Cinco lustros de un proyecto de vivienda popular

En marzo pasado, la colonia Pro-Vivienda Popular (PROVIPO), ubicada al poniente de Ciudd Guzmán, celebró sus veinticinco años de vida comunitaria, aunque en realidad son ya 28, si se suman los tres de lucha popular independiente, un periodo en el que se trazaron las bases organizativas para hacer realidad el sueño de las familias que integraban este movimiento: tener una vivienda digna.

Como parte de las celebraciones, el equipo pomotor de los festejos de PROVIPO, tuvo a bien lanzar una convocatoria para que los mismos colonos hicieran un ejercicio para narrar su propia historia. Este ejercicio fue un proceso retrospectivo para reflexionar qué ha hecho esta organización, cómo son sus integrantes y qué lazos los unen como vecinos y amigos.

De este ejercicio de reflexión se desprende una opinión fundamental: “queríamos ser un grupo de lucha que no dependiera del gobierno y que organizados consiguiéramos un lugar para vivir”, y que además, “fuera una colonia democrática y autogestiva”. Sus integrantes tenían en su ideario colectivo trabajar en favor de la comunidad, estar al servicio del prójimo y del pueblo, y coadyuvar a resolver los problemas del medio ambiente mediante el trabajo solidario.

Los socios y vecinos de la colonia que participaron en esta consulta recodaron con nostalgia la participación decidida, valiente y entusiasta, que se dio en los primeros momentos de su lucha y durante varios años después de haber conseguido la vivienda. Lo anterior se dio gracias a la comprometida labor de sus organos de dirección y de la asamblea general, de la que se desprendían el Consejo de Administración, el Consejo de Vigilancia, las Comisiones, y la instancia popular que conformaba el Grupo de Representantes (dos por grupo vecinal ya ocupando las viviendas de la colonia).

El trabajo físico en faenas, la colaboración de mujeres y niños, el ambiente de camaradería y hermandad, el saber compartir los alimentos, la solidaridad de otros grupos organizados de distintos municipios del sur de Jalisco, el acompañamiento de sacerdotes que animaban el proceso organizativo, las dificultades legales y las trabas del gobierno para reconocer la gestión de una instancia popular e independiente, como la de PROVIPO, salieron de la memoria de los socios fundadores.

Desde sus inicios, esta organización popular creó dos instancia para lograr el objetivo de la vivienda. Una fue la instancia legal, que se encargó de las labores de registrar a PROVIPO como una cooperativa ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, condición jurídica necesaria para ser sujetos de crédito del Fondo Nacional para Habitaciones Populares (FONHAPO); además, de la coordinación legal se desprendieron los órganos de dirección colegiados como los Consejos y Comisiones ya antes mencionadas. La segunda instancia fue de carácter popular y estaba constituida por el grupo de representantes, quienes hacían posible que la información fluyera de manera horizontal hacia los núcleos y viceversa. El grupo PROVIPO se definió a sí mismo como una instancia de lucha popular y como fermento para la participación de la gente “que nunca había andado en manifestaciones”. Esta cooperativa se constituyó en el grupo más comprometido y con mayor claridad en los objetivos políticos de esta lucha popular.

En este ejerció de recuperación de la memoria histórica de PROVIPO, también hubo opiniones críticas. Algunos mencionaron que se ha perdido fuerza en el aspecto organizativo, que se ha incrementado el desánimo en algunos socios o que ya no hay una vida comunitaria de calidad en comparación con los primeros años. Para ejemplicar lo anterior se mencionó que la vida de los núcleos es casi nula, que a las asambleas generales asiste poca gente, o que muchos no cumplen con su cuota de dos pesos por semana para que la cooperativa funcione medianamente y sólo en los aniversarios se logra despertar cierto interés por participar activamente. Hay añoranzas y nostalgias por la organización de antaño, pero no hay tanta voluntad de volverla a revivir, ya sea por apatía o por la dinámica misma de la sobrevivencia de las familias.

Sin embargo, en comparación con otras colonias, la gente dice sentirse orgullosa de vivir en PROVIPO, porque los valores que se cultivaron a través de los temas de estudio, trascendieron. Valores como autonomía, solidaridad, respeto, amabilidad, camaradería y cierta organización siguen vigentes. Se ven como familia, sobre todo en las urgencias y necesidades más apremiantes. Siguen pendientes algunos proyectos que se propusieron desde el inicio, como la implementación de talleres, la tienda de autoconsumo, entre otros.

Los vecinos de PROVIPO valoran en gran medida sus espacios comunitarios como la biblioteca pública (es la única colonia en Ciudad Guzmán que cuenta con este servicio); su plaza comunitaria, espacio para la celebración de sus aniversarios y de otro tipo de fiestas, además de punto de encuentro de niños y jóvenes que salen a jugar; su salón de usos múltiples; su dispensario médico; su cancha deportiva. Además, están orgullosos de ser una potencia futbolera, pues varios de los equipos de balompié han conseguido campeonatos importantes en la región.

Como se puede observar, hay subidas y bajadas en el proceso organizativo de esta colonia, tanto en el aspecto legal, como en el popular. Lo rescatable es que aún se cuenta con buenos recuerdos que se pueden transformar, con voluntad y con visión, en un capital de reactivación de la organización popular que permita, mediante los valores de la autonomía y la autogestión, recuperar la esencia de lo que fue PROVIPO para la ciudad y para la región sur de Jalisco: un faro de esperanza que siga iluminando los procesos incipientes de organizaciones básicas emergentes.

<h3>Publicación en Impreso</h3>
<strong>Número de Edición:</strong> 102
<strong>Sección de Impreso:</strong> Luz y fermento
<strong>Autor:</strong> Profr. Pedro Mariscal

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