Homilía para el 6º domingo de Pascua 2021

Jesús decidió llamar amigos a sus discípulos y ahí vamos nosotros como bautizados. Con la Eucaristía de hoy domingo, le agradecemos a Dios el don de su Hijo que, como expresión máxima de su amor por nosotros, dio su vida en la cruz y al tercer día resucitó.

Hacernos amigos de Jesús

Textos: Hch 10,25-26.34-35.44-48; 1Jn 4,7-10; Jn 15,9-17

Jesús decidió llamar amigos a sus discípulos y ahí vamos nosotros como bautizados. Con la Eucaristía de hoy domingo, le agradecemos a Dios el don de su Hijo que, como expresión máxima de su amor por nosotros, dio su vida en la cruz y al tercer día resucitó.

Una de las dimensiones que más resaltan los jóvenes cuando se les pregunta quién es Jesús para ti, es la de la amistad: “Jesús es un amigo”, dicen; o, “Jesús es mi amigo”. A un amigo o amiga se le confían secretos y los guarda; quien es amigo o amiga, está en las buenas y en las malas con su amigo o amiga; no traiciona, no habla mal, no hace daño. Esto quiso ser Jesús para sus discípulos. Nos dio a conocer el proyecto salvador de su Padre.

La amistad es recíproca. Por eso Jesús pide a sus discípulos, como signo de que han aceptado su amistad y la viven, que hagan lo que Él les manda. De ahí que si nos consideramos amigos de Jesús tenemos que estar cumpliendo sus mandamientos, que están centrados en la vivencia del amor. Por eso insiste en que permanezcamos en su amor, en que nos amemos los unos a los otros, en que demos fruto. Lo hemos escuchado en el evangelio.

A san Juan, uno de los doce apóstoles de Jesús, se le quedó bien grabado esto y nos lo recuerda en su primera carta. Nueve veces utiliza la palabra amar o amor para reconocer que el amor viene de Dios y para renovar nuestro compromiso de vivirlo. El signo más claro del amor de Dios por la humanidad ha sido el regalo de su Hijo, a quien envió al mundo para que vivamos por Él. Esto lo costó entregar su vida hasta la cruz. El mismo Jesús dijo que quien ama a sus amigos da la vida por ellos. Y fue lo que hizo por nosotros: día a día fue entregando su vida en el servicio a los demás, especialmente a los enfermos, los descartados, los hambrientos, los pecadores, los rechazados por las autoridades religiosas judías; en la cruz entregó totalmente su vida hasta derramar sus últimas gotas de sangre y agua.

A nosotros nos toca hacer lo mismo por Él, pues reconoce como amigos suyos a quienes hacen lo que Él manda. La amistad no nace, sino que se construye. Por eso dijo que somos sus amigos si hacemos lo que nos manda; lo que quiere decir que, si no vivimos amando, si no nos amamos unos con otros, si no entregamos nuestra vida por los demás y por Él, aunque estemos bautizados y asistamos a Misa los domingos, no somos amigos de Jesús.

Para vivir en el amor, Jesús y su Padre nos han dado su Espíritu. Él es quien nos impulsa a amar y nos sostiene en la experiencia de amar, sobre todo cuando se vienen las dificultades por darnos a los demás. Es el Espíritu que descendió sobre los que estaban en casa de Cornelio, cuando Pedro reconoció que Dios acepta a quienes le temen y viven en la justicia.

Hoy domingo, víspera de la celebración del Día de la Madre, junto con el don de su Hijo, le agradecemos a Dios el don de nuestras mamás. Ellas aman, son amigas, dan su vida por sus hijos, por lo que son presencia sacramental del Padre y de Jesús. Ofrezcamos nuestra Eucaristía por ellas para que, asistidas por el Espíritu del Señor, continúen prolongando el amor del Señor en su familia y en su comunidad. Dispongámonos a recibir sacramentalmente a Jesús, el amigo que se nos da como alimento y se deja comer en el pan y el vino.

9 de mayo de 2021

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