Del clima ya nadie se puede fiar

En los últimos años es más difícil fiarse de la lluvia. Los ciclos están alterados y las señales del clima son menos confiables, o han cambiado tan aprisa que los seres humanos no hemos aprendido a leerlas. Estas alteraciones están relacionadas, según investigaciones científicas, al fenómeno del cambio climático, derivado a su vez de procesos de producción y consumo que dañan al planeta. La irregularidad del clima provoca alteraciones en la vida social y económica de las comunidades. El año pasado el sur de Jalisco padeció una de las peores sequías, y este año las lluvias comenzaron tarde, pero luego fueron abundantes.

“El año pasado no llovió y casi ninguna milpa creció, algunos sembraron tarde y pues también cosecharon tarde y mal, y para finales de enero y principios de febrero se vinieron algunas semanas con lluvia, que pudrieron la hoja de las milpas y algunos ni eso alcanzaron a rescatar”.

Las condiciones del clima determinan muchos aspectos de la vida cotidiana. Hay investigaciones de salud mental que establecen que en las temporadas de poco sol aumenta el número de personas deprimidas. Otros aseguran que los embarazos son más numerosos en la primavera. Y donde se puede documentar mejor la relación del clima y las actividades humanas es en los trabajos de economías primarias, es decir, en la agricultura de temporal. La mayoría de las tierras cultivables y productivas de Jalisco son regadas por las lluvias del verano para humedecer el surco de donde nacerá la semilla productora de alimento. Si hay mucha agua, el cultivo corre el riesgo de malograrse, pero es peor, según los agricultores, cuando la lluvia no aparece y del cielo no cae más que polvo. La sequía es aún más dañina.

El año pasado se registró en Jalisco una sequía que le pegó contundentemente a los agricultores que siembran en temporal. Cifras oficiales de la Secretaría de Agricultura del Gobierno Federal (SAGARPA) señalan que en Jalisco se perdieron alrededor de 100 mil hectáreas por la sequía. Estimaciones de la misma dependencia establecen que en Jalisco se siembran alrededor de 603 mil hectáreas de maíz. Sin embargo apenas 200 mil estaban aseguradas y sólo 100 mil pudieron acceder a los recursos del seguro.

Los números que presumieron los funcionarios, sin embargo, tienen sus matices. Por cada hectárea que tuvo pérdida total las autoridades entregaron 900 pesos. Martín Quintero, campesino de la Costa Sur, explica: “el perdido a todas va y el año pasado perdimos todo. Pero esos 900 pesos alcanzan para muy poco porque nada más de la semilla, cada bolsa cuesta entre mil 200 y mil 600 pesos [una bolsa de semilla rinde una hectárea] más el fertilizante, más el trabajo, no alcanza pues a cubrir ni siquiera la mayoría del dinero que se perdió, pero pues de algo a de servir”.

Entonces la esperanza de los campesinos no estaba fundada en los planes oficiales, sino en que llegara lo más pronto posible el siguiente ciclo de lluvias y volver a sembrar: “el año pasado no llovió y casi ninguna milpa creció, algunos sembraron tarde y pues también cosecharon tarde y mal, y para finales de enero y principios de febrero se vinieron algunas semanas con lluvia, que pudrieron la hoja de las milpas y algunos ni eso alcanzaron a rescatar”, narró el campesino.

Las cosechas fueron pobres y agravaron la situación de las familias dedicadas al campo, quienes pusieron sus esperanzas en un nuevo ciclo, que tardaría otro año en llegar y que no habría de parecerse a otros en el pasado inmediato. Ni a nivel local ni a nivel nacional.

Lo que el agua trajo


El polvo se convirtió en lodo y el temporal de lluvias del año 2010 ha sido abundante, provechoso. Los campesinos experimentados no esconden las expectativas que nacen de la abundancia de agua, pues aseguran que en sequía todo se pierde y de las lluvias, aunque sean fuertes, algo se puede rescatar.

Científicos como Ángel Meulenert Peña meteorólogo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), expresaron hacia el inicio del año las expectativas de que en este temporal, sobre todo en las regiones Centro y Sur de Jalisco, habría entre 15% y 20% más agua que el promedio histórico. También advirtió que si bien en el campo ésta podría ser una buena noticia, era importante considerar que la temporada de lluvias iniciaría formalmente hasta la segunda parte del mes de junio.

La tradición y la predicción meteorológica no fueron exactas. La tradición indica que el 24 de junio siempre llueve. Es el día de San Juan, y las personas mayores relatan que a partir de ese día se esperaba el inicio del periodo de lluvias y que su aparición fuera constante.

