Seminario Comunidad que da frutos.

Nuestro Seminario de Ciudad Guzmán es una comunidad en camino de formación hacia el servicio sacerdotal. El seminarista que está en formación asume personalmente un proceso de formación, el cual vive en comunidad y lo hace con la esperanza de configurar su persona a la de Cristo Buen Pastor.

El Documento de Aparecida dice que el seminario es “un espacio privilegiado” de formación de los discípulos-misioneros. Y es cierto, pues aquí se comparten la vida, la búsqueda y las inquietudes por dar respuesta, desde el proyecto de formación para el ministerio presbiteral, a los problemas que viven las comunidades de nuestra Diócesis.

En su caminar, y buscando realizar esta tarea, el Seminario se guía por principios que orientan la experiencia hacia una formación integral. Durante la etapa del Curso Introductorio (un año), la Facultad de Filosofía (tres años) y la Facultad de Teología (cinco años), el alumno es el primer responsable de su propia formación. A lo largo de los nueve años es acompañado por sus formadores y busca discernir la acción del Espíritu Santo en su vida.

Esto se vive en un ambiente de libertad, lo que favorece el crecimiento de la conciencia de responsabilidad de su propio proceso de formación. Dentro de este contexto de libertad y responsabilidad, el Seminario busca que se asimilen todos los valores humanos (honestidad, lealtad, amistad, respeto, trabajo) que se necesitan para lograr una correcta ubicación en la vida.

El motor que anima este proceso de formación es la espiritualidad centrada en Cristo y encarnada en la vida. En las oraciones y las celebraciones eucarísticas, siempre se hace referencia a situaciones de la vida, para lograr una reflexión de fe que ilumine la realidad.

Una herramienta indispensable para la vida y la formación integral es, sin duda, la sólida formación intelectual que, como cimiento para el servicio pastoral, nos ofrece el Seminario. Tanto en la facultad de Filosofía como en la Teología se cultiva el gusto por el estudio y se afianzan los métodos necesarios para lograr reflexiones propias y críticas, a la luz del Evangelio. Pero el objetivo final es traducirlas a la vida personal para que sea coherente y de testimonio y, además, poner lo adquirido al servicio de la evangelización.

Al igual que el Seminario es formador de pastores, las comunidades se convierten en espacios privilegiados de nuestra formación. Se pretende que la Diócesis forme a sus propios pastores cerca de la realidad del pueblo e insertos en el proceso pastoral diocesano. Así, desde la práctica, se aprende a proponer y saber hacer equipo con las comunidades de la Diócesis, y trabajar para responder evangélicamente a la realidad que se vive en nuestro entorno, como lo propone el Cuarto Plan Diocesano de Pastoral.

Después de este proceso de formación el Seminario se alegra, junto con toda la comunidad diocesana, por los frutos que da: pastores para nuestra Diócesis. Lo viviremos el próximo 19 de marzo en la Iglesia Catedral, día en que nuestro hermano diácono Gustavo Quiñonez recibirá la ordenación sacerdotal y cuatro compañeros serán ordenados diáconos: José Luis García, Alfonso Contreras, César Alvarado y Edgar Solano, por imposición de manos de nuestro pastor Don Rafael León Villegas. Ellos, junto con 56 sacerdotes, son fruto de nuestro Seminario. Son sacerdotes que desde diferentes comunidades trabajan en la construcción del Reino de Dios en la Diócesis.

El seminario es un proceso de formación integral que se logra en equipo: alumnos, formadores, comunidades, todos bajo el impulso del Espíritu Santo. Así esperamos que nuestro Seminario continúe dando frutos abundantes para la vida pastoral de las comunidades, al ofrecerles sacerdotes reflejos de Cristo Buen Pastor.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 107
Autores: Iglesia en Camino
Sección de Impreso: Juan Gaspar Castro Blanco y Alejandro Salas Hernández

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