Homilía para el Domingo de Pascua 2022

“Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó”. Este fue, ha sido y debe seguir siendo el anuncio de los discípulos misioneros.

Convencernos y dar testimonio

Textos: Hch 10, 34. 37-43; 1 Cor 5, 6-8; Jn 20, 1-9; Lc 24, 13-35

La Cuaresma no termina en la Semana Santa, la Semana Santa no se acaba con el Viacrucis, el Viacrucis no concluye con la muerte y sepultura de Jesús. Todo va orientado hacia la Pascua: la Cuaresma es camino de preparación para la celebración de la Pascua de Jesús; la Semana Santa nos lleva al Misterio Pascual, el Viacrucis desemboca en la XV estación: la Resurrección de Jesús. Fue un camino que recorrimos hasta que anoche llegamos a escuchar la gran noticia: “Ha resucitado”. El Crucificado está vivo. Dios lo resucitó.

Este es el testimonio central de la Iglesia. Es el que dio Pedro en casa de Cornelio. Refiriéndose a Jesús dijo, como escuchamos en la primera lectura: “Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó”. Este fue, ha sido y debe seguir siendo el anuncio de los discípulos misioneros: el Crucificado ha resucitado. Es el motivo de la alegría de la Pascua. Para este acontecimiento nos fuimos preparando durante la Cuaresma y la Semana Santa.

Pero, para dar este testimonio, tenemos que estar convencidos. Y esto no es algo fácil. No es fácil convencerse, no es fácil meter en el corazón la Resurrección de Jesús, no es fácil proclamarla, no es fácil sostenerse en su anuncio sobre todo ante las dificultades. Los primeros discípulos, Simón Pedro y Juan, al escuchar la noticia que les dio María Magdalena, fueron al sepulcro a ver si era cierto lo que ella les había dicho. Se encontraron el sepulcro vacío, solamente estaban allí los lienzos y el sudario con que fue envuelto el cuerpo de Jesús. Fue todo lo que vieron. Allí, en ese momento, Juan creyó. No vio, pero creyó. No vio al Resucitado, pero recordó que la Escritura anunciaba su resurrección. No vio con los ojos de la cara, sino con los ojos de la fe; vio con el corazón y creyó. Se convenció. Pedro tuvo que hacer el mismo proceso de fe. La Resurrección no es asunto de los sentidos sino de la fe.

En casa de Cornelio, Pedro ya estaba totalmente convencido y dando testimonio de su amigo, al que había negado cuando lo detuvieron y enjuiciaron. Él daba su testimonio en base a los encuentros que vivieron con Jesús, después de su Resurrección. “Nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos”, lo decía con total convicción. Incluso señaló que el mismo Resucitado los había enviado a predicar y dar testimonio de su Resurrección. Y allí lo estaba haciendo. Esto provocó que toda la familia creyera también en Jesús y todos fueran bautizados. Fue por el testimonio vivo de Pedro.

Todo esto nos falta trabajarlo y cultivarlo en la Diócesis y en nuestra comunidad parroquial. ¿Cómo convencernos de Jesús, de su persona, su estilo de vida, su trabajo por el Reino, su final en la Cruz? ¿Cómo meter en nuestro corazón que el Crucificado es el Resucitado? ¿Cómo dar testimonio de Jesús con nuestra vida personal y comunitaria, de modo que niños, niñas, adolescentes y jóvenes se convenzan de Él? ¿Cómo provocar que las demás personas en el barrio se interesen por Jesús, lo busquen y se encuentren con Él? Estos son desafíos para nosotros. Este Año Jubilar de preparación para celebrar los 50 años de nuestra Diócesis está orientado a fortalecer las motivaciones para la misión. Hay que seguirlo aprovechando y fortaleciendo durante este tiempo de Pascua que vamos iniciando.

17 de abril de 2022

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.