Editorial número 108

Estamos en la recta final del camino cuaresmal. Sin duda que las experiencias vividas en las comunidades de nuestra Diócesis, en este tiempo de reflexión y conversión, han abonado los procesos comunitarios de evangelización para vivir la Pascua, no sólo como celebración, sino como expresión del compromiso de responder al llamado de ser una Iglesia misionera al servicio del Reino.

En medio de esperanzas y angustias el mundo sigue rodando. Los trágicos acontecimientos del sismo, el tsunami y emergencia nuclear ocurridos en Japón, por su magnitud y número de víctimas, es una nueva llamada de atención que nos exige revisar nuestra equivocada relación con la naturaleza y nuestro estilo de vida, cuyas consecuencias ponen en evidencia la crisis de un sistema basado en el dinero y en el mercado, no en la dignidad de la persona. La situación que afrontan los países árabes del norte de África y el Oriente Medio es preocupante. Las revueltas encabezadas por movimientos civiles y pluralistas que reclaman no sólo un cambio de gobierno, sino un cambio de sistema que responda a la falta de trabajo, pan y libertad es un asunto complejo que genera inestabilidad, pero también una cierta esperanza.

En este mes, nuestra Diócesis se vistió de fiesta. La ordenación sacerdotal de Gustavo y la ordenación diaconal de José Luis, Edgar, Alfonso y César fue un acontecimiento de gracia y esperanza. La celebración del Día del Seminario y el onomástico de nuestro Pastor don Rafael León han sido motivo para agradecer y valorar sus esfuerzos.

En este contexto y con las tensiones de siempre, ponemos en sus manos nuestra edición 108, fruto del esfuerzo colectivo del equipo de voluntarios de El Puente, que presenta como tema central un reportaje sobre experiencias de re-educación de jóvenes víctimas de las drogas.

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