El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 29º domingo ordinario 2018

Servidores y esclavos, como Jesús

Textos: Is 53, 10-11; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45

Santiago y Juan ya habían hecho su proyecto de vida: ser el primero y el segundo en la “empresa” o “plataforma política” de Jesús. Ellos le propusieron esto al Maestro, pensando en que sería alguien muy poderoso, como se esperaba al Mesías entre los judíos. Pero Jesús les aclaró que ni Él vino para eso ni sus discípulos tendrían que buscar los primeros puestos. Más bien, deberían esforzarse por ser servidores y esclavos de todos, así como Él les estaba enseñando.

Hoy, que nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía dominical, podemos prepararnos al encuentro sacramental con Jesús haciendo una revisión de nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. Los tres textos nos hablan del servicio, la entrega, el sufrimiento, el darse, todo en función de los demás. En la vida de la comunidad de discípulos y discípulas de Jesús es fundamental convertirse en servidores de los demás, en esclavos de todos. El ejemplo lo tenemos en Jesús.

Jesús acababa de anunciarles a los Doce su pasión en Jerusalén y su resurrección. Quiere decir que estaba dispuesto a dar su vida, a entregarse y a sufrir por los demás. En Él se cumpliría el sufrimiento del siervo anunciado por Isaías. Es curioso que mientras Jesús hablaba de darse, ellos se afanaban por ser los primeros. Y los demás se enojaron contra ellos por eso. Y es que todos andaban buscando lo mismo; cojeaban de la misma pata, como decimos. Eran dos modos distintos y contrapuestos de ubicarse el de Jesús y el de sus discípulos. Por eso, llamó a todos y les dijo que no tenían por qué actuar como los gobernantes, que son dominadores, autoritarios y propietarios, sino como servidores.

Jesús mismo se puso como ejemplo, para sostenerse en el anuncio de su pasión. Les dijo –y nos dice hoy– que no vino para que lo sirvieran sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Vino para cargar los crímenes de las personas y justificarlas, como dice el profeta Isaías. Vino entonces para hacerse esclavo de todos los humanos y no sólo de sus discípulos. Por eso, por haberse compadecido de nuestras debilidades, se convirtió en el Sumo Sacerdote, como lo reconoce la Carta a los Hebreos.

Cómo nos cuesta a nosotros servir a los demás. Ponemos muchas trabas para no ayudar, para no dedicar tiempo a otras personas o a la comunidad en lo que ocupe, principalmente cuando se trata de enfermos o trabajos en común. Cuando se piden ayudantes, muchas veces nos quedamos callados, no tenemos la capacidad de ofrecernos voluntariamente. Nos da trabajo aceptar que nos pidan un favor o un servicio. Es más fácil mandar, dar órdenes, pedir, obligar.

Lo que Jesús propone es que sus discípulos tomemos la decisión de convertirnos en servidores y esclavos de todos, que asumamos como parte de nuestra vida ordinaria el hecho de ser los últimos. Esta es la grandeza a la que podemos aspirar, si es que queremos ser discípulos suyos. Esto implica repensar nuestra vida, vivir la conversión, replantear nuestro proyecto de vida cristiana, fortalecer la conciencia de discípulos servidores, gozar viviendo el servicio a los demás.

Aprendamos de nuestro Maestro. A Él no le daba vergüenza ser el servidor de todos; al contrario, se sabía esclavo y sirviente. Y lo hacía con gusto en la atención a los enfermos, hambrientos, excluidos, pobres; con decisión se entregó en la cruz para nuestra salvación. Ahí se convirtió plenamente en servidor y esclavo. Al comulgar nos unimos a su entrega, a su pasión y muerte. Dispongámonos a recibirlo en esta celebración para salir a servir llenos de su fuerza.

21 de octubre de 2018

Esta entrada fue publicada el 21 de octubre de 2018 a las 6:43 am en la categoría Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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