Homilía para el Jueves Santo 2020

Entrega, servicio, cena, memorial
Los textos de hoy nos hablan de entrega, servicio, cena, memorial. Cuatro palabras que sintetizan lo que celebramos esta tarde de Jueves Santo: la institución de la Eucaristía. Jesús estaba con sus amigos compartiendo la cena de la Pascua, descrita en el texto del Éxodo, La cena anual con la que los judíos recordaban y celebraban la liberación de la esclavitud en Egipto. En esa ocasión, Jesús instituyó la Eucaristía que nosotros celebramos día a día y de manera especial los domingos. Hoy, por la contingencia ante la pandemia del Covid-19, nos toca vivirla separados físicamente, unos poquitos en el templo y la mayoría en sus casas, pero unidos como comunidad parroquial.

Entrega, servicio, cena, memorial

Textos: Éx 12, 1-8. 11-14; 1 Cor 11, 23-26; Jn 13, 1-5

Los textos de hoy nos hablan de entrega, servicio, cena, memorial. Cuatro palabras que sintetizan lo que celebramos esta tarde de Jueves Santo: la institución de la Eucaristía. Jesús estaba con sus amigos compartiendo la cena de la Pascua, descrita en el texto del Éxodo, La cena anual con la que los judíos recordaban y celebraban la liberación de la esclavitud en Egipto. En esa ocasión, Jesús instituyó la Eucaristía que nosotros celebramos día a día y de manera especial los domingos. Hoy, por la contingencia ante la pandemia del Covid-19, nos toca vivirla separados físicamente, unos poquitos en el templo y la mayoría en sus casas, pero unidos como comunidad parroquial.

En esa cena de Pascua, Jesús se entregó. Durante los tres años que llevaba de ministerio, se iba entregando día a día en el servicio, la curación, la escucha, el perdón, la predicación del Reino. Su vida la daba con cada persona enferma, atormentada por el demonio, excluida por la sociedad, condenada por las autoridades religiosas, señalada como pecadora. A cada quien se iba entregando y le iba manifestando la vida de Dios en abundancia, de acuerdo a lo que necesitaba. Así tiene que ser nuestra vida todos los días, no sólo con los propios familiares –aunque hay a quienes esto se les hace una carga–, sino con los enfermos, migrantes, indígenas, drogadictos, ancianos…

La novedad de Jesús en la Última Cena fue que se dio en el pan y en el vino, al decir que eran su cuerpo que se entregaba por todos y su sangre que sellaba la nueva alianza. Él se quiso quedar en el pan y en el vino, y de esta manera nosotros lo podemos recibir como alimento cada vez que nos reunimos a la celebración Eucarística. Hoy es el aniversario de esta entrega que se prolonga todos los días. Esta entrega la tenemos que hacer también nosotros, como discípulos suyos.

Si nos comemos su Cuerpo y nos bebemos su Sangre, nos comprometemos a darnos totalmente por los demás, principalmente por los sufrientes de la comunidad y los descartados por la sociedad. De otro modo, la Comunión queda como un rito que realizamos, pero que no nos lleva a vivir lo que significa, que es vivir en comunión con Jesús y con los que sufren. Esto implica entregar la vida.

La memoria de Jesús se hace realidad cuando se vive lo mismo que Él vivió. Si su vida fue una permanente entrega a los demás, entonces hacer el memorial de esa entrega es ponernos a servir a los demás. Cuando se da la persona por el bien de los demás, cuando derrama su vida, sus fuerzas, sus capacidades para el bien de todos y especialmente de los pobres, y, además, lo hace por su unión sacramental con Jesús, entonces realiza el memorial del Señor. Esa es nuestra responsabilidad.

Un signo claro de esta entrega por los demás, que Jesús nos pide vivir como memorial suyo, fue el servicio de lavarles los pies a sus discípulos. Lo hizo antes de compartir la cena de la Pascua, y como preparación para participar en ella. Algo extraño e impensable para ellos, como lo manifestó Pedro al resistirse a que el Señor le lavara los pies, por tratarse de un trabajo de los esclavos o las mujeres, quienes no contaban en la vida de la sociedad. Lo que Jesús pidió al final de aquel gesto, fue que sus discípulos nos lavemos los pies unos a otros. Con otras palabras, Él estaba diciendo que era un modo de hacer memorial de Él y de aquella cena de Pascua.

Si Jesús se preparó para comer el cordero pascual junto con sus amigos, lavándoles los pies, así nos tenemos que preparar para la Eucaristía viviendo el servicio a los pobres, a ejemplo suyo. Si Jesús se dio en el pan y en el vino, nosotros, alimentados con su Cuerpo y su Sangre, tenemos que hacer memorial de Jesús dándonos día a día por el bien de los demás, sobre todo de quienes sufren.

9 de abril de 2020

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