Homilía para el 3er domingo ordinario 2022

Los textos bíblicos de hoy, Domingo de la Palabra de Dios, nos ayudan a profundizar en la importancia y centralidad de esta Palabra en nuestra vida de discípulos y discípulas de Jesús.

Escuchar la Palabra con atención

Textos: Neh 8, 2-4. 5-6. 8-10; 1 Cor 12, 12-30; Lc 1, 1-4; 4, 14-21

Además de que nos disponen a recibir a Jesús en la Comunión sacramental, los textos bíblicos de hoy, Domingo de la Palabra de Dios, nos ayudan a profundizar en la importancia y centralidad de esta Palabra en nuestra vida de discípulos y discípulas de Jesús.

Cuando dirigimos nuestra palabra a alguien, esperamos que nos ponga atención y no que “nos dé el avión”. Quien habla tiene derecho a ser escuchado; si otra persona nos habla, tenemos la obligación de escucharla. Eso mismo espera Dios de su pueblo, a quien le habla con palabras de vida eterna, como estuvimos respondiendo con el Salmo.

El pueblo de Israel estuvo atento a la lectura del libro de la ley cuando se la leyó Esdras y lo hizo durante toda la mañana y hasta el mediodía. Estuvo atento, a pesar de que fueron varias horas. De quienes oían a Jesús en la sinagoga de Nazaret, dice san Lucas que sus ojos estaban fijos en Él, lo que quiere decir que le estaban poniendo atención. Es la actitud que debemos tener siempre hacia la Palabra de Dios, cuando es proclamada en la familia, en las asambleas de la comunidad, o cuando es leída en silencio de manera personal. La escucha supone orientar toda la persona –ojos, oídos, corazón– hacia quien habla; en este caso es Dios mismo el que nos dirige su Palabra; es Jesús, su enviado, quien nos habla.

La palabra de Dios es luz para alumbrar el camino, como dice el salmista. Es luz para la vida personal, familiar y comunitaria. De ahí que debemos escucharla siempre con atención, para descubrir qué nos pide realizar en cada momento de nuestra vida. Es precisamente lo que Jesús estaba haciendo en su vida. Ante las tentaciones que le puso el Diablo, Jesús le contestó que solamente a Dios había que escuchar. Esto lo hacía fortalecido por el Espíritu Santo que descendió sobre Él, lo ungió y lo envió cuando fue bautizado por Juan. Este mismo Espíritu lo llevó al desierto y lo estaba conduciendo en el anuncio del Reino.

Lo que sus paisanos estaban escuchando con los ojos fijos en Jesús, era el anuncio de la misión que pensaba realizar, misión para lo que el Padre lo había enviado. Escogió el texto de Isaías con el que reconoció que fue ungido para llevar la Buena Nueva a los pobres, anunciar la liberación a los cautivos, anunciar la curación a los ciegos, liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Es decir, escuchó la Palabra de Dios escrita en el libro de Isaías y la hizo suya, al decir que ese mismo día se cumplía lo que decía ese pasaje.

Esa misión de Jesús, que tiene como destinatarios a los pobres, sufrientes y pecadores, es la misión que recibimos en el Bautismo. También fuimos ungidos por el Espíritu Santo y enviados a llevar la Buena Nueva a los pobres; esto sucedió en el momento de la unción con el Santo Crisma. Para realizar esa misión es necesario escuchar continuamente y con atención la Palabra de Dios, que es la luz para nuestro camino de misioneros. Por eso, cuando leamos personalmente la Palabra de Dios o cuando alguien la proclame en la familia o en la comunidad, hay que hacerlo con atención, con los ojos y el corazón puestos en ella.

Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión y a seguir, como Él, escuchando con dedicación y atención la Palabra de Dios, para caminar con claridad en nuestra vida.

23 de enero de 2022

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