Mujeres dueñas de sí mismas

Viven en las montañas del sureste mexicano. Tienen rostro y corazón de Mujer tseltal, portan su traje con dignidad que realza su belleza interior y exterior: blusa blanca con tira bordada y olán, falda con listones de colores y plegones, fajada con una banda tejida de telar. No hablan español, pero la expresión de su cuerpo expresa lo que su corazón siente. Son mujeres defensoras y cuidadoras de la vida.

Realizan sus labores de casa cargando a su hijo con su rebozo en la espalda. Cuecen el maíz, lo muelen en el molino de mano para hacer las tortillas y preparar el pozol que el esposo llevará al campo a trabajar y los hijos tomarán en casa. Ponen a cocer sus frijoles o cocinan verdura en su fogón de leña para alimentar a la familia. Lavan los trastes y la ropa en una tabla de madera bajo los rayos del sol. Unas bordan sus propia ropa, otras tejen morrales en su telar y en él van tejiendo los hilos de su propia historia. Otras se van a trabajar al campo con el esposo y cortan café, limpian la milpa y regresan contentas a casa con verduras. Cuidan sus gallinas, pollos y algún cerdo, desgranan maíz para darles de comer y su corazón es tan generoso que al llegar una visita a su casa preparan un pollo en caldo para compartirlo.

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Cuidan a sus hijos e hijas con gran amor, paciencia y ternura; a los pequeños los amamantan, a los más grandes les dan de comer frijoles, tortillas o verdura, los bañan y les ponen su ropa limpia. Cuando se enferman pasan la noche velándolos. Comienzan siendo mamás desde adolescentes, sus criaturas juegan, ríen, corren libremente por la comunidad, no se escuchan gritos, golpes o regaños. Los niños y niñas le sonríen a la vida, con ellos y ellas se alegra el corazón de la comunidad y tal parece que está de fiesta cada día.

Es posible que exista dolor y sufrimiento en el corazón de mujeres excepcionales como ellas por heridas que en su historia personal han tenido. Algunas son madres solteras, otras están casadas, hay viudas jóvenes y ancianas. La mayoría no fueron a la escuela pero poseen la sabiduría que fue transmitida por sus madres y abuelas, y la que en el caminar de su vida van adquiriendo. Entre ellas se visitan, se ayudan unas a las otras, son solidarias, cuando se encuentran conversan y ríen. Sus ojos tienen el brillo de la vida y en su rostro se dibuja una sonrisa.

No poseen bienes materiales, poseen la riqueza mayor que es un corazón que sabe amar, que sabe esperar con paciencia que la semilla germine y fructifique a su tiempo. Son señoras y dueñas de ellas mismas, de su telar, de su bordado, de su cocina, de su molino, de su comal, de sus gallinas y pollos. Han asumido con responsabilidad el rol de cuidar y proteger la vida de su familia, entregándose hasta dar la vida por ella.

Publicación en Impreso

Edición: 130
Sección: Luz y Fermento
Autor: Hna. Micaela Alemán Gutiérrez / De la Congregación del Divino Pastor

3 pensamientos sobre “Mujeres dueñas de sí mismas

  1. H0LA SOY DOMY DE SAN ANDRES TUXTLA VER TIENE UNA SEMANA Q ENVIE MENSAJE PERO NO CONTESTAS ME PUEDES ENVIAR UN NUM DE TEL PARA HABLAR CONTIGO HNA MICAELA

  2. hola soy domi de san andres tuxtla hace tiempo que no se nada de ti x se amable contesta hna micaela mi num de cel es 294 1296328 gracias espero me contestes saludos mna es tu cumple muchas felicidades que la pases bien

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