Evaluación 2010, escenarios 2011

Publicación Original en la revista Christus en la edición Enero-Febrero 2011

Comenzamos el año 2011 con una crisis multidimensional a cuestas y con un futuro teñido del proceso electoral del año entrante (2012). Por esta razón resulta pertinente hacer un balance de las dos terceras partes del gobierno de Felipe Calderón y proyectar algunos escenarios posibles en la última parte de este periodo, que de acuerdo a los hechos, no resultan prometedores.

Legitimidad nunca lograda

Calderón ganó la presidencia de la República en medio de un proceso electoral, que tanto en las campañas como en el recuento de los votos, no pudo generar una sólida legitimidad política en su gestión. A diferencia de sus antecesores inmediatos (Vicente Fox y Ernesto Zedillo), Calderón Hinojosa asumió la titularidad del Poder Ejecutivo Estatal en un clima de crisis política, ya que varios actores políticos y sociales no aceptaba los resultados electorales, es más, en el comienzo de su presidencia, por lo menos un 40 por ciento de los votantes tenía serias dudas sobre la imparcialidad y la certeza de las elecciones que dieron origen a su gobierno e incluso la Suprema Corte de Justicia de la Nación afirmó que el proceso electoral tuvo serias irregularidades. Éste fue un obstáculo que el presidente de México nunca puso sortear y hasta el momento pesa la duda sobre la certeza de su elección.

Es más, al interior de su propio partido, tampoco logró generar una sinergia que hiciera que el Partido Acción Nacional (PAN) fuera una fuerza que apoyará decididamente la gestión del michoacano. Los desencuentros con el ala más conservadora del blanquiazul minó su capacidad política y de gestión; y propició una serie de conflictos internos, que ahora son más que visibles para toda la ciudadanía.

Aquella imagen de disciplina partidaria en base al ideario del PAN es una ilusión ahora y esta confrontación llevó a la expulsión de Manuel Espino del partido, aquel que lo llevó a la presidencia.

El presidente de la República no ha podido sacar adelante ninguna iniciativa importante y de relevancia en el país, su falta de oficio político, de propiciar los acuerdos necesarios y su muy deteriorada imagen, son algunas de las razones que explican la falta de avances en esta materia. Incluso hay quienes piensan que Calderón hizo estas propuestas sabiendo que fracasarían. El ejemplo más nítido es la iniciativa de reforma política que planteaba la reelección de legisladores y de munícipes, que fue lanzada hace más de una año, en período vacacional y sin haber cabildeado con nadie la propuesta. Por supuesto que esta iniciativa, como tantas otras, está durmiendo el sueño de los justos.

Calderón nunca tuvo en sus manos un capital político como el de Fox o Zedillo, pero sin lugar a dudas tampoco tuvo la capacidad de remontar este escenario, es más, una opinión generalizada es que las posibilidades de generar proyectos e iniciativas del actual presidente es prácticamente nula y el resto del sexenio se dedicará a administrar la crisis, cerrar los grandes megaproyectos que pueda e intentar que su partido no pierda tantas posiciones en el poder luego de las elecciones que vienen.

Guerra contra la delincuencia organizada

Cuando Felipe Calderón llega a la presidencia, su lema de campaña afirmaba que sería el presidente del empleo y que él no representaba un peligro para México. Ambas frases perdieron sentido luego que plantea que el eje de su gobierno sería la lucha contra la delincuencia organizada. Efectivamente este problema representa un flagelo para el país y decidirse por enfrentar el asunto resultaba loable, sin embargo la evaluación de las estrategias seguidas por el Ejecutivo para tal efecto, muestran que la forma de hacerlo representa uno de los errores más graves de este sexenio.

