Estamos abriendo brecha

En un ambiente de fe, el pasado domingo 18 de abril, a partir de la una de la tarde, se celebró la Eucaristía en El Limón de la Troja, comunidad de la parroquia de San Juan de la Montaña. El Limón está ubicado a quince kilómetros de San Juan, por el camino que va hacia Santa María del Oro. Dentro de la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo Don Rafael León Villegas, el señor Calixto Torres García, uno de los primeros doce candidatos a Diáconos Permanentes, fue instituido en los ministerios de lector y acólito.

“Estamos abriendo brecha”, expresó nuestro Obispo al referirse al hecho de que Calixto es el primer laico que en esta Diócesis recibe el lectorado y el acolitado, es decir, el ministerio de la Palabra y el ministerio de la Eucaristía. “Ojalá que pronto lo hagamos en las demás comunidades”, dijo antes de terminar su homilía y se refirió al resto de candidatos al Diaconado permanente.

Una celebración viva

La celebración estuvo preparada por el primer grupo de candidatos a Diáconos Permanentes, dentro del cual participa Calixto desde hace seis años y medio. Ellos fueron prácticamente los protagonistas, pues prepararon las moniciones, animaron los cantos, entronizaron el libro sagrado, proclamaron la Palabra de Dios, le entregaron al Señor Obispo la Biblia y la patena con la hostia y presentaron las intenciones de la oración de los fieles.

A la celebración asistieron unas 300 personas. Fue una participación muy abundante en número, dado que las familias de El Limón son quince. Se hicieron presentes las comunidades vecinas, especialmente San Fernando y El Huizache, a las que Calixto convoca cada ocho días para la Celebración dominical de la Palabra. “Es que aquí todos lo quieren”, comentó una de sus cuñadas después de la celebración. Además acudieron algunos de los nuevos candidatos a Diáconos Permanentes con sus familias, quince seminaristas y ocho sacerdotes.

Fue una celebración muy viva, no sólo por la presencia de tantas personas en esa comunidad sino sobre todo por la atención con que se vivió, por la animación y participación de los candidatos a Diáconos Permanentes, por la presencia de nuestro Obispo, por la novedad de los dos ministerios y el momento en que le fueron conferidos, por la hermandad que se respiraba. Era un ambiente de comunidad que evocaba el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas, descrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Ministro de la Palabra y de la Eucaristía

Calixto fue instituido primero como Lector y luego como Acólito. Al terminar la proclamación del Evangelio, fue llamado con las siguientes palabras: “Acérquese el que va a ser instituido en los ministerios de Lector y Acólito”. Al escuchar su nombre, Calixto, que estaba junto con su esposa, sus tres hijas y sus dos nietas, se puso de pie y caminó hacia el altar, respondiendo: “Presente”.

Luego el Señor Obispo dirigió la homilía a la asamblea, en la que, a la luz de los textos bíblicos proclamados, explicó el sentido de los dos ministerios para la vida de la Diócesis, para la comunidad de El Limón y para la vida de Calixto y su familia. Inició la homilía señalando que, en relación a la institución de ministros laicos, “llevamos cincuenta años de retraso”. Pero también aclaró que “estamos abriendo brecha”, pues es la primera vez que oficialmente se le reconocen estos ministerios a un laico en nuestra Diócesis.

Como Lector “tu misión será proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, y de esta forma educar en la fe a los niños y a los adultos, prepararlos para recibir dignamente los sacramentos y anunciar la buena nueva de la salvación a los hombres que aún la ignoran”, le dijo Don Rafael. Al mismo tiempo le hizo una invitación: “Cuando proclames la Palabra de Dios a los demás, no olvides, dócil al Espíritu Santo, escucharla tú mismo y conservarla en tu corazón”. Al entregarle la Biblia, le dijo: “transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea cada día más viva y eficaz en el corazón de los hombres”.

En cuanto al ministerio de Acólito, le expresó: “serás ministro extraordinario de la Eucaristía, más aún, ministro ordinario, como ya lo estás siendo”. En relación al acolitado, nuestro Pastor no dejó pasar la oportunidad para hacerle la siguiente encomienda: “En tu ministerio ten presente que de la misma manera en que participas con tus hermanos de un mismo pan, también formas con ellos un solo cuerpo. Ámalo sobre todo en sus miembros necesitados y enfermos”. Y al entregarle la hostia, le pidió: “vive de tal forma que seas digno de servir la mesa del Señor y de la Iglesia”.

Los veneros son los nacimientos de agua, que luego corren haciendo un pequeño arroyo. Al juntarse con otros arroyos llegan a convertirse en un río. Esa es la esperanza en nuestra Diócesis: que lleguemos a ser una Iglesia ministerial partiendo de experiencias concretas de reconocimiento de ministerios laicales.

Los ministerios conferidos a Calixto son base no sólo de reconocimiento de ministerios a laicos, lo que ya ha sucedido varias veces en la Diócesis, sino también del proceso hacia el Diaconado Permanente, como lo señaló en la monición de entrada Raúl Cárdenas, compañero de Calixto en el camino hacia el Diaconado: “El proceso de formación al Diaconado permanente ha ido abriendo surcos junto con los sacerdotes formadores, para vivir con mayor empeño un discipulado misionero desde el ministerio recibido, colaborando así más activamente en el servicio de la Palabra, de la Caridad y de la Liturgia. Este acontecimiento es un signo Pascual para nuestra Iglesia Diocesana que nos llevará a consolidar la experiencia del Diaconado permanente en nuestra Diócesis”.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 101
Sección de Impreso: El Campanario
Autor: P. Lorenzo Guzmán

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