Homilía para el 2º domingo de Adviento 2019

Mostrar la esperanza con hechos
La palabra de Dios nos invita hoy, a través de san Pablo, a mantener la esperanza. El Adviento es, entre otras cosas, tiempo de espera y de esperanza. Esperamos la segunda venida del Señor y nuestra esperanza consiste en participar de la vida del Reino en plenitud. Esto implica trabajar y manifestarla con nuestros hechos, aquello que Juan Bautista pedía a los fariseos y saduceos que iban para que los bautizara, porque dizque estaban en proceso de conversión para recibir al Mesías.

Mostrar la esperanza con hechos

Textos: Is 11, 1-10: Rm 15, 4-9; Mt 3, 1-12

La palabra de Dios nos invita hoy, a través de san Pablo, a mantener la esperanza. El Adviento es, entre otras cosas, tiempo de espera y de esperanza. Esperamos la segunda venida del Señor y nuestra esperanza consiste en participar de la vida del Reino en plenitud. Esto implica trabajar y manifestarla con nuestros hechos, aquello que Juan Bautista pedía a los fariseos y saduceos que iban para que los bautizara, porque dizque estaban en proceso de conversión para recibir al Mesías.

Necesitamos prepararle el camino al Señor, enderezando nuestra vida, es decir, viviendo la conversión, la armonía, la justicia y la solidaridad. El profeta Isaías anunció la llegada de un retoño, lleno del Espíritu Santo, el cual iba a actuar con la justicia. Lo escuchamos en la primera lectura. Ese retoño es Jesús, el Hijo de Dios, y nos estamos preparando para celebrar su nacimiento.

Él actuó con justicia, sin dejarse llevar por apariencias o por oídas, defendió al desamparado y al pobre. Hizo visible lo que dice el Salmo: salió en defensa de los pobres, rigió justamente al pueblo, libró al débil del poderoso, ayudó al desamparado, se apiadó del desvalido y del pobre, salvó la vida al desdichado, hizo florecer la justicia y la paz. Esto lo realizó Jesús en su primera venida, durante su ministerio; ahora nos preparamos para su segunda venida, con la que llevará a plenitud la justicia, la armonía, la paz. A nosotros, como signo de esperanza, nos toca realizar lo mismo, puesto que, por el Bautismo –que nos convirtió en otros cristos–, llevamos la vida y la misión de Jesús.

San Pablo pidió a Dios que concediera a los romanos vivir en perfecta armonía, teniendo un solo corazón; y eso se extiende para nosotros. El proyecto de Dios consiste en que vivamos la armonía entre personas, entre personas y el resto de la naturaleza, entre la creación y Dios. Ese sueño de Dios lo expresó Isaías al anunciar que sucedería lo impensable: que el lobo y el cordero habiten juntos, lo mismo la pantera y el cabrito, el becerro y el león, la vaca y la osa junto con sus crías, el niño con la serpiente. Nadie se hará daño, comerán juntos, estarán en paz, convivirán como hermanos. En nuestra comunidad tenemos mucho qué trabajar para que este sueño de Dios sea una realidad, hasta que no haya pleitos ni desavenencias a lo interno de las familias, ni entre vecinos o compañeros de trabajo; hasta que convivamos armónicamente con la creación, valorando, respetando y cuidando la Casa común, tanto la tierra, el agua y el aire como las plantas, bosques y animales.

Si no hacemos esto y nos sentimos buenos católicos sólo porque venimos a Misa el domingo, se nos aplicarán muy las palabras del Bautista, que llamó raza de víboras a los fariseos y saduceos que se acercaban para que los bautizara. Ellos aparentaban estar preparándose para recibir al Mesías, pero llevaban una vida doble; no vivían en la hermandad, ni en la justicia, ni en la solidaridad con los pobres, ni en la fidelidad a Dios. Por eso les pidió que manifestaran su conversión con hechos, no tanto con el bautismo, ni que se atuvieran a que eran miembros del pueblo de Israel y, por tanto, hijos de Abraham. Igualmente, a nosotros se nos pide manifestar con los hechos que nos estamos preparando, tanto a la celebración de la Navidad como a la segunda venida de Jesús.

Dispongámonos a recibir hoy a Jesús, que se acerca a nosotros de manera sacramental en la Eucaristía. Él viene a nuestro encuentro hecho Pan y Vino. Pidamos al Señor la gracia de su Espíritu, que acompañó al retoño de Jesé, para que, con su sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios, sepamos manifestar con hechos nuestra esperanza en su segunda venida. Renovemos nuestro compromiso de prepararnos a recibirlo, haciendo una vida en la justicia, la hermandad, la solidaridad y la armonía entre nosotros, con la naturaleza y con Dios.

8 de diciembre de 2019

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