Mucho se ha escrito al respecto, pero sintetizó las mayores críticas a esta acción gubernamental. La primera fue concebir que la estrategia central era el enfrentamiento armado con estos grupos delincuenciales, situación que nos ha llevado a tener más de 30 mil decesos asociados con la llamada “guerra” contra el narcotráfico. Se ha escrito en innumerables ocasiones que combatir los efectos más nocivos de este problema implicaba una estrategia múltiple que no estuviera basada en la parte policial y que el enfoque adecuado para México, era verlo como un problema de salud pública. El segundo punto que al resultar insuficiente y poco confiable la acción de las policías en el país, se militarizó la estrategia, con lo cual se transgrede el marco jurídico y se puso al Ejército a realizar tareas para las cuales no estaba preparado, incluso una propuesta reciente del presidente era que los miembros de las fuerzas armadas que no eran tropa, también se incorporarán a las tareas de seguridad. Uno de los efectos más nocivos de esta decisión es el notable incremento en las violaciones a los derechos humanos perpetrados por militares. La tercera crítica es que los índices de violencia en el país han aumentado de forma muy considerable y por lo menos en la opinión pública la mayor parte de la población tiene la idea de que el gobierno está perdiendo la “guerra”, y que además el detrimento en las libertades fundamentales son cada vez mayores.
El gobierno de Felipe Calderón se ha vuelto monotemático, y la justificación de la estrategia seguida se convirtió en una obsesión para el gobierno federal. Otros temas se han dejado de lado, no sólo en los discursos sino en las políticas públicas, y los presupuestos para esta “guerra” se siguen incrementando. A pesar de que el Secretario de Gobernación aceptó que la estrategia en contra de la delincuencia organizada requiere de modificaciones, hasta el momento no se vislumbra ningún cambio al respecto y lo más probable es que continuemos con esta espiral de la violencia y con la suma de muertos alrededor de las acciones emprendidas por el gobierno para contener este problema.

Lucha pre-electoral

Las elecciones intermedias y las de gubernaturas en el periodo calderonista no arrojan resultados halagadores para el presidente y su partido. El PAN perdió en las elecciones de legisladores la mayoría que tenía en la Cámara de Diputados y ha enfrentado terribles derrotas en los estados, salvo aquellas elecciones locales donde fueron en alianza con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), pero que dejan muchas dudas sobre la paternidad de la victoria, sobre todo sabiendo que en los estados que ganaron había situaciones muy particulares que condicionaron la elección (caso Mario Marín en Puebla y Ulises Ruíz en Oaxaca).

En un escenario de fracasos electorales recurrentes del partido en el poder, combinado con un escenario pre-electoral adelantado, lo previsible para el año venidero es ver a un PAN resignado a perder la presidencia de la República y buscando crear una candidatura presidencial medianamente sólida (en este aspecto Alonso Lujambio, el titular de la Secretaría de Educación Pública se perfila para ser el mejor contendiente). El Partido Revolucionario Institucional (PRI) seguiría posicionando a su candidato más fuerte (Enrique Peña Nieto) en alianza con el monopolio de medios de comunicación, Televisa; y aprovechando todos los errores políticos del calderonismo, incluso utilizando a figuras altamente desprestigiadas como el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, para golpear mediáticamente al gobierno federal panista y sus gobiernos locales.

Por su parte el partido del Sol Azteca intentará crear una candidatura de unidad, que de lograrse es posible que se cristalice en la figura de Marcelo Ebrad Casaubón, actual Jefe de Gobierno del Distrito Federal, pero primero deberán negociar con todas las corrientes al interior del PRD; y luego con los partidos que simpatizan y apoyan a Andrés Manuel López Obrador. El peor escenario de la izquierda institucional en México, sería ir con varias candidaturas, atomizando así, el voto por la izquierda.

