A 36 años del terremoto…

San José, nos protege en los terremotos y anima la solidaridad

 

A 36 años del terremoto…

 Por: P. José Alfredo Monreal Sotelo

 

La historia de Ciudad Guzmán está marcada por los continuos sismos y temblores de tierra que se han padecido. Ante esta calamidad, San José, nombrado Patrono en 1747, siempre ha protegido la vida de su pueblo. Él ha sido nuestro protector en las catástrofes naturales y sociales, de manera especial ante los terremotos.

Iglesia Catedral de Ciudad Guzmán 19-Sep-1985

Hoy, en este 19 de septiembre de 2021, hacemos memoria de lo sucedido hace 36 años: el jueves 19 de septiembre 1985, siendo las 7:19 horas, se dejó sentir un terremoto de 8.1º en la escala de Richter, que sacudió el centro y el occidente de la República Mexicana, provocando muerte y destrucción en la Ciudad de México y en Ciudad Guzmán.

Este terremoto dejó en nuestra ciudad y sus alrededores: 36 muertos y 750 heridos. 5 900 casas destruidas total o parcialmente. 21 mil personas damnificadas con necesidad de ayuda. En el barrio de Cristo Rey el 70% de las viviendas se destruyeron. Las torres de la catedral se derrumbaron y dañaron seriamente las bóvedas; nueve templos más fueron considerados zonas de peligro, siendo el Santuario de la Virgen de Guadalupe uno de los más afectados; hubo varios edificios públicos averiados entre ellos el mercado municipal, algunas escuelas, la plaza de toros, 3 cines y parte del portal de la calle 1º de Mayo.

Minutos después de ocurrir el terremoto, aquí en Ciudad Guzmán y en otras comunidades afectadas, se dio una respuesta espontánea de la población para rescatar a las personas atrapadas en los escombros, trasladar heridos a los hospitales, apoyar a quienes sufrieron la pérdida de familiares y de distintos modos ayudar a quienes perdieron sus casas.

«…el pueblo clamó y buscó la mano misericordiosa de San José quien, como Buen Samaritano, enviado por Dios»

A día siguiente, 20 de septiembre, sostenidos por la fe y con la tristeza encima, en el Panteón municipal se celebró la Misa por los difuntos y se les dio luego cristiana sepultura. Momento también muy difícil para la población fue el segundo temblor, una réplica de 7.5º que sucedió a las 7:37 de la tarde y que fue un impacto más al ánimo de todos.

Foto: Archivo

En esta situación, de mucho aliento fue la Eucaristía con San José en el estadio Olímpico, para dar gracias a Dios y al Patriarca Santo por su protección a nosotros concedida en el terremoto. Así como lo hicieron los antepasados ante Nuestro Santo Patrono, en medio de ruinas y lágrimas, se reconoció de nuevo su compañía y protección en este momento de muerte y se recordó el antiguo pacto o juramento: José de Zapotlán y Zapotlán de san José. En esta emergencia, el pueblo clamó y buscó la mano misericordiosa de San José quien, como Buen Samaritano, enviado por Dios, una vez más tendió la mano y del polvo levantó a sus hijos caídos y nos animó a vivir la solidaridad y la organización. A la vez, la fiesta de ese año ya próxima no se interrumpió, se le hizo con cariño y devoción en el templo de El Sagrario.

El problema de la destrucción era demasiado grande para poderlo enfrentar sin organización; por eso horas después el Sr. Obispo Don Serafín Vásquez, convocó a los sacerdotes de la ciudad para ver la manera de ayudar a la población y se pusieron a disposición de los damnificados los espacios del Seminario y las Parroquias; se invitó a los agentes de pastoral a colaborar en la catástrofe. Se efectuaron reuniones espontaneas de personas que participaban en los grupos de base, de los grupos juveniles y muchos otros voluntarios con el propósito de dar una respuesta eficaz a las necesidades.

Durante los días siguientes se sintió la experiencia de participación y compromiso que ya había en las comunidades desde antes del terremoto y la organización en los barrios y a nivel ciudad fue creciendo, en la perspectiva de responder desde las propias posibilidades y de manera autogestiva al desastre.

Entre las actividades que se realizaron, como Sociedad Civil, destacan las siguientes:

