La resurrección en tierras michoacanas

Al llegar estaban rodeados de huertas de plátano y papayo. Recibieron el calor de la costa. Era el viernes 22 de marzo cuando un grupo de siete seminaristas, los alumnos de Primero de Filosofía del Seminario Diocesano de Ciudad Guzmán, llegaron a Coahuayana Ejido, en el estado de Michoacán, para vivir la experiencia de la Semana Santa. Esta población está ubicada en los límites con Colima por la carretera que va de Tecomán hacia Lázaro Cárdenas. Iban acompañados por el P. Alfredo Monreal Sotelo, prefecto de los estudiantes de Filosofía.

Desde hace diez años, el P. Martín Arroyo Mendoza ha invitado y acogido a los seminaristas de esta Iglesia Particular del sur de Jalisco para la Semana Santa. Él es sacerdote de la Diócesis de Lázaro Cárdenas y actualmente es párroco en la comunidad de Coahuayana, que tiene como Santo Patrono a Señor San José y cuenta con una población de aproximadamente 8 mil 800 habitantes, 5 mil 800 en el pueblo y el resto en otras nueve comunidades rurales.

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Experiencia llena de inquietudes

Cada año como parte del proceso de formación, el Seminario participa en la celebración de la Semana Santa. Este año estuvo presente en comunidades de 15 parroquias de la Diócesis y en la comunidad parroquial de San José de Coahuayana. El objetivo de esta presencia es animar a los barrios o ranchos en la celebración de la Semana Mayor, celebrar junto con las comunidades la Pascua de Jesús y recibir enseñanzas para la formación sacerdotal.

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Al ser cuestionados sobre lo que esperaban de esta experiencia, los seminaristas de primero de Filosofía compartieron su sentir, que iba desde conocer otra cultura y otro modo de ser Iglesia, pasando por el esfuerzo personal, hasta la animación de la vida cristiana en aquella parroquia.

José Alberto Aparicio, originario de Atemajac de Brizuela, dijo que esperaba: “aprovechar al máximo cada uno de los momentos, aportar un granito de arena”. Otra opinión fue “Lograr que la gente se motivara a seguir trabajando” manifestó Ramón Jiménez de Techaluta. Por su parte, Martín Orlando Márquez, oriundo de San Juan Espanatica, expresó: “lo principal es ir fortaleciendo la vida de bautizados, llamados al servicio; así como seguir encontrando elementos para un buen discernimiento de frente a la propuesta en el camino formativo para el ministerio”.

La participación de los seminaristas se dio en el pueblo, que se organizó en cuatro barrios, y en las comunidades de Boca de Apiza, San Vicente y Palos Marías. Ahí se tuvo la oportunidad de acercarse a la vida de la gente, tanto en su lucha por la vida como en su experiencia de Iglesia.

Encuentro con la vida de la gente

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Al preguntársele qué hicieron en esos días, Ángel Heriberto Flores, también originario de San Juan Espanatica, señaló: “Encontrarse con las personas a través de las visitas y reuniones. (…) Conocimos sus distintas formas de ganar la vida, sus mismas condiciones de vida, sus formas de vivir y de pensar”. En el encuentro se descubre que la gente de estas comunidades es muy amable.

En las visitas domiciliarias, las reuniones y celebraciones, los seminaristas captaron que las familias dependen en gran parte del cultivo del plátano y el papayo, “La gran mayoría de la gente vive del salario que ganan trabajando en las empresas plataneras. El plátano es la principal fuente de ingresos. Son pocos los dueños de las tierras y algunos que tienen sus propias tierras son explotados por los ‘coyotes’, que les compran sus frutos a muy bajo precio” señaló Andrés Castañeda.

La vida de las personas está ligada también a la pesca y al turismo, pues muchas personas acuden estos días a la playa Boca de Apiza y les ofrecen los servicios necesarios para atenderlas. “Trabajan en alguna enramada, en negocios propios o como vendedores ambulantes, cuidando carros”, expresó Ramón. En las comunidades de la parroquia de Coahuayana, como sucede por casi todo el país, se vive un ambiente de preocupación por la inseguridad y la violencia.

Esta cercanía a la vida de las familias y comunidades, ofrece a los jóvenes del Seminario una oportunidad para captar los sufrimientos y esperanzas y plantearse retos para su proceso de formación, “una formación que responda concretamente a las necesidades de comunidades en búsqueda de bienes comunes”, indicó Martín Orlando.

Experiencia de reflexión y celebración

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La ida a las comunidades durante la Semana Santa es fundamentalmente para el cultivo de la vida de fe, tanto de quienes llegan de fuera como de quienes viven en ellas. José Carlos Arellano, nacido en Huescalapa, antes de partir a la misión esperaba “el encuentro con la Iglesia-comunidad. (…) La forma de hacer vida la Iglesia, de celebrar los días de entrega amorosa del pobre de Nazaret”.

