Homilía para el 1er domingo de Adviento 2012

Tiempo de esperanza

Textos: Jr 33, 14-16; 1 Tes 3,12-4,2; Lc 21, 25-28. 34-36.

Estamos iniciando el tiempo de Adviento. Es un tiempo de esperanza para nosotros, en medio de las angustias y sufrimientos provocados por la pobreza y el ambiente de violencia de nuestro país. Para los miembros de la Iglesia es una oportunidad de dar testimonio de nuestra esperanza en una vida mejor, a pesar de los problemas, crisis, sinsabores, que experimentamos día a día. La Palabra de Dios nos ayuda a fortalecer esta esperanza, que es un don de Dios

Tiempo de esperanza

Textos: Jr 33, 14-16; 1 Tes 3,12-4,2; Lc 21, 25-28. 34-36.

Estamos iniciando el tiempo de Adviento. Es un tiempo de esperanza para nosotros, en medio de las angustias y sufrimientos provocados por la pobreza y el ambiente de violencia de nuestro país. Para los miembros de la Iglesia es una oportunidad de dar testimonio de nuestra esperanza en una vida mejor, a pesar de los problemas, crisis, sinsabores, que experimentamos día a día. La Palabra de Dios nos ayuda a fortalecer esta esperanza, que es un don de Dios.

Los creyentes en Jesús no podemos ni debemos quedar derrotados por las situaciones que nos sobrepasan. La pobreza no vence, la violencia no vence, la ambición por destruir la Creación no vence, la injusticia no vence, la problemática familiar no vence. Dios nos hace tomar conciencia de que Él mismo es quien saldrá triunfante, al enviarnos a quien establece la justicia y el derecho sobre la tierra. Jeremías transmite esta esperanza a su pueblo como una promesa.

Dios cumple esa promesa al enviarnos a su Hijo. Jesús es el retoño santo que nace del tronco de David. Jesús, con su servicio, su muerte y resurrección, establece la justicia en la tierra, pues con Él quedan vencidos el pecado y la muerte y, por tanto, todo tipo de injusticia, angustia y sufrimiento. Al pecado lo venció en la cruz; a la muerte, al resucitar; a la injusticia al hacernos iguales con el Misterio Pascual; a la angustia y sufrimiento, con la alegría de su resurrección.

Pero, para alcanzar los frutos de su justicia, Jesús invita a sus discípulos a esperar de manera activa: nos pide poner atención a los signos de los tiempos, levantar la cabeza porque se acerca la hora de la liberación, estar alertas para que las cosas de este mundo no nos ahoguen, velar y orar continuamente para presentarnos seguros cuando llegue por segunda vez. Jesús no nos quiere asustar con los signos que anuncia, solamente nos invita a estar atentos.

San Pablo remarca estas actitudes de espera activa, de esperanza en una vida mejor, de atención a lo que viene, al desearnos que el amor mutuo brote a torrentes desde nuestro interior. El amor mutuo vivido a plenitud entre los miembros de la comunidad, que se manifieste en signos de hermandad, en el perdón, la solidaridad para con los pobres, en la construcción de situaciones de paz. Y el amor expresado hacia quienes no son miembros de nuestra comunidad.

A lo largo de cuatro domingos nos prepararemos para celebrar la primera venida del Hijo de Dios al mundo. Tenemos que vivir nuestra preparación no como la diseña el mercado, sino como la proponen el mismo Jesús y Pablo; por tanto, no con las compras y regalos, sobre todo de lo que está al último grito de la moda, ni con el consumismo que nos tiene atrapados, ni con los adornos exteriores que ya brillan por dondequiera, sino con la conversión y la esperanza.

La conversión de vida es necesaria en este tiempo y siempre, pues como Iglesia nos preparamos para la segunda venida de Jesús, lleno de gloria y majestad, que no sabemos cuándo será. La conversión significa un cambio de vida centrado en todo tipo de vicios, como el alcohol, la droga, el dinero, el consumismo, el sexo, los bienes materiales, andar a la moda o con una bonita figura, para hacer un estilo de vida irreprochable ante Dios y ante los demás.

Preparémonos para recibir a Jesús. Hoy lo haremos en la Comunión sacramental; el 25 de diciembre lo encontraremos recién nacido, recostado en el pesebre y envuelto en pañales; al final de la historia como Hijo del Hombre lleno de poder y majestad. Recibiéndolo hoy sacramentalmente o disponiéndolos a recibirlo en Navidad y al final de los tiempos, nos convierte en signo de esperanza para los demás. Levantemos la cabeza porque se acerca nuestra liberación.

2 de diciembre de 2012

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