Durante todo 2011 seremos testigos de las luchas internas de los partidos para lograr las candidaturas en disputa y seguramente la mayor parte de la clase política mexicana subordinará todo su accionar a una lógica de rentabilidad político electoral, dicho en otras palabras, el año próximo comienza de lleno el proceso electoral de 2012.
Pobreza y empobrecimiento

El tema que más enarboló Felipe Calderón durante su campaña fue el combate a la pobreza vía creación de empleos. El autodenominado “presidente del empleo” pretendía mejorar las condiciones de vida de la población y aminorar la pobreza. Los saldos que al día de hoy tenemos en este rubro son desastrosos.

Ya en el año 2009, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) dio a conocer las cifras de la pobreza en México y lo que nos mostró esta institución es que este problema social sigue siendo el peor de los flagelos de este país. En la información vertida se describe como las tres formas de pobreza que hay en el país, subieron de 2006 a 2008.

La pobreza alimentaria que la CONEVAL define como la incapacidad para obtener una canasta básica alimentaria, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar para comprar sólo los bienes de dicha canasta, pasó del 13.8 por ciento al 18.2 por ciento (19.5 millones de personas). Esto significa en números absolutos que 5.1 millones de mexicanos entraron en esta condición en los dos primeros años del gobierno de Felipe Calderón.

La pobreza de capacidades que se conceptualiza como la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y educación, aun dedicando el ingreso total de los hogares nada más que para estos fines, pasó del 20.7 por ciento al 25.1 por ciento en el mismo periodo.

En lo referente a la pobreza de patrimonio que se entiende como la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria, así como realizar los gastos necesarios en salud, vestido, vivienda, transporte y educación, aunque la totalidad del ingreso del hogar fuera utilizado exclusivamente para la adquisición de estos bienes y servicios; subió del 42.6 por ciento al 47.4 por ciento (50.6 millones de mexicanos), que representan un incremento de 5.9 millones de personas que se ubican en esta situación del 2006 al 2008.

Igualmente a finales de noviembre del año pasado la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) presentó el informe Panorama social de América Latina 2010, donde se expone que el nivel de pobreza en México aumentó de 31.7 por ciento a 34.8 por ciento en los últimos dos años, de acuerdo a sus mediciones con lo que se ratifican las aseveraciones de la CONEVAL. Además se menciona que la tasa de la pobreza en México puede crecer, debido a que en la crisis económica del año pasado ocasionó que el país tuviera la caída más profunda del Producto Interno Bruto (PIB) en la región, que fue de un histórico -6.5 por ciento. En contraste, otras economías de América Latina bajaron sus índices de pobreza de 2008 a 2009, como Brasil, de 25.8 por ciento a 24.9 por ciento; Paraguay, de 58.2 por ciento a 56 por ciento, y República Dominicana, de 44.3 por ciento a 41.1 por ciento. Para contrarrestar los altos índices de pobreza en México, la CEPAL propuso no disminuir el gasto social y apoyar a las pequeñas y medianas empresas.

Los datos anteriores lo que no señalan es que no sólo no se combatió la pobreza en el gobierno de Calderón, si no que entramos en un proceso de empobrecimiento, es decir, que una mayor cantidad de personas entraron en esta condición y todavía hace falta ver los resultados más actualizados de este proceso, ya que en estas cifras todavía no se reflejan los efectos de la crisis financiera global y tampoco la economía norteamericana de la cuál dependemos tanto, se ha recuperado como se esperaba. A esto habría que sumarle los recurrentes desastres socioambientales que tenemos en el país, efectos de una pobreza previa y que termina profundizando estas condiciones. La principal promesa de campaña de Felipe Calderón no se cumplió.

Derroche, parafernalia gubernamental y alianzas insospechadas

Otro de los signos que ha caracterizado el gobierno de Felipe Calderón es la enorme inversión de recursos públicos en campañas publicitarias, actos superfluos y eventos multitudinarios sin ningún sentido, sobre todo este año a propósito de las celebraciones del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

La necesidad de lograr la legitimidad deseada desde el inicio de su gestión, aunada a la justificación de la “guerra” contra la delincuencia organizada, llevaron al Ejecutivo Federal a embarcarse en un proceso de campaña mediática permanente, que además de infructuoso, ha resultado muy caro a las arcas públicas.

