Homilía para el 2º domingo de Pascua 2013

Del miedo y la duda al testimonio

Textos: Hch 5, 12-16; Ap 1, 9-11. 12-13. 17-19.

Pascua2 C 001

En el Evangelio de este segundo domingo de Pascua nos encontramos con los discípulos de Jesús llenos de miedo y dudas. No era para menos. Con la muerte del Maestro, del Señor, del Mesías, todas sus expectativas habían cambiado. Su caminar junto con Él había perdido el sentido. Las burlas de los judíos que no querían a Jesús ni a su proyecto, no se hacían esperar. Por eso los discípulos estaban encerrados, con miedo, el día en que Jesús resucitó.

Del miedo y la duda al testimonio

Textos: Hch 5, 12-16; Ap 1, 9-11. 12-13. 17-19.

Pascua2 C 001

En el Evangelio de este segundo domingo de Pascua nos encontramos con los discípulos de Jesús llenos de miedo y dudas. No era para menos. Con la muerte del Maestro, del Señor, del Mesías, todas sus expectativas habían cambiado. Su caminar junto con Él había perdido el sentido. Las burlas de los judíos que no querían a Jesús ni a su proyecto, no se hacían esperar. Por eso los discípulos estaban encerrados, con miedo, el día en que Jesús resucitó.

Jesús no los dejó solos. A pesar de que no les creyeron a las mujeres cuando les platicaron que había resucitado, a pesar de que algunos se fueron encontrando con Él durante la mañana del domingo, Jesús se hizo presente entre ellos, como lo está cada ocho días en esta Asamblea. Al llegar, les comunicó la paz, les mostró sus llagas, les devolvió la alegría, transmitió la confianza, los envió a la misión, les dio el Espíritu Santo. Su miedo había terminado.

Lo que sucedió durante la mañana con María Magdalena y las demás mujeres al pie del sepulcro, pasó con el grupo de discípulos. Del desconcierto y el temor pasaron al testimonio. El encuentro con el Resucitado, su presencia y sus palabras, los transformó y se convirtieron en misioneros. Comenzaron a dar testimonio del Señor. Inmediatamente y sin miedo comunicaron la noticia de su Resurrección. No les creyeron ni a ellas ni después a todo el grupo.

Tomás no estaba con ellos cuando vivieron el encuentro con Jesús. Le platicaron y no les creyó. Dudó de la noticia. Él les dijo que solo creía si veía y tocaba las llagas. El miedo y la duda, son parte de nuestra vida ordinaria. Es parte de nuestro ser personas. Es la base necesaria para aceptar el anuncio del Evangelio, puesto que la persona o la comunidad se abren a la novedad. Con la duda puesta, Tomás estaba listo para encontrarse con Jesús resucitado.

Eso sucedió a los ocho días. Ya dentro de la comunidad, a Tomás se le presenta la oportunidad, pues Jesús volvió a visitarlos. Le enseñó sus llagas, dejó que lo tocara, le dio la confianza –no sin reclamarle su incredulidad–, lo invitó a creer en el testimonio de los demás. Y entonces Tomás comenzó a dar su testimonio. Ya convencido –no lo podía hacer sin encontrarse con Jesús– le dijo: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28). De la duda pasó al testimonio.

¿No nos estará pasando lo mismo en la Iglesia? Al hablar de la Iglesia hay que entender que somos todos los bautizados, no sólo los obispos y sacerdotes. Es decir, hay que preguntarnos si como Iglesia, en el barrio, en la colonia, en el rancho, en la parroquia, no estaremos encerrados con miedo y por miedo; si queremos un estilo de Iglesia metido en los templos llenos de celebraciones y en los salones llenos de reuniones, pero con temor de salir a la misión.

Hay que preguntarnos si no somos como Tomás, que estamos bautizados pero vivimos llenos de dudas, rechazando el testimonio de los agentes de pastoral, sobre todo el de los laicos. Hay que preguntarnos si no nos decimos discípulos de Jesús, poniendo la condición de ver y tocar sus llagas para convencernos, pero ignorando la vida y situación de sufrimiento de los pobres, sin asumir el compromiso de acercarnos a ellos, tocarlos, tenderles la mano, solidarizarnos.

Jesús se hace presente entre nosotros en esta Asamblea dominical. Nos transmite su paz, nos habla en el Evangelio, se deja tocar y comer en la Comunión, nos fortalece para ir a la misión. Dejemos nuestros miedos y dudas. Animémonos a salir a la misión. Vayamos a dar testimonio de su Resurrección. Confesemos nuestra fe en Él comunicando la Buena Nueva. Vivamos la solidaridad con sus llagas, que son los pobres. Pasemos del miedo y la duda al testimonio.

7 de abril de 2013

2 pensamientos sobre “Homilía para el 2º domingo de Pascua 2013

  1. hola me dijieron de mi paaroquia que les compartiera lo que se llevo acabo el 25,26,27 de marzo me pueden mandar su correo para enviarselo y lo pedan publicar

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