014

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