Homilía para el 1er domingo de Adviento 2015

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Anuncio y preparación

Adviento1 C 16

Con la celebración eucarística de este domingo iniciamos el camino de preparación para recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro. Hoy se nos anuncia la cercanía de la Navidad y, si hacemos caso a este anuncio, viviremos un tiempo fuerte de preparación para recibirlo. Así como el versículo proclamado en el canto del Aleluya nos prepara para el Evangelio y la Palabra nos prepara para la Comunión sacramental, así esta celebración dominical nos prepara para la Navidad.

Anuncio y preparación

Textos: Jr 33, 14-16; 1 Tes 3, 12-4, 2; Lc 21, 2528. 34-36.

Adviento1 C 16

Con la celebración eucarística de este domingo iniciamos el camino de preparación para recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro. Hoy se nos anuncia la cercanía de la Navidad y, si hacemos caso a este anuncio, viviremos un tiempo fuerte de preparación para recibirlo. Así como el versículo proclamado en el canto del Aleluya nos prepara para el Evangelio y la Palabra nos prepara para la Comunión sacramental, así esta celebración dominical nos prepara para la Navidad.

Por la cercanía del Huracán “Patricia”, el pasado mes de octubre, se hizo el llamado a la población para prevenir desastres y tragedias. Ante el anuncio hubo quienes tomaron sus medidas de precaución y salieron de sus casas llevándose lo necesario, hubo otros que permanecieron en sus casas bien protegidos, hubo otras personas y familias que ni se preocuparon a pesar de la fuerza que traía. Ante la llegada de Jesús a los bautizados nos puede pasar algo semejante.

Sabemos que va a regresar un día. No sabemos cuándo ni cómo. Los textos bíblicos solamente hablan de aquellos días y aquella hora, del Hijo del hombre que vendrá en una nube. Por eso se nos invita, especialmente en el Evangelio, a estar preparados, porque caerá de repente como una trampa. Lo dice Jesús con las expresiones de estar alerta, velar y orar continuamente. Esto es lo equivalente a tomar las medidas de prevención ante la cercanía de los huracanes.

La preparación es lo más importante para el día en que llegue el Señor. Y sobre esto los textos bíblicos nos dan luces: por un lado, vivir el amor hacia los demás y caminar en la santidad; por otro lado no dejarnos llevar por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, como el dinero, el placer, el poder, el éxito o la fama. De otro modo, nos puede suceder lo que pasa a quienes no se previenen para la llegada de los huracanes: los arrastra la corriente.

A partir del 8 de diciembre tendremos la oportunidad de vivir el Año de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco. Esto nos puede servir mucho como parte de nuestra preparación para la segunda venida de Jesús. Cultivar la misericordia en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la sociedad, con la naturaleza, es un modo muy bueno de hacer nuestra experiencia de preparación. Es una manera de estar alerta, atentos, vigilantes, despiertos, preparados.

En las familias hay sufrimiento por la pobreza, falta de trabajo, desavenencias, violencia, alcohol, droga, enfermedades, intolerancias. En los barrios y colonias también existen diferencias entre personas y familias, ha crecido la delincuencia, la venta y consumo de droga, la pobreza está más marcada. En la sociedad y el mundo han crecido las injusticias, la violencia, el empobrecimiento, el consumismo, las guerras y tantas otras situaciones que atentan contra la vida.

El medio ambiente está cada vez más deteriorado. La contaminación, los agroquímicos, la tala de árboles, el cambio de uso de los suelos, los tiraderos de residuos, están dañando la Creación. Tanto en la familia como en las comunidades, la sociedad y la naturaleza, se necesita vivir y experimentar la misericordia. Es necesario estar alerta, velando, orando continuamente, para escapar de la destrucción y de las situaciones de muerte, para construir la paz y la armonía.

Jesús, que viene hoy sacramentalmente a nuestro encuentro, nos alerta en relación al ambiente en que vivimos y a lo que puede suceder si no permanecemos en continua preparación. Dispongámonos a recibirlo, con la confianza de que con Él llegan la liberación, la vida nueva, la vida digna. Iniciemos nuestra preparación para la Navidad comprometiéndonos a fortalecer la misericordia para con nuestros familiares, vecinos, compañeros de trabajo y con la naturaleza.

29 de noviembre de 2015

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