  • Se establece un albergue en el Seminario Mayor, con el apoyo del Sr. Obispo, las parroquias, los grupos juveniles de la ciudad y los seminaristas, para atender a familias sin casa y elaborar comida para las familias afectadas. Durante los primeros 10 días, que es el tiempo que corresponde a la comunidad, mientras las familias pudieron cocinar de nuevo, se distribuyeron desde el albergue y desde algunos barrios no afectados 40 mil raciones de comida. También, en algunos barrios afectados se organizaron comidas comunitarias para atender directamente la falta de alimentos. El albergue establecido en el Seminario atendió a las familias damnificadas durante un mes.
  • Con representantes de los barrios afectados, se integró un grupo para planear la investigación de la realidad y tener así datos más precisos, para tomar acuerdos sobre la distribución de las despensas a familias sin recursos y para planear las acciones con miras a la reconstrucción.
  • Gracias a la organización y a la investigación, cada barrio identificó a sus damnificados, para hacerles llegar víveres, ropa, láminas y otros utensilios según sus necesidades y de manera ordenada. Se creó un almacén central para captar y distribuir los víveres, desde donde se lograron distribuir 2 500 despensas cada semana. Posteriormente este esfuerzo generó una red de 55 cooperativas de consumo, con 1500 socios.
  • Junto con las acciones de emergencia que se realizaron en los días inmediatos al sismo, los grupos de damnificados comenzaron a analizar el problema de la destrucción y fueron creando pequeñas organizaciones orientadas a solucionarlo. El día 4 de octubre de 1985, se constituyeron los primeros Comités de Reconstrucción y se tomó el acuerdo de que la organización tuviera tres niveles: Comités de Barrio, Comités de Zona y un Comité a nivel ciudad, que se identificó como CCD (Comité Central de Damnificados). Iniciaron la experiencia 35 Comités de Barrio que posteriormente llegaron a ser 72, integrando a unas 1 600 familias afectadas. Estos Comités estuvieron articulados en 13 Zonas de trabajo, por medio de los Comités de Zona y, a la vez, integrados en un Comité Central compuesto por representantes de las zonas de la ciudad y de la región.
  • Para integrarse en los Comités de Reconstrucción se establecieron algunos criterios de participación a fin de atender a los que nada tenían, lograr una mejor organización y dar una mejor respuesta, entre ellos: ser damnificados por el terremoto, no tener ingresos suficientes, estar organizados, participar en la reuniones, en las faenas de trabajo y en las diferentes actividades del Comité; no tener varias propiedades o construcciones, no haber recibido otras ayudas para casa, comprometerse a continuar organizados y a ir devolviendo al mismo grupo la ayuda recibida, en lo que se llamó Fondo Revolvente, para resolver otras necesidades comunitarias.
  • En el mes de noviembre de 1985, los Comités elaboraron y enviaron proyectos de petición de ayuda para la reconstrucción. Varias fundaciones dieron una respuesta positiva a las solicitudes, destacando las Caritas Europeas, Catholic Relief Services, Cruz Roja Suiza y Desarrollo y Paz. Las ayudas se canalizaron a los damnificados a través de la A.C. Vivienda y Promoción Cultural. Gracias a la solidaridad recibida hacia el mes de enero de 1987 ya se habían construido 1,000 viviendas, con una extensión de 49 metros cuadrados para los de construcción total y de 35 metros cuadrados para los de construcción parcial o reparación. Además se consiguieron terrenos para 220 familias de inquilinos. Un poco después, con más participación de los damnificados se lograron otras 600 viviendas, llegando a un total de 1,600 viviendas en ese momento. En los siguientes años, la experiencia se proyectó y generó un proceso de autoconstrucción apoyado por la A.C. Netlacaneco, que respondió a la necesidad de vivienda y que logró, en unos casos aportando más ayuda y en otros casi con la totalidad de recursos de las mismas familias participantes, 500 viviendas más.
  • Fue precisamente a un año del terremoto el 19 de septiembre de 1986, cuando se reabre la Catedral, una vez concluida su reparación, las imágenes de San José, la Virgen María y el niño Jesús, que habían estado durante un año hospedados en el templo de El Sagrario, regresan de nuevo a su casa. Ese día, la comunidad, que siempre se sintió acompañada por el Patriarca Santo en el desastre y animada por su mirada amorosa en la calamidad, renovó solemnemente el juramento hecho por los antepasados, de seguir teniendo a San José como patrono, intercesor y protector de la Ciudad y de nuestra Diócesis, contra todo tipo de catástrofe, de manera especial contra los terremotos y se comprometió a seguirle haciendo su fiesta cada 22 de octubre y a honrarlo con una vida fraternal y solidaria, ante las necesidades de los hermanos.

 

«De la destrucción y muerte nació la organización y la vida»

 

Hoy, a treinta y seis años de haber sufrido el terremoto, podemos decir que junto con la respuesta a la emergencia y la reconstrucción de las viviendas se fue reconstruyendo la comunidad y se revaloró la vida. Además, la experiencia de reconstrucción generó una red de Organizaciones Básicas que existe hasta nuestros días y que ha ido logrando la respuesta a la necesidad de vivienda para familias pobres, con el método de la autoconstrucción; la atención de la salud a través de la medicina alternativa; pequeñas cooperativas de consumo y producción; agricultura orgánica y el cuidado de la creación.

De frente a las nuevas necesidades y ante el inminente peligro de nuevos sismos y calamidades sociales y naturales como la Pandemia de Covid-19, las enseñanzas del terremoto del 19 de septiembre de 1985 y la metodología aprendida son un camino que no debe perderse.

CORRIDO:

 Septiembre día diez y nueve,

la casa se nos cayó.

Un fuerte temblor de tierra,

por el suelo nos dejó.

Eran las siete a.m.

con diecinueve minutos,

cuando sucedió el desastre

dejando varios difuntos.

Muchas personas quedaron

debajo de los escombros,

la gente los rescataba

unidos hombro con hombro.

Hermanos de otros países

llegaron con alimentos,

equipos de rescate

y también medicamentos.

Viendo sus casas destruidas

buscaban organizarse,

para buscar soluciones

pues deseaban ayudarse.

Brindemos hoy mutuamente

nuestra ayuda solidaria,

luchemos todos unidos

para ganar la batalla.

Y no olviden compañeros

que nuestra organización

no sólo pide trabajo

también quiere educación.

(Comités de Reconstrucción)

 

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