Homilía para la Vigilia Pascual 2020

El Crucificado ha resucitado
“En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: (Jesús) ha resucitado y vive a nuestro lado”, dijo el Papa Francisco en su homilía del 27 de marzo, antes de la oración y la bendición con el Santísimo a la ciudad de Roma y al mundo por la pandemia del Covid-19. Es exactamente la noticia que el ángel dio a María Magdalena y la otra María, cuando llegaron al sepulcro: “Jesús, el crucificado […] ha resucitado”. Este es el acontecimiento que celebramos solemnemente como Iglesia esta noche de Vigilia; nosotros aquí como comunidad parroquial, unida a través de Facebook.

El Crucificado ha resucitado

Textos: Gn 1, 1-2, 2; Gn 22, 1-18; Ex 14, 15-15, 1; Is 54, 5-14; Is 55, 1-11; Bar 3, 9-15. 32-4, 4; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Mt 28, 1-10

“En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: (Jesús) ha resucitado y vive a nuestro lado”, dijo el Papa Francisco en su homilía del 27 de marzo, antes de la oración y la bendición con el Santísimo a la ciudad de Roma y al mundo por la pandemia del Covid-19. Es exactamente la noticia que el ángel dio a María Magdalena y la otra María, cuando llegaron al sepulcro: “Jesús, el crucificado […] ha resucitado”. Este es el acontecimiento que celebramos solemnemente como Iglesia esta noche de Vigilia; nosotros aquí como comunidad parroquial, unida a través de Facebook.

El crucificado ha resucitado. La Resurrección es el acontecimiento que Dios fue preparando a lo largo de la historia de la salvación, como escuchamos en los textos bíblicos proclamados; es el acontecimiento del cual participamos por el Bautismo, como nos dice san Pablo, para que llevemos una vida nueva; es el acontecimiento que da sentido y esperanza al mundo, asolado hoy por la epidemia del Coronavirus, y a nuestra Casa común tan maltratada por los intereses del mercado y la ganancia, porque nos dice que la destrucción y la muerte no triunfan; es el acontecimiento que nos impulsa a la misión, como a las mujeres, enviadas primero por el ángel y luego por Jesús a convocar a la comunidad para que se encontraran con el Resucitado y fueran luego enviados a la misión.

Las mujeres son generalmente las más sensibles a las situaciones de necesidad, las más abiertas a la vida y los mensajes de Dios, las primeras en ver qué hacer ante el sufrimiento de los demás, las más responsables en la transmisión del Evangelio a su familia, las primeras en moverse para buscar una vida nueva, tanto para su familia como para la comunidad y la sociedad. Tenemos el ejemplo claro en las dos Marías del evangelio: fueron a ver el sepulcro, escucharon la noticia de la Resurrección, se encontraron con Jesús, lo escucharon, fueron a llevar la noticia de que Jesús había resucitado y de que se fueran para Galilea para encontrarse también con Jesús.

Con esta Eucaristía agradecemos a Dios el regalo de la vida nueva: la vida nueva que le dio a Jesús, su Hijo, al pasar por el sepulcro y resucitarlo; vida nueva para nosotros, al pasar por el agua bautismal y darnos una vida nueva, identificándonos con Jesús. Enseguida renovaremos las promesas bautismales, con lo que renovamos también nuestro compromiso de ser misioneros en la comunidad, como María Magdalena y la otra María. La misión es tarea de todos los bautizados, no sólo de quienes llamamos agentes de pastoral o servidores de la comunidad. Todos y todas debemos anunciar, con nuestras palabras y nuestros hechos, que el crucificado ha resucitado.

11 de abril de 2020

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