Guía para la celebración dominical en familia (7 de noviembre de 2021)

Les compartimos una guía para la celebración dominical de la Palabra en familia, para el día de mañana.

Compartir desde nuestra pobreza

Celebración dominical de la Palabra en familia – 32º Domingo ordinario – 7 de noviembre de 2021

Parroquia de Santo Niño Milagroso, en Huescalapa, Jal.


  • Tener un altar con la Biblia abierta en Mc 12, 38-44, el cirio encendido y flores. Una imagen de Jesús viendo la ofrenda de la viuda en el templo. Un billete con el letrero; “Ellos dan de lo que les sobra”; una moneda con los letreros: “Esa viuda pobre ha dado más que todos”, “Ella dio todo lo que tenía para su sustento”.

 

INICIO

CANTO:  Pequeñas aclaraciones (Se puede encontrar y descargar en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=EYFIXAKXIJk).

PAPÁ:     Estamos reunidos en nuestra casa, unidos a la Iglesia que hoy domingo celebra la Resurrección de Jesús, el Hijo de Dios. Hoy en el evangelio nos encontraremos con Jesús que reprueba la ofrenda de los ricos y valora la ofrenda de una viuda pobre. Participemos con gusto en esta celebración.

MAMÁ:    Iniciamos En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¿Qué vemos en el altar? ¿En qué nos hace pensar? ¿Sabemos compartir con los demás de lo que tenemos? ¿O damos de lo que no ocupamos? ¿Lo damos con gusto o con pesar y renegando?

Para disponernos a escuchar el evangelio, vamos a pedir perdón a Dios. Después de cada oración, respondemos: Perdón, Señor, perdón.

PAPÁ:     Perdón, Señor, porque nuestra sociedad está diseñada para la ganancia, la acumulación, el consumismo y cada día produce más pobres.

MAMÁ:    Perdón, Señor, por los abusos de los poderosos en contra de los pobres, los frágiles, los descartados.

HIJOS/AS:    Perdón, Señor, porque nos cuesta trabajo compartir desde nuestra pobreza con otros pobres.

TODOS/AS: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

 

PALABRA DE DIOS

PAPÁ:     Jesús presenta dos modelos en contraste de personas: por un lado, los maestros de la Ley y, por otro, una viuda. Nos disponemos para escuchar el evangelio diciendo tres veces: Dichosos los que tienen espíritu de pobre, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos.

  • Uno de los hijos toma la Biblia del altar y lee Mc 12, 38-44 (Nota: si es necesario se lee otra vez).

Volvamos al texto del evangelio: ¿De quién debía cuidarse la gente? ¿Qué les gustaba a los maestros de la Ley o escribas (cuatro cosas)? ¿Y qué realizaban con las viudas? ¿Qué fingían? ¿Qué observó Jesús de los ricos en el templo? ¿Qué observó de la viuda? ¿Quién había dado más? ¿Por qué ella había dado más que todos?

PAPÁ:     Jesús no criticó a los maestros de la Ley por sus distintivos especiales, buscar puestos de honor o ser tratados como maestros. En aquel tiempo, esto les correspondía. Los criticó por su hipocresía.

MAMÁ:    Los maestros de la Ley se presentaban como maestros en Israel y exigían ser tratados como tales, pero —y aquí se basa la crítica de Jesús— se dedicaban a robar a las viudas y fingían largas oraciones, negando a Dios, que es Padre de los huérfanos y defensor de las viudas.

HIJA:       Jesús alabó a la viuda porque, en un signo de su confianza total en Dios, a pesar de ser explotada y marginada, ofreció todo lo que tenía para vivir.

HIJO:       Siguiendo a Jesús, los bautizados encuentran más alegría en dar que en recibir, ya que la pobreza de corazón los abre a las riquezas del Reino.

TODOS/AS: Este es el culto verdadero al que Jesús invita a sus discípulos.

 

ORACIÓN Y BENDICIÓN

PAPÁ:     Respondiendo a la enseñanza de Jesús, que nos invita a compartir desde nuestra pobreza, elevemos a Dios nuestra oración de alabanza.

TODOS/AS: Creemos en Ti, Padre, y te alabamos, porque nos creaste a tu imagen y semejanza, iguales unos a otros, hermanos y hermanas, y porque nos regalaste a tu Hijo, que se empobreció para enriquecernos con su pobreza.

Creemos en Ti, Jesús, y te alabamos Hijo de Dios, porque asumiste nuestra pobreza, viviste pobre, nos enseñaste que debemos tener espíritu de pobre para compartir lo que tenemos y entregaste tu vida por la salvación de todos. Con tu Resurrección nos muestras que vale la pena vivir como Tú.

Creemos en Ti, Espíritu Santo, porque impulsas a los bautizados y mueves a la humanidad a luchar por vivir la igualdad, la solidaridad y la hermandad, de tal manera que nadie abuse de nadie y nadie pase necesidad.

Padre nuestro

MAMÁ:    Para terminar nuestra celebración dominical y disponernos a prolongarla en la comunidad, pidamos a Dios que nos bendiga. Decimos: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

  • Canto final: Pequeñas aclaraciones.

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