El dispendio en celebraciones como la del bicentenario de la independencia resulta insultante, frente a los procesos de empobrecimiento que se viven en el país; y parecería que se convierte en política de estado aplicar aquel viejo principio de “pan y circo” al pueblo. Claro que en este caso es sólo el circo, porque pan no hay.

Incluso, en esta misma lógica ha sido notable en el caso de esta presidencia la utilización del futbol como una manera de legitimación social. Sólo para citar el desafortunado caso de la “visita oficial” del presidente a Sudáfrica, como pretexto para presenciar el partido inaugural de la Copa del Mundo que se celebró en aquel país, que disputó la selección mexicana contra el equipo anfitrión y que incluso fue objeto de una encuesta en el portal de la presidencia para saber si la gente estaba de acuerdo o no con el viaje.

Uno de los efectos más perniciosos de esta alianza fue el escándalo suscitado alrededor de la llamada Licitación 21 que pretendía la adjudicación a Televisa y Nextel de una amplia franja del espacio radioeléctrico para prestar servicios de telefonía celular en todo el territorio nacional. De acuerdo a lo comentado por Juan Larrosa, académico del ITESO, este proceso fue irregular por dos razones: la primera es que dichas empresas sólo pagaron 180 millones de pesos por esta concesión, que valdría por lo menos 28 veces más y que representaría una pérdida de casi cinco mil millones de pesos al erario público; y que en el concurso de licitación sólo hubo un participante.

Finalmente el Poder Judicial hasta el momento en el que se escribe este texto, no permitió realizar esta acción y Televisa terminó por dejar solo a Nextel en este negocio. Lo que podemos deducir de estos hechos es que Felipe Calderón ha tenido que “pagar” a las televisoras su apoyo mediático en función de mantener la poca credibilidad que aún le queda.

El sexenio se terminó

Una práctica recurrente en la vida política nacional es que el último año de la gestión de los presidentes, el poder ejecutivo se empieza a desdibujar, se une a las campañas electorales de los contendientes por su partido y luego de las elecciones, prácticamente se dedican a administrar lo que resta del mandato (a propósito de que en México existe, entre el tiempo de la elección y la toma de posesión, poco menos de cinco meses, se ha propuesto acortar este tramo de tiempo para evitar vacios de poder). Digamos que por la vía de los hechos los presidentes gobiernan cinco años y medio.

En este sexenio parece que no será así. La raquítica legitimidad del gobierno calderonista, la falta de acuerdos políticos de trascendencia para la vida nacional, la sucesión presidencial adelantada y el empecinamiento de mantener la misma estrategia en la “guerra” contra la delincuencia organizada, nos llevan a suponer que Felipe Calderón se dedicará a administrar el resto de su mandato y que por la vía de los hechos, el segundo sexenio panista habrá terminado. Más que componer el rumbo o generar consensos en torno a un gran proyecto de desarrollo, lo que seguramente tendremos, será el intento porque las condiciones generales de vida del país no se deterioren más. En este sentido tendremos un sexenio de cuatro años, que provocará un fuerte vacío de poder que intentará ser llenado por los poderes fácticos.

Ya lo veíamos en el “reality show social” Iniciativa México, donde en la última sesión del programa fue invitado Felipe Calderón, para que ante todos los asistentes, los dos magnates de la comunicación (Azcárraga Jean y Salinas Pliego) le marcaran línea sobre lo que tiene que hacer el presidente para sacar al país del atolladero.

El año 2011 no empieza de buena manera y se perfila para ser un año complicado y difícil, habrá que seguir leyendo la coyuntura y fortaleciendo los procesos de base.

Aprovecho este espacio para desearles a las y los lectores de Christus un año 2011 lleno de esperanzas.

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