Alcanzar una meta es motivo de fiesta

El camino se hace al andar. Sólo caminando se crece y se es capaz de escribir una historia que deje huella. Con esta convicción, todas y todos los colaboradores voluntarios, que durante doce años hemos apostado por el proyecto de El Puente celebramos, con gratitud y alegría, haber llegado a la edición número 100.

El camino se hace al andar. Sólo caminando se crece y se es capaz de escribir una historia que deje huella. Con esta convicción, todas y todos los colaboradores voluntarios, que durante doce años hemos apostado por el proyecto de El Puente celebramos, con gratitud y alegría, haber llegado a la edición número 100.

El 100 es el número conmemorativo por excelencia. En nuestra cultura, todo lo que lleva este número es motivo de celebración. Un ejemplo, en este año 2010, es la celebración de los 100 años de la Revolución Mexicana y las dos veces 100 de nuestra Independencia. En nuestra vida cotidiana, también el 100 tiene su significado: tratamos de dar el 100 por ciento; y si estamos de bien, decimos que estamos al cien. Un anhelo de un buen estudiante es sacar 100 en las calificaciones. No hay duda que el 100 es un número simbólico, mágico e histórico que invita a la reflexión. Es como un semáforo en luz roja que nos exige hacer un alto para revisar lo realizado, pero también, una luz en verde que nos invita a continuar el camino.

s en esta perspectiva de evaluación y proyección, que el equipo de colaboradores queremos celebrar la meta alcanzada de las 100 ediciones de El Puente. Por eso, vimos necesario hacer un breve recuento de nuestro proceso y de las historias contadas e interpretadas en los centenares de textos y fotografías impresas en nuestras publicaciones, que a pesar de sus limitaciones y fallas en su estructura organizativa y proceso de producción, en el diseño y distribución, tiene una línea editorial y un estilo que lo identifican. La intención de hacer esta mirada retrospectiva es valorar el pasado con el propósito de evaluar el presente y proyectar el futuro.

Un poco de nuestra historia

El 27 de octubre de 1997, un grupo de 38 sacerdotes, conscientes del significado histórico y pastoral que implicaba el compromiso de coordinar la parroquia de Santa Catarina, en Pantelho´ en la diócesis hermana de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, empezamos a construir las bases necesarias para responder a este compromiso misionero asumido como diócesis. Una fue la creación de un medio de información sencillo que cumpliera con los siguientes tres objetivos. Ayudar a crecer la conciencia misionera despertada en nuestro Sínodo Diocesano. Sembrar en el corazón de nuestra gente, de manera especial, en los agentes de pastoral, la situación que vivían los pueblos indígenas en Chiapas después del levantamiento zapatista (1994) y de la matanza en Acteal (22 de diciembre de 1997) a través de una información crítica y veraz. Propiciar un puente de comunicación de la vida, la cultura y experiencias pastorales con la diócesis de San Cristóbal. Por eso, en su nombre lleva su misión: ser un puente; nombre que le viene por referencia a nuestra parroquia misión en Pantelho´ cuyo significado etimológico es “Puente de agua”.

Con el compromiso de responder a los objetivos propuestos, una comisión integrada por siete sacerdotes nos embarcamos en esta aventura. El 31 de enero de 1998, después de la Celebración de Envío de los primeros misioneros a nuestra parroquia misión, se repartió en Catedral el primer ejemplar: una hoja tamaño oficio con una impresión de baja calidad en un desteñido color verde. Luego, el ánimo de cumplir lo mejor posible con los objetivos planteados decidimos dar un paso hacia adelante. Se diseñó un boletín de ocho páginas, en tamaño doble carta con cinco secciones, cada una con un objetivo específico. En este formato se editaron los siguientes seis números. Cabe señalar que estas secciones originales siguen siendo parte importante en nuestra publicación.

Motivados por la buena aceptación en la mayoría de las comunidades de nuestra diócesis, el equipo de colaboradores, que en esta etapa se sumaron tres nuevos integrantes, se planteó la posibilidad de abrir el horizonte. El 5 de agosto de 1998, en Zapotiltic, se decidió contar con un medio diocesano con la capacidad de promover la comunicación desde el nivel de base hasta el diocesano y de ofrecer un análisis crítico, con visión evangélica sobre los acontecimientos sociales y eclesiales, con el propósito de generar e incidir positivamente en la opinión pública en nuestra región Sur de Jalisco. Este sueño se hizo realidad. La edición número siete aparece con una nueva estructura, el primer suplemento y con el diseño de un periódico tamaño tabloide de ocho páginas.

