Homilía del 31er domingo ordinario 2010

La salvación es un regalo de Dios que exige que las personas lo aceptemos. Lo acabamos de escuchar en el texto del Evangelio. Ante la reacción de Zaqueo, que muestra su conversión con signos concretos, Jesús expresa con alegría: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19, 9). La salvación llega con Jesús, Zaqueo se abre a ella y la acepta; de esta manera se une al proyecto salvador de Dios. Zaqueo decide convertirse al Reino propuesto por el Señor.

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”

"Hoy tengo que hospedarme en tu casa"

Textos: Sab 11, 22-12, 2; 2Tes 1, 11-2, 2; Lc 19, 1-10.

La salvación es un regalo de Dios que exige que las personas lo aceptemos. Lo acabamos de escuchar en el texto del Evangelio. Ante la reacción de Zaqueo, que muestra su conversión con signos concretos, Jesús expresa con alegría: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19, 9). La salvación llega con Jesús, Zaqueo se abre a ella y la acepta; de esta manera se une al proyecto salvador de Dios. Zaqueo decide convertirse al Reino propuesto por el Señor.

Con la expresión de Jesús, aparece que es una realidad lo que canta el libro de la Sabiduría sobre el modo de actuar de Dios: Te compadeces de todos, y aunque puedes destruirlo todo, aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse (11, 23). Dios espera y espera y espera el arrepentimiento de sus hijos que han caído en el pecado. Dios no es vengativo ni castigador, sino paciente y misericordioso porque es amor.

Este modo de actuar de Dios lo muestra Jesús y lo tenemos que manifestar sus discípulos. A diferencia de la gente que lo criticaba porque se había metido en casa de un pecador, Jesús busca y encuentra a Zaqueo, le dice que tiene que hospedarse en su casa. Allí, aunque el texto no dice cómo, le ofrece la misericordia de Dios que a nadie excluye de la salvación por más pecador que sea. Al contrario, lo incluye pero espera el arrepentimiento y la conversión.

El encuentro con Jesús conduce a la conversión. Es lo que le sucede a Zaqueo y lo que tiene que pasar con cada uno de nosotros cuando nos encontramos con el Señor. Esta celebración Eucarística de domingo es un encuentro personal y comunitario con Cristo y es otra oportunidad que Dios nos ofrece para ponernos en el camino de la salvación. Pero tenemos que asumir nuevamente el proceso de conversión, que no debemos dejar a lo largo de nuestra vida.

Jesús se alegra porque la salvación llegó a la casa de Zaqueo. Era necesario que este pecador público la aceptara y así lo hizo. Se arrepintió de su anterior vida fincada en la injusticia, la tranza, el abuso, la explotación, la lejanía de Dios. No podía ya seguir en ese estilo de vida, no debía continuar viviendo así después de hospedar a Jesús en su corazón. Decidió convertirse al Reino propuesto por Jesús, pues asumió el camino de la justicia, la solidaridad, la igualdad.

Zaqueo decidió convertirse a los pobres y ponerse a su servicio compartiendo sus bienes con ellos y restituyendo lo robado, más de lo que pedía la ley. De esta manera, Zaqueo estaba en el primer paso del seguimiento a Jesús, pues había decidido desprenderse de sus bienes para repartirlos entre los pobres. La salvación exige dedicar la vida a servir a los pobres. Nadie puede salvarse sin optar por los pobres. Jesús vive esta dimensión a lo largo de su ministerio.

Jesús dijo la razón por la que la salvación había llegado a la casa de Zaqueo: “también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19, 10). Zaqueo se había perdido en la adoración al dios dinero porque había abandonado al Dios liberador de Israel, se había extraviado del camino de la salvación porque había construido una vida egoísta pensando en sí mismo y su riqueza y se había olvidado de sus hermanos.

En esta Eucaristía Jesús nos viene a buscar, puesto que somos pecadores. Él quiere hospedarse en nuestra casa, nos invita nuevamente a la vida del Reino, nos ofrece el camino de la salvación, nos manifiesta lo misericordioso que es Dios. Al escucharlo en el Evangelio y al comulgar sacramentalmente nos convertimos en casa que lo hospeda. Hay que tomar la decisión de convertirnos y de manifestarlo con signos concretos de hermandad para con los pobres.

31 de octubre de 2010

1 pensamiento sobre “Homilía del 31er domingo ordinario 2010

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *