El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 2º domingo de Pascua 2018

Dar testimonio comunitario del Resucitado

Textos: Hch 4, 32-35; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20, 19-31

Pascua2 B 18

En el texto del Evangelio se nos narran los dos primeros encuentros de Jesús resucitado con su comunidad de discípulos y discípulas. Uno fue el mismo día de su Resurrección; el otro, a los ocho días. Desde entonces hasta hoy Jesús no ha dejado de estar presente en medio de la comunidad para reanimarla ante las crisis, tropiezos y desalientos, para alimentarla con su Palabra y con su Cuerpo y Sangre, y para enviarla a la misión, como acabamos de escuchar.

La comunidad que tiene la experiencia de encontrarse con el Resucitado tiene que dar testimonio comunitario de Él. Este es un desafío para nosotros, que nos reunimos cada ocho días a la celebración de la Eucaristía. El día de la Resurrección, los discípulos estaban no sólo tristes y desalentados sino encerrados por miedo a los judíos. En esa situación se hizo presente Jesús y les deseó la paz. Su presencia los llenó de alegría, los reanimó en su vida, les devolvió el sentido de andar con Él; pero también les dio el Espíritu Santo y los mandó a la misión.

Esta experiencia de encuentro se la comunicaron luego a Tomás, que andaba fuera de la comunidad. De palabra le dijeron que habían visto al Señor, que estaba vivo, que había estado con ellos. No les creyó. Así pasa frecuentemente con quienes se reúnen a las celebraciones o a otros encuentros comunitarios. Mucha gente no les hace caso, no les cree, y se desaniman. Los demás le insistieron a Tomás en su experiencia con Jesús. La responsabilidad de la comunidad es anunciar a Jesús, les crean o no. La comunidad es misionera, pues Jesús les comunicó su Espíritu y envió a todos y todas a vivir el perdón y a transmitir la paz.

Tomás les pidió pruebas para creerles. Él pedía ver las manos de Jesús aportilladas y meter sus dedos en los agujeros de los clavos y su mano en la herida de su costado. También los que estaban en aquella tarde tuvieron que hacer su proceso de fe para aceptar que Jesús estaba vivo; tampoco fue fácil para ellos aceptar y creer, hasta que vieron al señor y contemplaron sus llagas. Esto se le concedió a Tomás la semana siguiente, en el segundo encuentro de Jesús con los suyos.

Después de desearles nuevamente la paz, Jesús le enseñó sus manos y su costado, como había hecho el domingo anterior con los demás discípulos. Entonces Tomás creyó y hasta lo llamó su Señor y su Dios. Jesús le reprochó que no le haya creído a la comunidad. Esto quiere decir que Jesús respalda el testimonio comunitario. ¿No estaremos muchos de nosotros igual, que no le creemos a la comunidad, aunque esté dando testimonio de encontrarse con el Resucitado?

Las primeras comunidades cristianas con su estilo de vida daban testimonio comunitario de Jesús. Mostraban su fe en el Resucitado viviendo unidos, teniendo un solo corazón y una sola alma, poniendo en común sus bienes, compartiendo sus terrenos o casas con los que estaban en la pobreza. Hicieron esto a tal grado que llegó el momento en que nadie pasaba necesidad. ¡Qué testimonio tan claro de que creían en Jesús! No nos falta mucho sino bastante para parecernos a ellos, para ser verdaderos testigos de la Resurrección de Jesús, para ser misioneros en la comunidad y como comunidad. Ellos se alimentaban de la Palabra y de la Fracción del Pan, como hacemos nosotros cada ocho días. Y qué lejos estamos de vivir de la misma manera.

El encuentro de este domingo con el Resucitado nos reanima, nos alimenta y nos impulsa a reasumir la misión como comunidad. Tenemos que dar testimonio comunitario como parroquia de que creemos en la Resurrección del Señor. Dispongámonos a recibirlo en la Comunión.

8 de abril de 2018

Esta entrada fue publicada el 07 de abril de 2018 a las 9:53 pm en la categoría Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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