Homilía para el 33er domingo ordinario 2016

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Dar testimonio con la misericordia

ord33-c-16

Estamos viviendo este domingo el cierre de la Puerta Santa de la misericordia en nuestra Diócesis. El próximo domingo será la clausura del Año Jubilar. Han sido doce meses de estar reflexionando sobre la misericordia, de estar repensando esta dimensión de nuestra vida cristiana, de aclarar cómo debemos vivir, personal y comunitariamente, para ser misericordiosos como Jesús y su Padre. Con la Eucaristía de hoy, renovamos nuestro compromiso de ser misericordiosos.

Dar testimonio con la misericordia

Textos: Ml 3, 19-20; 2 Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19.

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Estamos viviendo este domingo el cierre de la Puerta Santa de la misericordia en nuestra Diócesis. El próximo domingo será la clausura del Año Jubilar. Han sido doce meses de estar reflexionando sobre la misericordia, de estar repensando esta dimensión de nuestra vida cristiana, de aclarar cómo debemos vivir, personal y comunitariamente, para ser misericordiosos como Jesús y su Padre. Con la Eucaristía de hoy, renovamos nuestro compromiso de ser misericordiosos.

Los textos que escuchamos están en el contexto del final del año litúrgico y nos ayudan a revisar qué testimonio estamos dando de Jesús, sobre todo con la vivencia de la misericordia. Hacia allá orientó Él los comentarios de la gente sobre la grandiosidad del templo de Jerusalén. Esto hay que tenerlo en cuenta nosotros porque en nuestra vida de discípulos lo más importante no son los templos materiales, sino nuestro modo de vivir, que tiene que ser testimonial.

Lo primero que hizo Jesús fue anunciar la destrucción total de aquel templo, al grado de que no quedaría piedra sobre piedra. Como era lógico, le preguntaron sobre el tiempo en que esto sucedería y las señales de que sucedería ya. Los alertó sobre lo que tendrían que hacer: no dejarse engañar por falsos mesías y falsos profetas que hablarían de guerras y revoluciones. Esto supone una actitud de discernimiento para descubrir el mensaje y la vida de esas personas.

También anunció terremotos, epidemias, hambre y señales prodigiosas y terribles en el cielo. Tampoco esto los debería preocupar. De lo que sí tenían que preocuparse, y en eso orientar toda su vida, era de dar testimonio de Él. Se trataba de un testimonio probado; o sea, de mantenerse como discípulos suyos a pesar de las persecuciones, cárceles, juicios, acusaciones ante reyes y gobernantes, condena a muerte. Pero que esto fuera precisamente por su causa.

Pero ese es el testimonio supremo y es consecuencia del que se vive todos los días. El discípulo debe ser testigo de Jesús día a día con su vida: el servicio a todos, la amistad con los demás, la solidaridad con los caídos en el camino, la tolerancia para con todos, el perdón a los que ofenden, la misericordia con los desechados de la sociedad, la justicia en la sociedad. Este es el modo de vivir propio de los discípulos de Jesús, porque así vivió Él hasta morir en la cruz.

También dijo que en caso de ser probados con la persecución, la cárcel, el juicio o la condena a muerte, no había que preocuparse por lo que hubiera que decir o hacer para defenderse. Prometió enviar al Espíritu Santo, que daría la sabiduría para resistir, soportar, anunciarlo a Él y mantenerse con firmeza dando testimonio. Así pasó con los primeros cristianos y así ha sucedido con muchos bautizados a lo largo de los siglos. Todo esto es más importante que los templos.

Hoy que estamos a una semana de la clausura del Año de la Misericordia, podemos preguntarnos sobre el testimonio que estamos dando de Jesús, animados por la vivencia del Año Jubilar. ¿Hemos crecido en la misericordia? ¿Nos hemos hecho sensibles al sufrimiento de los pobres, enfermos, excluidos y desechados de la sociedad? ¿Hemos perdonado las ofensas? ¿Nos hemos reconciliado con quienes estábamos distanciados? ¿Somos comunidad misericordiosa?

Pidamos al Señor que, aunque se cierre la Puerta Santa, nosotros quedemos abiertos al sufrimiento y necesidades de los demás. Que nuestra preocupación central en las parroquias no sean los templos o construcciones materiales sino dar testimonio de Jesús, personalmente y como comunidad. Que sigamos creciendo en la vivencia de la misericordia. Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión para que, con su fuerza, sigamos dando testimonio de Él.

13 de noviembre de 2016

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