Esto se hace a través de la reflexión y la celebración, pero se requiere de una organización. “Los primeros días que fueron de lunes a miércoles, realizamos los ejercicios cuaresmales. Esto fue en cuatro grupos. A mí me tocó participar en el grupo del centro. Estos días fueron de conocer familias, invitarlas a participar y apoyar en los temas. A partir del jueves, nos tocó dividirnos en grupos e ir a tres comunidades”, narró Andrés, cuya familia vive en Teocuitatlán de Corona.

Todos los días por la mañana, como inicio de la jornada, se tenía un rato de oración grupal, como nos comparte el zacoalquense Santiago Rosales. Dice que se preparaban “en un ambiente de oración por la mañana y después con la ubicación del lugar y el estudio de los temas, presididos por el Sr Cura Martín”. Después, continúa su relato: “salíamos a invitar y visitar a las familias del lugar”.

Por la tarde y noche se convocaron las personas en los barrios, en algunas de sus casas, a la reflexión. “La vivencia de los temas cuaresmales fue con un entusiasmo y una participación admirable. La gente expresó una pasión de seguir reuniéndose para compartir y reflexionar más temas en base a la Biblia”, comentó José Alberto. Y es que como captó el P. Alfredo, era una experiencia que prácticamente estaba olvidada en la vida de las comunidades, pues hacía hasta 20 o 30 años que las personas no se reunían para estudiar la Biblia en los barrios de la comunidad.

Del jueves al sábado se vivieron las celebraciones del Triduo Pascual, en las que se “resalta la importancia de la entrega de Jesús y nuestro compromiso como cristianos en nuestros días”, a decir de Carlos. El jueves fue la celebración de la Institución de la Eucaristía, en la que se hizo el Lavatorio de los pies. El viernes se rezó el Vía Crucis por las calles de las comunidades y se vivió la celebración de la Pasión con la adoración de la Cruz; además se tuvo el Rosario de Pésame y la marcha del silencio. El sábado por la noche fue la Vigilia Pascual culmen de la vida de la Iglesia.

La misión de Semana Santa deja enseñanzas

La vivencia la Semana Santa no se limitó a participar en las reflexiones y celebraciones, porque está planteada en el proceso de formación de los seminaristas. Al preguntarles sobre las enseñanzas que les dejó esta experiencia, los seminaristas coincidieron en que les aportan elementos para su formación en vistas al ministerio sacerdotal.

Martín Orlando sintetizó su vivencia personal de esta manera: “la experiencia en lo personal era seguir encontrando elementos para un buen discernimiento vocacional, considerando que la búsqueda debe ser algo constante para la formación hacia el ministerio sacerdotal. Vivir esta experiencia significó entrar en un contacto con otra realidad cultural muy distinta a la de la región sur de Jalisco”.

Señalaron varios aprendizajes, desde su crecimiento personal como cristianos hasta lo que se requiere en la misión de la Iglesia. Son factores indispensables en este camino “el trabajo comunitario, el compañerismo y la apertura al servicio”, dijo Santiago. En este mismo sentido, José Alberto resaltó: “Aprender a trabajar en equipo para lograr mejores resultados”.

Sobre la misión de la Iglesia, Ángel insistió que “llevar la Buena Noticia es la misión que no se debe dejar de comunicar. Todo bautizado ha de actuar según su ministerio para el bien de la comunidad”. Al respecto indicó Ramón: “La participación dentro de la Iglesia es muy importante. La importancia que tiene cada uno en la Iglesia. Ser agentes, actores activos para transformar esta realidad”.

De frente al proceso de formación en el Seminario, al concluir la misión de Semana Santa, Arellano compartió la siguiente vivencia: “El plantarte ante una Iglesia con muchos retos. Reconocer que los tiempos cambian y las actividades se deben ir renovando. Lo único que no debe cambiar es la presencia de Jesús y su proyecto”. Es precisamente lo que la Iglesia debe realizar siempre.

“Esta semana me hizo plantearme muchas preguntas y, a la vez, esas preguntas suscitaron respuestas. Me di cuenta de que debo tener un mayor compromiso en mi formación y en mi preparación para el servicio, tener una mayor entrega y plantearme retos que me ayuden a ir creciendo en los cuatro aspectos de formación”, concluyó Andrés.

Al terminar los días santos, como los demás seminaristas y otros grupos misioneros de la Diócesis, los estudiantes de primero de Filosofía regresaron a su vida ordinaria. La misión de la Iglesia sigue en la Diócesis de Ciudad Guzmán, el proceso de formación de los seminaristas continúa, la participación de ellos en la vida de las comunidades se mantiene. Es necesario, expone Martín Orlando, “seguir creciendo en la fe, una fe puesta en un Cristo encarnado en la vida de los pueblos, que sufre y muere, pero que resucita en los procesos comunitarios”.

Publicación en Impreso

Edición: 127
Sección: Iglesia en Camino
Autor: P. José Lorenzo Guzmán Jiménez

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