Venerar la Cruz nos compromete

La Cruz tiene para nosotros un significado muy fuerte. En ella Cristo Jesús dio la vida. El transformó el castigo en bendición y desde entonces la Cruz, que era signo de muerte, se transformó en un signo de vida y camino para alcanzar la resurrección.

En nuestra región existe la devoción a la Santa Cruz que se remonta a tiempos antiquísimos; señalan los estudiosos que como signo ya existía en las culturas indígenas. Los primeros misioneros, dondequiera que llegaron levantaron el signo de la Cruz: en lo alto de los montes, en las ruinas de los templos paganos, en las plazas, en las encrucijadas de los caminos, en Iglesias, retablos y hogares cristianos, en el centro de grandes atrios. Por eso señalaba el misionero y cronista Toribio de Benavente (Motolinia): Está tan ensalzada en esta tierra la señal de la Cruz por todos los pueblos y caminos, que se dice que en ninguna parte de la cristiandad está tan ensalzada, ni adonde tantas y ni tales ni tan altas cruces haya; en especial las de los patios de las Iglesias son muy solemnes, las cuales cada domingo y en cada fiesta adornan con muchas rosas y flores, y espadañas y ramos.

De esto también nos habla el cronista fray Jerónimo de Mendieta: Muchos usan traer una Cruz al cuello, y en la cuaresma por su devoción se cargan de una Cruz bien pesada, y van con ella á alguna ermita ó iglesia harto lejos del pueblo donde moran. Yo los he visto ir más de media legua, y en la Semana Santa es cosa de ver los crucifijos y cruces que sacan; y las que tienen por la calles y caminos, tienen mucho cuidado de enramarlas, en especial los días de fiesta, y adornarlas con sartas de rosas y flores. Finalmente en todo los que ellos pueden y se les ofrece, muestran la devoción que tienen á la santa Cruz, porque han experimentado su virtud en muchos peligros de que por ella se han librado…

Y aún en nuestros días podemos contemplar la devoción y cariño que se le tiene a la Santa Cruz. Aquí compartimos la devoción a la Santa Cruz del Buen Pastor, venerada en una capilla ubicada en la parte sur de Ciudad Guzmán, perteneciente a la Parroquia de San Pedro. Los datos son el resultado de una investigación llevada a cabo por seminaristas de filosofía en 1995.

La Capilla a la Cruz del Buen Pastor, por una inscripción que se encuentra en una viga de madera, se cree que fue construida en 1817, con la cooperación de toda la gente; unos cooperaron con adobes, latas, tejas, carrizo, izote y otros dando horas de trabajo, pero todos los vecinos cooperaron según sus posibilidades.

La devoción a la Santa Cruz, señalan los fieles, es herencia de nuestros antepasados; comenzó aquí en la capilla de la Cruz del Buen Pastor, de forma más organizada en 1854. Esta devoción se ha ido pasando de padres a hijos y más tarde entre personas del barrio, hasta nuestros días. El novenario a la Santa Cruz no era como ahora. La Santa Cruz era llevada a las casas de los encendedores y el último día era llevada a la Parroquia de San José (hoy Catedral). Allí se juntaban las cruces de otros lugares del pueblo y después de la Misa de función se regresaban a la capilla; la Santa Cruz del Buen Pastor ocupaba el primer lugar en la procesión.

Cuando inició la devoción y la fiesta, los primeros encargados o cuadrilleros que animaron la devoción fueron los siguientes: Tomas López, Andrés Pascual, Modesto García, Merced García, José Baltazar y Máximo Baltazar. El actual responsable de la Santa Cruz desde 1973 es el Señor Jesús Cibrián Bautista, quien, desde muy joven, ya colaboraba y siempre ha contado con el apoyo de su esposa y familia.

El dueño y encargado de la Cruz, en un principio fue Don Tomás López y él fue quien donó el terreno para la capilla. Para celebrar a la Santa Cruz desde hace mucho tiempo se hace una rifa de la mayordomía. Los días del novenario se distribuyen entre las personas encargadas a las que se les llama “encendedores”, a cada uno de ellos les toca organizar un día del novenario, colaborar con la cera y las flores y compartir con los asistentes: tostadas, agua fresca, tamales, atole, etc.

En la Santa Cruz están plasmados los signos que hablan de la Pasión de Jesús: los clavos, el sol, la escalera, el martillo, la túnica, la corona, el cáliz, las ataduras, la lanza, los grilletes, el rostro de Jesús (el manto de la Verónica), el corazón, la lámpara, el gallo, la columna, los dados, la sangre derramada que cae al cáliz, las treinta monedas, la calavera, etc.

El día dos de mayo, se lleva el Patole. Antiguamente el Patole era un arco de pañuelos, de mascadas y de perlas brillosas y ahora son cuatro arcos con flores y palmas de cocos, panes, adornos con pañuelos y plátanos; jarros, soplador y cosas que se ocupan para la fiesta. Ese día, víspera de la fiesta, también hay castillo y música. El patole se baja al día siguiente por la noche.

Para el tres de mayo, el día principal de la fiesta, la capilla está llena de flores y el techo de la capilla está adornado con papel de china labrado o picado. Tiene figuras de cruces, estrellas, liras y flores y otros símbolos, trabajo elaborado por el Sr. Raymundo Pascual y su esposa. La Cruz se encuentra al centro de la capilla rodeada de abundantes flores, velas y adornos de papel. Ese día se tiene la Misa de función presidida por el Sr. Obispo y con la participación de los encargados de la fiesta y de mucha gente del barrio y de diferentes lugares de la ciudad.

Celebrar la Cruz es reconocer el camino de Cristo Jesús que llega a la Resurrección, pasando por el sufrimiento de la Cruz; es aceptar la dimensión de la Cruz como parte de nuestra vida; es comprender que el que quiera ser fiel a Jesús debe saber cargar la Cruz de cada día y seguirlo. Por eso el venerar la Santa Cruz nos compromete con Cristo y nos anima a colaborar con su causa.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 108
Autores: Hagamos memoria
Sección de Impreso: P. Alfredo Monreal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *