El encuentro que esperó mil años

Por: Ángel Cruz y Carlos Cordero
Correo: rn681885@iteso.mx ; ccordero@iteso.mx

 

El 12 de febrero tuvo lugar un encuentro histórico para la Iglesia Católica: En el aeropuerto de la Habana, el patriarca ruso Kirill –patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa- y Francisco se encontraron, luego de más de mil años de distanciamiento entre Roma y las iglesias de oriente, lo que representa el inicio de una nueva etapa en la historia de las relaciones entre las iglesias.

La reunión fue motivada en buena medida, por la gran preocupación de ambos líderes religiosos por el destino de sus feligreses en el conflicto de medio oriente, específicamente en Siria e Irak, países azotados por la violencia de la guerra contra el Daesh, también conocido como Estados Islámico.  En un momento de crisis para la humanidad en esta zona, los cristianos del mundo deben permanecer unidos para proteger a sus hermanos, es el mensaje que Francisco ha querido dar con este encuentro.

 

La historia del Cisma

El cisma de Oriente tuvo lugar en el año 1054, pero la historia detrás comienza mucho antes. Alrededor del año 330 –en el contexto del inicio de la Edad Media, y sobre todo la caída de Roma ante los bárbaros- el Emperador Constantino creó la nueva capital del imperio romano: Constantinopla. Para el 381, con el primer Concilio celebrado ahí, se reconoció al patriarca de Constantinopla como la máxima autoridad de la Iglesia universal, después del obispo de Roma. Sin embargo, a partir de ese momento hubo diferencias, tanto litúrgicas como políticas, entre la Iglesia de Roma, y la Iglesia de Constantinopla.

Fue hasta 1054 que vino la ruptura definitiva. En 1043, Miguel Cerulario patriarca de Constantinopla, quien sentía una antipatía por lo occidental y la iglesia de Roma, acusó al Papa León IX de hereje en cuanto a lo relacionado con la liturgia y los ritos. León IX envió una comitiva para dialogar con él, dirigida por el monje Humberto, Cardenal Obispo de Silva Cándida, quien se caracterizaba por tener una aversión a lo relacionado con lo bizantino y oriental. Al final, León IX redactó una bula en donde excomulgaba al Patriarca Miguel Cerulario y a los jerarcas bizantinos. Como consecuencia, éste también excomulgó al Papa, realizando una ruptura de relaciones entre ambas iglesias el 16 de julio de 1054.

Junto al choque político entre ambas partes, también se incluyen aspectos culturales. En occidente se utilizaba la lengua latina para los rituales, mientras que en oriente el bizantino y griego. De igual manera, teológicamente hablando, surgió una controversia en torno a la trinidad, de acuerdo a la traición latina el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, mientras que en oriente el Hijo es divinamente prescindible para la procedencia del Espíritu Santo. Además, en occidente se cree en un purgatorio mientras que oriente la desconoce. Así mismo el tema de la cabeza de la iglesia es controversial, ya que en occidente se le da la primacía al Papa, Obispo de Roma, pero en las Iglesias Ortodoxas se da autonomía a cada patriarcado, de esta forma en la Iglesia Ortodoxa, cada obispo es igual al otro y ninguno tiene injerencia dentro del patriarcado del otro, sino que se realizan concilios entre ellos para llegar a acuerdos. Así pues, el cisma es un reflejo más de la oposición que han tenido las culturas del oriente del continente euroasiático, a aceptar la supremacía y el control de Roma.

 

Otra guerra fría: ortodoxos y romanos

Ya en el siglo XX, las tensiones entre Moscú y Roma se incrementaron. A diferencia de la Iglesia Romana, la Iglesia Ortodoxa Rusa siempre ha mantenido una relación especial con las cúpulas de poder en Rusia. Desde el tiempo de los Zares hasta hoy que gobierna Vladimir Putin, las relaciones entre el patriarca ruso y el titular del gobierno han sido estrechas. La excepción no fue el tiempo soviético. Durante la Guerra Fría, la Iglesia Ortodoxa tuvo un tratamiento por parte de los comunistas diferente al que recibió la Iglesia Católica romana en Polonia, por ejemplo. Si bien, el comunismo impedía que la práctica religiosa fuera apoyada por el Estado, en Rusia los ortodoxos no sufrieron la persecución religiosa que sí sufrieron los católicos romanos en Polonia, Hungría o la extinta Checoslovaquia.

Durante el pontificado de Juan Pablo II, los rusos ortodoxos recrudecieron su rechazo a Roma, puesto que el papa viajero, fue muy duro en las críticas contra el comunismo, especialmente en contra de los ordenamientos de Moscú sobre sus países satélite –Polonia, Ucrania, Checoslovaquia, Alemania del Este, Hungría, Bielorrusia, Rumania- y no titubeó al sumarse a los esfuerzos de occidente por señalar las atrocidades que cometieron los soviéticos en contra de la población de esos países. En este contexto, la Iglesia rusa, vio el activismo de Juan Pablo II como una extensión más de los esfuerzos de Roma por dominar oriente, en aquellos años en los que se dio el cisma.

Cuba: el lugar neutral

La llegada de un no-europeo al Obispado de Roma, ha representado una oportunidad valiosa para el acercamiento de ambas iglesias, que movidas por su preocupación en torno al destino de los cristianos en medio oriente, han permitido este primer acercamiento.  Así, el hecho de que la reunión se haya concertado en Cuba no es casual. El Patriarca Kirill, se había mostrado reacio a reunirse en Europa, por asociar a ese territorio como uno de los elementos del cisma.

El encuentro se vivió en Cuba, que se ha beneficiado de los oficios diplomáticos de Francisco, pues medió entre el gobierno de la isla y el de EUA para iniciar el acercamiento político que podría poner fin al embargo económico impuesto por las barras y las estrellas. Además, Cuba ha mantenido relaciones armoniosas con la Iglesia Rusa, que durante la Guerra Fría entró a la isla, aprovechando las relaciones entre La Habana y Moscú.

Sin duda alguna, el encuentro es un ejemplo más de los esfuerzos realizados por el Vaticano para promover el entendimiento internacional y sobre todo para llamar a la comunidad mundial a superar las diferencias ideológicas y centrarse en los verdaderos problemas que atañen a la humanidad: en este caso, la persecución religiosa que se ha dado en el conflicto en Medio Oriente.

«Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre», fueron las palabras de Francisco en 2014, durante su encuentro con el patriarca Bartolomé en tierra santa.

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