Homilía para el 25º domingo ordinario 2019

Optar por Dios y la justicia
Jesús advierte a sus discípulos sobre la tentación del dinero y del poder que éste da, y los invita a tener firme su opción por Dios y la justicia. Lo hace por medio de la parábola del administrador sagaz, que acabamos de escuchar. El dinero siempre es una tentación, los puestos son siempre una tentación, el poder es siempre una tentación. Jesús mismo las experimentó, de manera especial en el desierto antes de iniciar su misión y en la cruz, cuando ya la estaba terminando; pero las venció.

Optar por Dios y la justicia

Textos: Am 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13

Jesús advierte a sus discípulos sobre la tentación del dinero y del poder que éste da, y los invita a tener firme su opción por Dios y la justicia. Lo hace por medio de la parábola del administrador sagaz, que acabamos de escuchar. El dinero siempre es una tentación, los puestos son siempre una tentación, el poder es siempre una tentación. Jesús mismo las experimentó, de manera especial en el desierto antes de iniciar su misión y en la cruz, cuando ya la estaba terminando; pero las venció.

Fue lo que le pasó al administrador. Él, viendo la facilidad y aprovechando la oportunidad, malgastó lo que su patrón le había confiado, pensando que no se daría cuenta. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en la propia casa, en los lugares de trabajo, en las escuelas, en la Iglesia, en las mesas directivas, en las cooperativas, en muchos otros espacios? Por el afán del dinero y del poder –a veces por la necesidad–, y porque se tiene acceso a ellos, frecuentemente caemos en la tentación de sacar tajada, de “aprovechar”, de abusar, con la justificante de que “al cabo que nadie se da cuenta”. Al final de la parábola, Jesús aclara a sus discípulos y discípulas que deben –que debemos– ser fieles en las cosas pequeñas y en lo que no es de uno, y servir sólo a Dios.

La razón de todo es que el dinero se convierte en ídolo, se pone en el lugar de Dios y, por tanto, el corazón y la vida se orientan hacia allá, se le rinde culto, se le ofrecen sacrificios. Esto fácilmente lleva a la corrupción, a los abusos, a las injusticias, como lo vemos todos los días y por dondequiera. La dinámica de la sociedad está diseñada en base al dinero, la ganancia, el consumo, y, con tal de sacar más dinero, se pasa por encima de las personas, se destruyen bosques y selvas, se hace negocio con el pobre. Exactamente aquello que denunció Amós: se disminuyen las medidas, se aumentan los precios, se alteran las básculas, se compra a los pobres por un par de sandalias, se vende el salvado como trigo; a esto podemos añadir muchas otras cosas, como se paga menos el trabajo, no se reconocen las horas extras o el trabajo realizado en días festivos, se les paga menos a las mujeres por realizar lo mismo que los varones, se abusa de la necesidad y fuerza de los trabajadores de Chiapas, Oaxaca, Guerrero; se alteran las cuentas en los presupuestos y los informes económicos. No es otra cosa que el dinero convertido en dios y, con el corazón roto, se le sacrifican los pobres.

Si no se tiene claro un proyecto de vida basado en la relación con Dios, y en la justicia y la hermandad, la vida se encauza al beneficio personal, lo que lleva a las desigualdades e injusticias. Por eso, Jesús habló de que el dinero está tan lleno de injusticias y de que eso evita la hermandad y la salvación. El administrador buscó el modo de asegurarse el futuro, de seguir sacando ganancias de su puesto; y su patrón le reconoció la astucia para lograrlo. Pero Jesús también señaló que así son de hábiles quienes pertenecen a este mundo, corrompido por el dinero, los puestos y el poder.

Jesús terminó su enseñanza diciendo que no se pueden tener a Dios y al dinero en el mismo nivel, porque no lo están: Dios da la vida y nos hizo a todos iguales, con la misma dignidad y los mismos derechos, ve por todos y quiere que todos nos salvemos, como dice Pablo; el dinero, en cambio, trae la muerte, las injusticias, la ruptura de la hermandad, las desigualdades sociales, la destrucción del medio ambiente. O se prefiere a uno y o a otro. Para los discípulos y discípulas tienen que estar contrapuestos, y Jesús espera que se tenga a Dios en el corazón y se opte por su proyecto de salvación y por la justicia y la hermandad entre personas. Tenerlo en el corazón es lo que sostiene a los discípulos y discípulas ante las tentaciones del dinero, los puestos y el poder, así como sostuvo a Jesús en los momentos duros de las pruebas a que fue sometido por el demonio.

22 de septiembre de 2019

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