De hecho, advierten que había temporales que comenzaban desde antes, incluso desde el 15 de mayo, día de San Isidro Labrador. La tradición atribuye a que el santo patrono de los agricultores regalaba una lluvia que comenzaba a humedecer la tierra en la que al poco tiempo se habría de recibir la semilla generadora de alimento.

Un viejo campesino sureño, Don Pedro, narró: “las lluvias comenzaron un poco más tarde de lo que esperábamos, y eso a algunos les echó a perder y tuvieron que resembrar, porque las primeras semillas no se dieron todas, no fue mucho lo que se tardó y va a llover todavía todo el mes de octubre y hasta principios de noviembre, porque las aguas entraron tarde”.

Otro campesino, ya retirado y que estaba junto a él explicó que hace algunos años, más de veinte, el inicio de las aguas era más confiable, y sobre todo podían echar manos de algunas señales que la misma naturaleza daba. Las aves eran mensajeras del destino del clima: que las palomas o otras aves silvestres comenzaran a construir sus nidos, era sinónimo de que no faltaba mucho para que lloviera, y era el momento de salir a preparar el campo.

Si los nidos de las aves se construían en árboles muy altos, o en casas más cubiertas de lo común entonces se podía esperar que la lluvia estuviera acompañada de tormentas con vientos fuertes. El canto de las chicharras y de las ranas también era un emisario de la lluvia.

El agua llegó y a decir de habitantes de distintas comunidades del sur de Jalisco ha estado llovedor. Sin embargo ven con preocupación lo que pasa en la zona del Golfo de México, con miles de damnificados y personas que pierden su patrimonio y su vida en estados como Tabasco, Veracruz, Tamaulipas. «El año pasado nos tocó sequía y este año las lluvias comenzaron un poco después de que las esperábamos; pero a Dios gracias nos ha ido bien. Sin embargo es difícil esperar algo seguro, o por lo menos normal. ¿Quién nos asegura que el próximo año nos toca inundaciones como las de allá en Veracruz y Tabasco?» reflexionó la señora Catalina.

Inestabilidad climática se traduce en intranquilidad social

Sobre el cambio climático se ha escrito mucho. Pero se puede resumir en que las actividades económicas globales han consumido recursos naturales y contaminado el mundo con un alto impacto. El planeta no alcanza a regenerarse y enfermo como está, altera su temperatura, lo que hace cambiar los ciclos del agua y con eso, los de la lluvia.

La lluvia y el clima son determinantes en la vida social de los pueblos. La escasez de agua es catastrófica y produce que las cosechas se pierdan, lo que a su vez tiene afectaciones negativas en la nutrición, la salud y la economía de las personas. Lluvia en exceso provoca inundaciones que matan gente, destruyen viviendas y cultivos.

Agrupaciones como Greenpeace que han estudiado y denunciado las consecuencias del cambio climático, también coinciden en promover alternativas que reduzcan el impacto de las actividades económicas en el planeta. El pasado 29 de septiembre se desarrolló el día internacional del maíz en el Zócalo del DF, agricultores de todo el país reclamaron acciones que garanticen la soberanía alimentaria, amenazada entre otras cosas por el cambio climático.

Una de las propuestas es: «con las comunidades campesinas e indígenas, trabajamos en el rescate y reproducción del maíz nativo y otras semillas con el objetivo de hacerle frente al cambio climático (sequías y pocas lluvias); para lo cual es fundamental la creación de fondos de semillas comunitarios, que sean manejados por los propios campesinos y campesinas. Estos fondos permitirán la conservación de nuestras variedades de semillas», declaró Pánfilo Hernández, de la organización campesina, Grupo Vicente Guerrero de Tlaxcala.

Poner en práctica acciones que están reñidas con el ideal de capitalismo de alta producción y alto consumo, es una alternativa que organizaciones del sur de Jalisco y de otras partes del país ha demostrado que es viable. Pues los cultivos orgánicos y de maíz criollo son más resistentes a las condiciones adversas del clima y también en el mediano plazo, la producción por hectárea es mayor.

El canto de las chicharras y el nido de las aves aún es emisario de buenas noticias, que piden confiar en las raíces de la actividad humana por naturaleza, que es la agricultura; práctica que establece la necesidad de mantener una relación de mutuo cuidado y de mutuo beneficio con la tierra. La explotación no cabe en esa ecuación. Escuchar a la naturaleza y entender sus necesidades, dará la ventaja de que cuando menos no sorprendan sus reacciones extremas.

En México 70% de la producción de maíz está en manos de agricultores que tienen parcelas menores a cinco hectáreas, y que proveen la mitad del maíz que se consume en el país. Su propuesta es apostar por la agricultura ecológica, orgánica.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 105
Autores: Carlos Efrén Rangel
Sección de Impreso: Raíces

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