Homilía del domingo de la Sagrada Familia

“Levántate, toma al niño y a su madre” (Mt 2, 13). Estas fueron las palabras que José escuchó dos veces de parte del ángel del Señor: la primera para huir a Egipto y salvar la vida y la integridad del Niño, amenazado de muerte por el tirano Herodes; la segunda para regresar de Egipto a Israel y continuar con su vida familiar ordinaria. Las dos veces, José hizo lo que se le indicó de parte de Dios: se levantó […] tomó al niño y a su madre y partió […] y regresó (vv. 14. 21).

 
 

“Levántate, toma al niño y a su madre”

 

Textos: Eclo 3, 3-7. 14-17; Col 3, 12-21; Mt 2, 13-15. 19-23.

“Levántate, toma al niño y a su madre” (Mt 2, 13). Estas fueron las palabras que José escuchó dos veces de parte del ángel del Señor: la primera para huir a Egipto y salvar la vida y la integridad del Niño, amenazado de muerte por el tirano Herodes; la segunda para regresar de Egipto a Israel y continuar con su vida familiar ordinaria. Las dos veces, José hizo lo que se le indicó de parte de Dios: se levantó […] tomó al niño y a su madre y partió […] y regresó (vv. 14. 21).

Les sucedió lo mismo que a miles de familias de nuestras comunidades, que huyen de la violencia cada vez más ordinaria en nuestro país; que van del campo a la ciudad o de nuestro país a los Estados Unidos para buscar mejores condiciones de vida. Ante la pobreza y la violencia, que siguen creciendo sin control, las familias tienen que cuidar su integridad, su sobrevivencia, su crecimiento integral. Muchas se ven obligadas por la situación a emigrar y no debería ser así.

Para tomar estas decisiones se tiene que dialogar. José y María tuvieron que platicar antes de dar el paso y obedecer la voz de Dios. Las decisiones en las familias tienen que ser dialogadas entre los esposos y con los hijos, sobre todo cuando se trata de cuidar la integridad de sus miembros, de acompañar lo mejor posible el crecimiento integral de los hijos y de realizarse como personas y como cristianos. Jesús creció en este ambiente con sus papás.

Hoy que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, podemos profundizar en la vida de nuestras familias a la luz de los textos bíblicos que se acaban de proclamar. En ellos se nos muestra el ideal de relación a lo interno de cada familia. Entre esposos se espera que haya una relación de amor, como lo expresa san Pablo: Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas (Col 3, 18-19).

En base a esa relación de amor se puede construir la relación entre padres e hijos. Si no existe la armonía entre los esposos, no se puede esperar que haya buenas relaciones mutuas entre los hijos y sus papás. El autor del libro del Eclesiástico pide a los hijos e hijas honrar, valorar, cuidar a sus papás. San Pablo dice: Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman (vv. 20-21).

En la relación entre hermanos, que es la garantía de las relaciones entre los miembros de una comunidad, Pablo indica cómo debemos vivir: sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro […] tengan amor […]. Que en sus corazones reine la paz de Cristo […] sean agradecidos. […] Enséñense y aconséjense unos a otro lo mejor que sepan (vv. 13-16). ¿Cómo andamos en esto?

Si Jesús vivió el amor, el servicio, el perdón, la compasión, la humildad, la paciencia… a lo largo de su vida, fue precisamente porque todo eso lo aprendió de José y María, en medio de la lucha por la sobrevivencia, tanto en Egipto como en Nazaret, donde hicieron su vida familiar. La responsabilidad de José al frente de su familia no consistió únicamente en levantarse, tomar al niño y a María y emprender el camino, tanto de huida a Egipto como de regreso a Nazaret.

José y María enseñaron a Jesús a caminar en la vida como persona de bien, como miembro activo del pueblo de Dios, como trabajador al servicio del Reino. Dios nos habla por medio de su Palabra, como le habló a José en aquel tiempo. Hay que hacerle caso. De esta Eucaristía los papás tienen que levantarse, tomar a sus hijos e hijas y emprender el camino tanto en el cuidado y defensa de la integridad de su familia como en la formación integral de sus hijos e hijas.

26 de diciembre de 2010

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