Solidaridad y congruencia en tiempos de la COVID 19

El uso de cubrebocas será una actividad esencial aún después de que se levante la cuarentena

Por: Rosa Eugenia García Gómez

Este país grande en muchos sentidos, ha sido reconocido por la empatía de su gente, particularmente en los casos de desastres que nos ha tocado enfrentar. Las fotografías y videos de personas removiendo escombros luego de los sismos de 1985 y de puños levantados para hacer silencio en las labores de rescate de los temblores de septiembre de 2017 dieron la vuelta a todo el mundo y quienes las veíamos lo que evocábamos era el gran sentimiento de solidaridad que se respiraba en el lugar.

En México la experiencia de estas tragedias ha llevado a grandes movilizaciones de acciones fraternas de la sociedad civil siempre dispuestas ante sucesos de este tipo.

Hoy este país, y este mundo viven una tragedia también y si bien su origen no es un sismo, si lo es un fenómeno natural, el de un virus, un organismo vivo que no podemos ver pero que es tan letal como cualquier movimiento telúrico que arranca vidas.

Existe un cierto sinsentido en las reacciones de las personas ante ambas tragedias, si bien en las de temblores e inundaciones nos volcamos al rescate y la donación de víveres o materiales sanitarios y para la atención de damnificados, hoy ante la posibilidad de contagiar y contraer la enfermedad de COVID-19, las acciones de la sociedad civil no corresponden a las esperadas ante una pandemia mundial.

Los escudos para proteger y protegernos están en el aislamiento voluntario siempre que podamos, y en el uso de cubrebocas y caretas cuando debamos de salir por un asunto de necesidad que no podemos evadir, así como la observación de la sana distancia.

El origen de este mal que enfrentamos es invisible. Podemos portarlo y estar ignorantes de ello y al salir a la calle sin cubrebocas exponemos a todas las personas cercanas a nosotros a contraerlo. La emisión de las partículas de saliva al hablar pone en riesgo al otro y todo por no usar cubrebocas, o bien por no portarlo correctamente sobre nariz y boca.

La contabilidad de muertes de los sismos de 1985 fue de 3 mil 692 de acuerdo a un recuento que hizo Milenio años después. Los fallecidos por los temblores de septiembre de 2017 fueron 369. Hoy en México ya rebasamos las 37 mil muertes por la pandemia. Si hemos de ser congruentes con la característica solidaridad mexicana, es momento de reconocer a la fuente de nuestra tragedia, que es invisible, pero del que nos podemos defender con sana distancia, y un cubrebocas bien puesto, por todos y cada uno de nosotros cuando estamos en espacios públicos.

Rosa Eugenia García Gómez

Coordinadora de la Licenciatura de Periodismo en el Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara.

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