Homilía para el 14º domingo ordinario 2022

El trabajo por el Reino sigue, porque esta es la misión permanente de la Iglesia. No nos debemos contentar con que ya celebramos las Bodas de Oro.

El trabajo por el Reino es urgente

Textos: Is 66, 10-14; Gál 6, 14-18; Lc 10, 1-12. 17-20

La celebración de los 50 años de la Diócesis nos ha reanimado para continuar en la misión. “La vida sigue pa’ delante”, como se dice. El trabajo por el Reino sigue, porque esta es la misión permanente de la Iglesia. No nos debemos contentar con que ya celebramos las Bodas de Oro. Las palabras de Jesús que escuchamos en el evangelio nos recuerdan que fuimos enviados a la misión al servicio del Reino y que es urgente cumplir esta misión.

Además de haber enviado a los Doce a la misión, Jesús envió a otros 72 a anunciar el Reino de Dios. Fueron enviados como trabajadores. Eso somos todos los bautizados: trabajadores del Reino, obreros del Reino. No somos nosotros, nadie –ni presbíteros, ni obispos, ni agentes de pastoral laicos–, dueños de la misión; el Dueño es Dios. Jesús mismo realizó su misión como enviado, como obrero, como trabajador al servicio del Reino de Dios. Igualmente, nosotros debemos tener conciencia clara de que somos trabajadores del Reino y de que a esto debemos dedicar nuestra vida. Pero también Jesús nos pide que oremos a Dios para que, además de nosotros, envíe más trabajadores a su cosecha. Entonces van juntos ir a la misión y orar para que no falten trabajadores. En nuestra comunidad parroquial hacen falta muchos agentes de pastoral que animen la vida del Reino de Dios.

La ida a la misión es urgente. Es de ya. Jesús les dijo a los 72 que se pusieran en camino y que no se detuvieran hasta llegar a donde iban. Urge que la noticia de la cercanía del Reino llegue a todos los rincones de la tierra, a todos los rincones y periferias de nuestra parroquia. Es nuestra responsabilidad asegurar que se cumpla hoy el mandato de Jesús. ¿Qué estamos haciendo –vamos a hacer– para que el anuncio del Reino de Dios sea una realidad?

Y luego, para la misión no hay que llevar nada más que la experiencia de seguimiento a Jesús y la pasión por el Reino de Dios. Hay que ir totalmente desprendidos y libres del dinero y los bienes materiales, de lo que ofrece seguridades; es fundamental la confianza en la Providencia del Señor. No faltará que comer ni que beber. La misión no está en la dinámica del mercado, del comprar, consumir, desechar, sino en la dinámica de la confianza.

Hay que llevar y transmitir la paz, la cercanía y el consuelo en la enfermedad y el sufrimiento, las semillas del bien y la hermandad. Es la paz, la vida, las caricias, el consuelo, anunciados por Dios a través de Isaías. Es hacer llegar lo mismo que Jesús iba realizando día a día con su misión. Él trajo la paz, el consuelo, la vida nueva de Dios para los sufrientes, los desechados, los pecadores. Si nos fijamos bien, aquí en nuestra comunidad parroquial estamos muy lejos de vivir nuestra condición de discípulos misioneros al servicio del Reino.

Reanimados por la celebración de las Bodas de Oro de nuestra Diócesis y por las palabras de Jesús en el evangelio de hoy, pidamos al Señor que no falten trabajadores para la causa del Reino. Que haya más agentes de pastoral laicos en nuestra parroquia para todos los campos y espacios de la vida comunitaria; y, sobre todo, que nosotros aquí reunidos para la Eucaristía dominical, nos decidamos a colaborar activamente en esta tarea como obreros del Reino. Urge anunciar y hacer presente el Reino, urge que salgamos a la misión.

3 de julio de 2022

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