Homilía para el domingo de la Sagrada Familia 2021

Con la Eucaristía de hoy, domingo dedicado a la Sagrada Familia, damos gracias a Dios por la vida de Jesús realizada en Nazaret de Galilea, al lado de José y María, y encomendamos a todas las familias de la comunidad.

Discernir la voluntad de Dios

Textos: 1 Sam 1, 20-22. 24-28; 1 Jn 3, 1-2. 21-24; Lc 2, 41-52

Ayer celebramos el nacimiento de Jesús. Con la Eucaristía de hoy, domingo dedicado a la Sagrada Familia, damos gracias a Dios por su vida realizada en Nazaret de Galilea, al lado de José y María, y encomendamos a todas las familias de la comunidad para que, a ejemplo de ellos, vivan en armonía y se formen para la misión en la comunidad y en la sociedad.

Dios les encomendó una misión. Primero, de manera personal, envió a su Hijo al mundo para la redención de la humanidad; enseguida le pidió a María que lo recibiera en su vientre, lo gestara, lo diera a luz, lo criara y educara para que cumpliera su misión salvadora. Después a José, cuando María ya estaba embarazada, le pidió que recibiera a María en su casa y se hiciera cargo del Niño. Ya como familia, ellos tuvieron que aprender a cumplir la misión para la que Dios los llamó. Y los tres la cumplieron con fidelidad hasta su muerte.

Lo que no sabían era cómo les iba a ir. Como en todas las familias, y como festejamos ayer, el nacimiento de un niño es motivo de alegría y de acción de gracias a Dios. No se sabe cómo le vaya a ir en la vida, ni a sus papás lo que les espera con cada hijo e hija. José y María se encontraron con dificultades, como las que se viven en todas nuestras familias. De hecho, desde que el Señor los llamó a través del ángel tuvieron que aclarar qué hacer: ella para quedar embarazada sin el consentimiento de José; él para asumir la responsabilidad con María, que esperaba un Hijo que no era suyo y hacerse cargo del Niño; ambos enfrentando las críticas de sus familias y las habladas de sus vecinos de Nazaret. Después, cuando andaban en Jerusalén para empadronarse, y nadie les ofrecía un lugar para pasar la noche y ella a punto de aliviarse. Al poco tiempo, tener que huir a Egipto para cuidar al Niño que estaba en peligro de muerte por la orden de Herodes que quería matarlo; y llegar a Egipto como migrantes para buscar casa, trabajo y sustento. Después, de acuerdo a lo que escuchamos en el evangelio, cuando Jesús cumplió los doce años y lo llevaron a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y que se les perdió.

En todas esas situaciones y en muchas otras, aunque no comprendieran lo que les pasaba, ellos tuvieron que mantenerse abiertos a la voluntad de Dios para discernir y aclarar lo que tenían que hacer, como dice san Lucas: no entendieron la respuesta que su Hijo les dio; y de María señala que conservaba todas esas cosas en su corazón. Es decir, meditaba, discernía, se preguntaba, dejaba que Dios le hablara. Aunque no comprendieran, sin embargo, abrían su corazón para escuchar al Señor, que les había encomendado la misión.

En ese ambiente creció y se formó Jesús para salir, ya en su juventud, a realizar su misión redentora, a anunciar y hacer presente el Reino de Dios, a ir entregando su vida día a día en el servicio a los pobres y sufrientes. Ellos le ofrecieron los elementos necesarios para que viviera la encomienda que su Padre le había hecho. Y la cumplió con fidelidad hasta la cruz.

Damos gracias al Señor por el testimonio de la Sagrada Familia, y pedimos que todas las nuestras, en medio de los conflictos, dificultades, crisis, alegrías, que vivan, se mantengan abiertas a Él y también sepan discernir la voluntad de Dios y cumplan fielmente su misión.

26 de diciembre de 2021

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.