Homilía para el 28° domingo ordinario 2021

Lo que dice hoy la Carta a los Hebreos se ve bien claro en la reacción del hombre que se le acercó a Jesús por el camino.

La Palabra de Dios nos desnuda

Textos: Sb 7, 7-11; Hb 4, 12-13; Mc 10, 17-30

Lo que dice hoy la Carta a los Hebreos se ve bien claro en la reacción del hombre que se le acercó a Jesús por el camino. Dice el texto que la palabra de Dios es viva, más penetrante que una espada de dos filos, llega hasta lo más íntimo del alma, descubre los pensamientos e intenciones del corazón, deja todo al desnudo. Esto mismo puede sucedernos hoy, que nos reunimos para la celebración dominical de la Eucaristía.

Aquel hombre, que otros evangelistas describen como un joven, era bueno seguramente. Él buscaba aclarar el camino para llegar a Dios y alcanzar la vida eterna. Cuando Jesús le recordó los mandamientos orientados a garantizar la vida de hermanos en la comunidad el hombre dijo que los cumplía desde muy joven. Pero, con lo que le respondió Jesús enseguida, mirándolo con amor, hizo que quedara manifiesto dónde tenía su corazón. La palabra de Jesús, le descubrió sus pensamientos e intenciones y lo dejó al desnudo. Él tenía su corazón apegado a los bienes materiales, era esclavo de ellos; en cambio, a los pobres los tenía fuera de su corazón. Por eso se puso triste, se dio media vuelta y se fue. Se le terminó el interés por ganarse la vida eterna. No coincidió con la propuesta de Jesús.

Esto nos ayuda a preguntarnos dónde tenemos puesto nuestro corazón, en qué se fundan nuestros proyectos de vida, cuáles son nuestros intereses. Puede ser que sea en el dinero y los bienes materiales, y no en Jesús y su proyecto de salvación, que tiene como punto de referencia a los pobres y la vivencia de la solidaridad para con ellos. Preguntémonos…

La reacción del joven provocó que Jesús comentara sobre la dificultad que los ricos tienen para entrar en el Reino de Dios. Están apegados a las riquezas materiales, a ellas está orientado su corazón, en ellas tienen cimentado su proyecto de vida, porque han hecho opción por ellas. Cuando esto sucede, inmediatamente se rompen las relaciones de hermandad, porque lo que les interesa son los bienes y, con tal de tenerlos o acrecentarlos, hacen todo lo que les sea posible: transar, robar, destruir la naturaleza y maltratar la armonía ecológica, empobrecer a otros, incluso pelearse con los hermanos de sangre, etc.

Pero tampoco basta con dejar todo, como hicieron los apóstoles que, para seguir a Jesús, dejaron casa, familia, trabajo, tierra. Esto se lo aclaró Jesús al decirles que, además de recibir el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, papás, hijos, tierras, por Él y por el Evangelio, es necesario experimentar, como le sucedió a Él, la persecución y la cruz. Esto es lo que identifica totalmente al discípulo con el Maestro: la experiencia de la pasión.

¿Por dónde andan nuestros intereses? ¿Qué buscamos en la vida? ¿En dónde tenemos puesto nuestro corazón? ¿En el dinero y los bienes materiales, o en los pobres y la vivencia de la solidaridad? Creo que la Palabra de Dios, que descubre los pensamientos e intenciones del corazón, nos deja desnudos. Junto con el autor del libro de la Sabiduría, pidamos al Señor que nos dé el espíritu de sabiduría, para descubrir qué es lo que realmente vale en la vida y asegura la verdadera relación con Dios. Ojalá que no salgamos tristes de esta Eucaristía dominical, porque Jesús nos pide deshacernos de todo y compartirlo con los pobres.

10 de octubre de 2021

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