El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

El Pasado Indígena del Sur de Jalisco

El Sur de Jalisco fue habitado desde hace muchos siglos. Se dice que los valles de Zacoalco, Sayula y Zapotlán, por tener vegetación abundante contaron con población desde tiempos antiquísimos.

Posteriormente pasaron por estas tierras grandes oleadas migratorias del norte, vinieron Otomíes, Toltecas, Chichimecas, Zapotecas y Nahuas. El paso de estos pueblos marcó profundamente el pasado de nuestra cultura, en cuanto a organización, religión y lengua.

Según referencias de cronistas, en esta región se hablaban cinco lenguas: nahua con sus variantes, otomí, pinome, purhépecha o tarasco y sayulteco. De varios pueblos solo se dice que hablaban lenguas particulares, naturales o bárbaras, como la chichimeca, la popoluca, la mazorral y la totonaca, así como aquellas que no llegan a tener nombre.

La lengua nahua era la más extendida, se entendía incluso en pueblos hablantes de otras lenguas principales. El nombre de nuestros pueblos tiene un significado, como Zapotlán-Tzapotlán, que significa lugar de zapotes o de frutas dulces o lugar de chirimoyas. Lugar dedicado a la diosa Tzaputlatena, patrona de los medicamentos y protectora de las curaciones.

A la víspera de la llegada de los españoles (S. XVI) la parte occidental de México era identificada como Chimalhuacán, donde la vida política y social estaba organizada en cuatro reinos (Hueitlatoanazgos): Colima, Tonalá, Jalisco y Aztatlán. Y en una multitud de cacicazgos (Tlatoanazgos).

Los lazos entre los reinos y cacicazgos principalmente eran de vasallaje, de raza o bien de pactos pasajeros, lo cual nos dice que en la región existía una especie de confederación. Un momento de fuerte unión entre los pueblos chimalhuacanos (Zapotlán, Sayula, Tuxpan, Tamazula, Zacoalco, Cocula), fue para defenderse de la invasión del pueblo Purhépecha o Tarasco en la llamada Guerra del Salitre, que culminó con la doble victoria de los chimalhuacanos en Zacoalco y Tlajomulco, en el 1510.

El trabajo agrícola se practicaba en comunidad. A cada familia se le concedía un Coamilli. La alimentación con maíz, frijol, chile, carne. Eso les ayudó a ser sanos y robustos. El comercio se hacía de manera sencilla y se efectuaba una vez por semana en los tianguis a base de trueque o con cacao, que se usaba como moneda. Los objetos del comercio fueron la miel, el algodón de pochote, plumas de colores brillantes, pieles, maderas, resinas como la del copal, loza de barro, maíz, chile, diversas verduras, pescado, piezas de caza, caracoles y conchas, flores, plantas medicinales, cristal de obsidiana, entres otros.

En el vasto territorio de Chimalhuacán se practicaban varios cultos: Teopiltzintli, el dios niño, era adorado en Jalisco; el sol, en Tonalá y en Chapala; Iztlacatéotl en Zacoalco, donde se le proclamó señor de las salinas; Atlaquiaquitli, Atlaquiáhuitl o Tláloc (Dios de la lluvia) en Amacueca, Zapotlán, Tuxpan y Colima; Teócoatl (Dios serpiente) en Atempan; Colli (Dios del fuego) en el valle de Zapotlán. Y Centéotl (diosa del maíz), Teocoacóyotl (dios de la salud), Tetéotl (dios de las batallas) representado con una honda y una piedra, Xoxhipiltéotl (dios de las flores), Xicocihuateotl (dios de las mieses).

Señala Bernardino de Sahagún que el Dios Xipe era honrado por aquellos que vivían a la orilla del mar, y su origen se dio en Tzapotlán, pueblo de Jalisco. Se ha identificado el culto a Xipe Tótec, como señor de la primavera, de la agricultura y de la fertilidad y el culto a diosas con atributos similares. Pero el culto a Xipe Tótec también se proyectó en cuestiones más terrenales, ya que su veneración está en relación con la economía y la política mesoamericana: con los portadores de nuevas tecnologías, de otras formas de vida productiva y comercial. Es evidente que Zapotlán y Tuxpan fueron comerciantes destacados y es notorio el culto a Xipe; probablemente parecido al de Yiacatecutli, señor de los mercaderes, en el centro de México.

Después de ser conquistada Tenochtitlán, capital del imperio Mexica, Hernán Cortés envió soldados españoles acompañados de indígenas aliados por distintos rumbos, con el objeto de someter nuevos territorios, detectar y hacer inventario de lugares con metales preciosos, identificar las costas, posibilidades de puertos, surgideros y astilleros en donde se pudieran apoyar nuevas expediciones marítimas hacia el occidente por el mar del sur. Para esto en 1521, salió de México central una expedición conducida por Francisco Álvarez Chico que siguiendo rutas conocidas por comerciantes y recaudadores de tributos, llegó al Océano Pacífico por el rumbo de Acapulco para proseguir hasta Zacatula, en la desembocadura del río Balsas y en las cercanías de la región michoacana dominada aún por los Purhépecha. Esta expedición fue el preámbulo de la llegada de los españoles a Colima y el Sur de Jalisco y con ellos la llegada de los primeros misioneros trayendo el Evangelio. Tema que trataremos en el siguiente artículo.

Publicación en Impreso

Edición: 116
Sección: Hagamos Memoria
Autor: P. Alfredo Monreal

Esta entrada fue publicada el 19 de abril de 2012 a las 5:46 pm en la categoría Papel y tinta. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

2 comentarios sobre “El Pasado Indígena del Sur de Jalisco

  1. alma rosa salcedo dice:

    ME GUSTARIA CONOCER LA FUENTE…PARA UN TRABAJODE INVESTIGACIÓN QUE ESTOY REALIZANDO SOBRE SAN SEBASTIÁN
    ATTE
    ALMA

  2. Antonia dice:

    Es importante para quienes seguimos la búsqueda de los origenes de los pueblos chimalhuacanos, y su desplazamiento hacia el altiplano central, saber que poco a poco van dandose a conocer nuevas fuentes, he solicitado en varias ociasiones acceso a los archivos de las regiones, el cual me ha sido negado, pero insisto, gracias por permitirnos ahondar.

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