Editorial 115: Buen vivir es buen convivir

Estrenamos el año 2012 y tal parece que sólo ha sido un mero cambio de fecha. Cambiamos el calendario pero no el rumbo ni el sentido de la vida. Los viejos problemas estructurales de nuestro México no encuentran respuestas, por el contrario, se agudizan. La situación es grave y preocupante. La mayoría de los ciudadanos sobrevivimos indefensos, atemorizados y humillados, cargamos con los costos de una guerra fallida contra el crimen organizado, la miopía de nuestros políticos que buscan el poder para acrecentar sus fortunas, y además nos echamos a la espalda el peso del alza de los servicios públicos, de los impuestos y, de los productos de la canasta básica.

Los buenos deseos para este año 2012 se desmoronan al chocar con la realidad. Los hechos nos dicen que la llamada “cuesta de enero” se prolongará. A la falta de empleos estables y de salarios raquíticos se tiene que asumir la falta de alimentos causada no sólo por la sequía, sino por la decisión política de abandonar el campo mexicano. A la pobreza material y patrimonial, hoy también debemos afrontar la pobreza alimentaria.

Ante esta situación cruzarnos de brazos, renegar o buscar culpables es un desahogo, pero nunca una solución. La exigencia es emprender nuevos caminos para mirar el presente y futuro con responsabilidad y esperanza. Una propuesta en esta perspectiva la ofrece el tema de la agenda latinoamericana que recoge el sueño indígena: “El buen vivir exige el buen convivir”. Es un modelo de vida que encierra la buena nueva del buen vivir frente al mal vivir y en contra del deseo de “la buena vida” y del bienestar insultante de una minoría que intenta adueñarse de los bienes de la casa común que pertenece a toda la humanidad. Este sistema de vida, basado en la vivencia y convivencia, es una alternativa y la invitación de quienes luchan por “otro mundo posible y mejor”.

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