Aniversario del hermanamiento misionero.

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Hace 23 años

Por: Pbro. Francisco Mejía

Parece que fue ayer, pero hace hoy exactamente 23 años que enviábamos como diócesis con una emotiva y simbólica celebración en catedral a Juan Manuel Hurtado L. y a Francisco E. Hernández T.

Hubo dos grandes símbolos: un puente hecho de madera por el cual transitaríamos de diócesis a diócesis… y una gran canasta pizcadora en la que se recogió una primera colecta solidaria…

Asumimos en consenso diocesano la invitación que nos hicieron jTatic Samuel y Raúl a «establecer una misión en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, para compartir nuestra diferente experiencia de Iglesia, métodos de evangelización y sobre todo nuestra vida en el Señor», -así lo escribieron en su carta-invitación en 1996.

Nuestro lema fue: «Bajo el vuelo del Espíritu, emprendamos la misión». La historia de este hermanamiento la mayoría la conocemos y vivimos de alguna manera, lo mismo que su proceso de debilitamiento y conclusión.

Con todo: ¡Demos gracias al Yo’tan te ch’ulchan-Yo’tan te bahlumilal!: Corazón del Cielo-Corazón de la Tierra por este gran regalo.

 

El hermanamiento sigue

Por: Pbro. Juan Manuel Hurtado

Creo, hermanos presbíteros y laicos/laicas, que el hermanamiento sigue, aunque no de manera física, pero si espiritual, simbólica, en el corazón y en la mutua colaboración.

Hoy en día seguimos colaborando en la formación de los diáconos de San Cristóbal elaborando temas para su formación, y de allá recibimos toda la carga simbólico-mística de su espiritualidad como Pueblo de Dios, maya y mestizo.

 

Gracias sean dadas a Dios por este hermanamiento y a jTatic Samuel que nos contempla desde el cielo.

Por: Pbro. Arturo Ramírez Rodríguez

Cabo y Juan Manuel: ustedes y otros presbíteros, con algunas hermanas y hermanos laicos, seminaristas y diáconos hicieron con su presencia física y siguen haciendo-aunque de otra forma-  ese hermanamiento  con estas mujeres y hombres de la Diócesis de San Cristóbal.

Ellos nos han dado un gran testimonio de amor a Dios, al prójimo y a la casa común. Por lo menos lo descubrí  en las visitas que hicieron a nuestra Diócesis en ocasiones. Ojalá esa espiritualidad nos motive y nos siga impulsando a trabajar en  nuestra iglesia particular de Ciudad Guzmán, para que no pierda el rumbo y el  «sueño» de ser «Iglesia en camino servidora del Reino».

El Espíritu de Dios les bendiga y les siga comunicando sus dones  para continuar siendo «aprendices de misioneros», ahora en esos pueblitos del Jazmín y de Jiquilpan y  demás comunidades.

Respuesta del padre Francisco Mejía:

Qué bien Arturo, se ve que está muy viva en tu conciencia esa experiencia misionera. Gracias. Y sí, necesitamos no perder ese espíritu de misioneros aprendices. Y qué gusto hermano Arturo que vas mejor y mejor. Gracias a Dios, Dueño de nuestra vida.

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