Homilía para la Solemnidad de la Natividad del Señor 2019

Comunicar la Vida de Dios
Después de prepararnos durante el Adviento, hoy llegamos a la gran fiesta del Nacimiento del Señor. El Hijo de Dios asumió nuestra condición humana, limitada, frágil, mortal, para darnos la vida y llevarnos a la vida en plenitud por medio de su muerte y resurrección. Con la Eucaristía de hoy damos gracias a Dios este don suyo, que nos renueva y nos impulsa a luchar a favor de la vida.

Comunicar la Vida de Dios

Textos: Is 52, 7-10; Hb 1, 1-6; Jn 1, 1-18

Después de prepararnos durante el Adviento, hoy llegamos a la gran fiesta del Nacimiento del Señor. El Hijo de Dios asumió nuestra condición humana, limitada, frágil, mortal, para darnos la vida y llevarnos a la vida en plenitud por medio de su muerte y resurrección. Con la Eucaristía de hoy damos gracias a Dios este don suyo, que nos renueva y nos impulsa a luchar a favor de la vida.

Isaías invita al pueblo de Dios a alegrarse. Esta invitación se hace plena con el Nacimiento del Niño, al que se le dio el nombre de Jesús. La razón para alegrarse está en que rescata a su pueblo de la opresión y la esclavitud, lo consuela, le descubre su santo brazo, le anuncia la paz, le trae la buena nueva, le anuncia y le hace realidad la salvación de Dios. Esta alegría, aunque no siempre tenemos conciencia de este anuncio del profeta, la expresamos hoy con el encuentro familiar, los saludos y los buenos deseos de Navidad, la convivencia, lo intercambios de regalos.

El autor de la Carta a los Hebreos destaca varios aspectos de lo que es el Hijo de Dios, cuyo Nacimiento festejamos este día: es la voz de Dios, el resplandor de su gloria, su imagen fiel, el sostén de todas las cosas. San Juan lo presenta como la Palabra de Dios, la Vida, la Luz, el que se encarnó, el que puso su morada entre nosotros, el portador de la gracia y la verdad, el Revelador del Padre. Todo esto lo realizó en función y para el bien de toda la humanidad, tomando nuestra carne en el vientre de la Virgen María y naciendo de ella en la periferia, en un establo de Belén.

Lo interesante es que la Palabra de Dios, la Vida de Dios, la Luz de Dios, la Salvación de Dios, la Gloria de Dios, la Verdad de Dios, la Gracia de Dios, se dio a conocer al mundo en la fragilidad de un Recién Nacido. Los primeros en conocer la noticia, alegrarse e ir a buscarlo fueron los pobres, unos pastores que pasaban la noche cuidando por turno sus rebaños; ellos fueron a buscarlo, lo encontraron y transmitieron la noticia a los demás. Los siguientes en saber de su Nacimiento y ponerse en camino para encontrarse con Él, fueron los extranjeros, unos magos de oriente, quienes lo buscaron, preguntaron por Él, se dejaron guiar por la estrella, dieron con Él, lo adoraron, le ofrecieron sus regalos, comunicaron la noticia a sus gentes. La grandeza de Dios, empequeñecido en su Hijo, recostado en un pesebre, se hizo noticia para las gentes y los pueblos de las periferias.

A nosotros nos toca no sólo agradecer a Dios el don de su Hijo, sino asumir nuestro compromiso de trabajar a favor de la vida en nuestra comunidad. Para esto tenemos que escuchar su Palabra, es decir, a Jesús; dejarnos iluminar por su testimonio y compromiso en el anuncio y realización de su Reino, abrirnos a la verdad que Él nos ofrece en sus enseñanzas, siguiéndolo en su camino de servicio y entrega de la vida. En nuestra comunidad hay muchas situaciones de oscuridad y muerte, como la violencia, sea intrafamiliar o social; como la pobreza en que viven muchas familias de nuestra población y la pobreza en otros lugares, que ha estado trayendo a personas y familias de varios estados a buscar la vida para ellas y sus familias, casi siempre sufriendo injusticias; situaciones de oscuridad y muerte como la destrucción de la ecología, por el cambio de uso de suelo, la privatización y extracción desmedida del agua, la contaminación del aire, el agua y la tierra con productos químicos, las enfermedades provocadas por lo mismo; situaciones de oscuridad y muerte como las personas encadenadas por la droga, el alcohol, el dinero fácil, las luchas por el poder…

Agradezcamos a Dios con esta Eucaristía el don de su Hijo. Dispongámonos a recibirlo sacramentalmente, empequeñecido en un pedazo de Pan, para fortalecernos y salir a las periferias a comunicar, como los pastores y los magos, la alegre noticia de su Nacimiento, su Vida y su Luz.

25 de diciembre de 2019

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