El Puente, con el afán de mejorar ha estado en permanente modificación. Su trayectoria lo confirma. A partir de la edición 35, la portada y contraportada son a color. En junio de 2002, en el número 43 presenta un suplemento sobre los 30 años de la vida diocesana. Y desde la edición 43 (febrero de 2005) con 20 páginas y once secciones se inaugura una nueva etapa con la generosa y valiosa participación de académicos y estudiantes de Comunicación del ITESO, que le han impreso una visión y enfoque más profesional.

Aportes de nuestra experiencia

Los esfuerzos por mantener viva esta publicación han sido muchos. Las 100 ediciones son el fruto de un trabajo en equipo, que con pasión y espíritu de colaboración, ha hecho que esta experiencia tenga un valor agregado en sus vidas por la satisfacción de prestar un servicio.

El recuento nos llevó a descubrir cuatro ejes centrales en los que gira la historia plasmada en nuestras ediciones. En primer término, la preocupación por reflejar la vida y el dinamismo de nuestro proceso pastoral. Los temas abordados en las secciones Dichos y Hechos, El Campanario, La vida en nuestras parroquias confirman que nuestro proyecto de comunicación está al servicio de la evangelización. Nuestro compromiso ha sido animar y consolidar los procesos pastorales desde las experiencias comunitarias en el nivel de base, hasta las asambleas y acontecimientos a nivel vicarial y diocesano. Somos conscientes de que nuestro proyecto de Iglesia diocesana debe estar respaldado por un proyecto de comunicación y por productos comunicacionales que estén sintonía con nuestras opciones, presupuestos y criterios pastorales.

El segundo eje se centra en el análisis de la realidad social a nivel nacional e internacional. Una pretensión ha sido que El Puente sea una caja de resonancia de los principales acontecimientos sociales, especialmente, de los que tienen mayor repercusión en nuestra región. A tiempo con el tiempo y Reflejo Internacional son dos secciones, que aparte de darle identidad a nuestro periódico, comprueban lo dicho. Además, el 70 por ciento de los temas abordados en la sección Dichos y Hechos se centran en problemáticas sociales y políticas que vivimos en nuestra región cuyo propósito de fondo es ayudar a reconstruir el tejido social.

Hacer visible aquello que cotidianamente no lo es, es otro de los ejes donde gira nuestro proyecto de comunicación. Las secciones Luz y Fermento y la Página Viva tienen como objetivo presentar experiencias y testimonios de personas, grupos y organizaciones, que por su servicio a la comunidad y labor humanitaria, desde lo pequeño e invisible, son fermentos en la sociedad.

El cuarto eje gira en la intención de fomentar el espíritu solidario y el sentido comunitario en la vida cotidiana presentando alternativas. Nuestro deseo por la construcción de lo común y de generar comunidad, de manera especial, se manifiestan en la sección Remedios de mi pueblo, que en una encuesta realizada hace tres años, aparece como la sección más leída. Las secciones Raíces y Viaje por el Sur cuya misión es recuperar la sabiduría de las tradiciones de nuestro pueblo y descubrir el valor de los recursos naturales de nuestra región, en sus artículos siempre está manifiesta la invitación a respetar el medio ambiente y a promover la cultura del compartir, como medios para recrear la esperanza en estos tiempos de descomposición social.

Con tristeza y preocupación, el recuento nos llevó a reconocer nuestros vacíos. Aunque han sido tema en nuestras reuniones, el hecho es que la realidad juvenil e infantil, las experiencias de las comunidades, el trabajo de los equipos vicariales e instancias diocesanas… son temas que siguen ausentes en nuestra publicación; así como la falta de noticias locales frescas que disminuyan la carga de los análisis y artículos de opinión.

Con los logros y avances, obstáculos y vacíos, nuestra edición 100 es motivo de fiesta. Celebramos la presencia amorosa de Dios Padre en nuestro caminar. El apoyo siempre generoso de los distribuidores y lectores. La pasión y el tesón de los colaboradores que han hecho posible este proyecto, que en sus 100 ediciones, los tres volúmenes encuadernados, los cerca de 200 discos compactos y más de mil fotografías son artífices de una memoria histórica que da razón y explicación de los hechos y acontecimientos sociales y eclesiales sucedidos en los últimos doce años a nivel nacional y mundial, pero sobre todo, a nivel regional. Estamos satisfechos por haber llegado a esta meta; pero nuestro compromiso es seguir caminando, porque somos conscientes de que lo importante es seguir haciendo camino.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 100
Sección de Impreso: Dichos y Hechos
Autor: P. Luis Antonio Villalvazo

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