Homilía para el 33er domingo ordinario 2021

Hoy, que es la V Jornada Mundial de los Pobres, la Palabra de Dios, además de disponernos para recibir a Jesús en la Comunión, nos ilumina en relación al proyecto salvador de Dios.

Agentes de esperanza para los atribulados

Textos: Dn 12, 1-3; Hb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32

 

Hoy, que es la V Jornada Mundial de los Pobres, la Palabra de Dios, además de disponernos para recibir a Jesús en la Comunión, nos ilumina en relación al proyecto salvador de Dios. Él quiere reunir a toda la humanidad en un solo pueblo por medio de su Hijo Jesús y quiere integrarlo desde los pobres, dispersos por todos los rincones de la tierra.

Los textos de hoy devuelven la esperanza a quienes confían en el Señor y se mantienen fieles a Él a pesar de las situaciones de angustia y tribulación que les toca experimentar. Esto es propio de los pobres y ahí debemos estar nosotros, personal y comunitariamente.

Sabemos de familias que viven angustiadas por varias situaciones: porque no tienen para el pan del día, porque no completan lo de la renta, porque se les acabó el trabajo, por la desaparición de alguno de sus miembros, porque alguien está en la droga y no puede salirse, por alguna enfermedad. Es algo parecido a lo que Jesús dijo de los astros: a esas familias se les apaga la fuerza, como al sol la luz; al igual que la luna, no brillan porque no encuentran el camino de salida; se les caen sus proyectos y esperanzas, como caen las estrellas. Ante estas situaciones viene la Palabra del Señor que ofrece su salvación y hacerlos resplandecer como estrellas para siempre. Ante la angustia Dios promete una nueva vida.

La promesa la cumple Jesús, quien resplandece como la Luz. Él viene con poder y majestad sobre las nubes para reunir a sus elegidos desde los cuatro rumbos de la tierra y desde todos los rincones. Esta es la esperanza para los pobres. Ellos están dispersos por todos lados, en las periferias del mundo, descartados por la sociedad construida sobre los proyectos del mercado, pisoteados por los ricos; sin embargo, no dejan de confiar en Dios. Jesús viene a congregarlos desde esas situaciones para conformar el santo pueblo de Dios.

Nosotros como Iglesia tenemos esta responsabilidad hoy. Y tenemos la oportunidad para vivirla con los procesos sinodales, tanto en nuestro camino diocesano hacia el 5º Plan de Pastoral, como en el Encuentro Eclesial de México, la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe y el camino hacia el Sínodo 2023. Ahí se nos pide hacer lo mismo que Jesús: buscar a los pobres en todos los rincones, en las periferias, en las orillas de los caminos de la sociedad, congregarlos, ponerlos en nuestro corazón y en el centro de la vida de las comunidades, confiar en ellos, darles la voz, escucharlos, descubrir en sus reflexiones y aportes la voz del Espíritu de Dios. Ellos nos tienen que marcar el estilo de Iglesia y el rumbo a seguir en la realización de la misión. Es un desafío que tenemos que afrontar para ser una Iglesia de los pobres y para los pobres, una Iglesia de la escucha atenta para el discernimiento, una Iglesia portadora de esperanza, una Iglesia nueva.

Pidamos al Señor que seamos capaces de descubrir los signos del tiempo presente —a propósito del ejemplo que puso Jesús de la higuera— para abrirnos a su Palabra que no pasa; que trabajemos desde los barrios de nuestra comunidad parroquial en la realización de su proyecto salvador, que tiene como centro a los pobres. Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión para convertirnos en agentes de esperanza para los atribulados.

14 de noviembre de 2021

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