Homilía para el 12º domingo ordinario 2022

Una cosa es saber cosas sobre Jesús y otra, muy distinta, seguirlo en su camino. Lo podemos descubrir a la luz de los textos bíblicos de este domingo.

Seguir a Jesús sin condiciones

Textos: Zac 12, 10-11; 13, 1; Gal 3, 26-29; Lc 9, 18-24

Una cosa es saber cosas sobre Jesús y otra, muy distinta, seguirlo en su camino. Lo podemos descubrir a la luz de los textos bíblicos de este domingo. San Pablo nos recuerda que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo y nos revestimos de Él. Estamos unidos a Jesús desde el Bautismo y esta unión la renovaremos en el momento de comulgar, pues expresaremos que estamos en comunión con Él y que, por tanto, viviremos como Él.

A la pregunta que hizo a sus discípulos sobre lo que se decía de Él, era fácil responder que un profeta, como lo identificaba mucha gente, o que era el Mesías de Dios, como le dijo Pedro. Ciertamente era profeta y no cualquiera, aunque pensaban que sería Elías que había regresado o Juan Bautista que había resucitado; era, y sigue siendo, el Profeta. Un profeta está lleno de Dios y habla de Él, se convierte en su mensajero, vive austeramente, denuncia situaciones de injusticia y desigualdad, llama a la conversión. Eso hacía Jesús y mucho más. Aunque un profeta también sufre desprecio, persecución, amenazas de muerte e incluso la misma muerte. Todo esto le pasó a Jesús, que terminó crucificado.

Cuando Pedro le respondió que era el Mesías de Dios, estaba en lo cierto. Jesús era, y es, el ungido de Dios. Mesías significa ungido. Jesús mismo lo reconoció al anunciar su misión en la sinagoga de Nazaret, al decir que el Espíritu del Señor lo había ungido y enviado para anunciar la Buena Nueva a los pobres. A esto dedicó toda su vida, a ser la Buena Noticia para los pobres, los descartados, los rechazados. Pero el modo de ser Mesías fue muy distinto al que se imaginaban los discípulos. Ellos, al igual que los judíos, pensaban que sería alguien muy poderoso, triunfante, con ejércitos y sirvientes a sus órdenes. Por eso les pidió que no dijeran a nadie que era el Mesías, porque lo iban a aclamar y homenajear.

Él tenía otro diseño de Mesías: un Mesías servidor, débil, sufriente, condenado a muerte y asesinado. Él era aquel personaje anunciado por Zacarías: traspasado por la lanza y motivo de duelo como el que se vive por el hijo único. Por eso les anunció que iba a sufrir mucho, a experimentar el rechazo de las autoridades religiosas judías, a ser entregado a la muerte y a resucitar. Eso era lo que le esperaba como Mesías. Entonces no era el poderoso que esperaban los judíos, sino el destazado en la cruz, como lo reconoce un canto.

Aquí es donde viene lo bueno, porque inmediatamente aclaró que, si alguien quiere ser su discípulo y acompañarlo en su camino, tiene que asumir el mismo estilo de vida de Él y experimentar lo mismo. Quien decide ser su discípulo o discípula no se tiene que buscar a sí mismo, sino a Jesús; debe cargar la cruz de la entrega y el servicio a los últimos, y seguirlo sin pretextos ni trabas, con la conciencia de que puede tener el mismo final. Esto es mucho más que saber cosas sobre Jesús, porque implica optar por Él. Saber cosas es algo de la mente, tomar opciones es propio del corazón; y el corazón es el que manda en la vida.

Hoy domingo tenemos esta oportunidad de repensar nuestra vida y renovar nuestra opción por seguir a Jesús sin condiciones. Podemos saber muchas cosas sobre Él, pero lo importante es que vivamos como discípulos suyos siguiéndolo en la entrega de la vida.

19 de junio de 2022

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