Trascender más allá de la muerte

“La gente no tiene miedo a morir, la gente tiene miedo a morir en una unidad de cuidados intensivos, alejados del alimento espiritual que da una mano amorosa, separados de la posibilidad de experimentar las cosas que hacen que la vida valga la pena” (Elizabeth Kubler Ross1926-2004).

Todos nos enfrentamos con la muerte. En algún momento de la vida experimentamos la pérdida de un amigo, de nuestro padre o madre, de un hijo, abuelos o compañeros de trabajo. Al final de nuestra existencia le veremos la cara a la muerte en el momento de afrontar nuestro propio deceso; este hecho atemoriza, pues es una incógnita lo que pasa después de ese transe.

Hablar sobre la muerte resulta siempre complejo y doloroso. Aún cuando es un hecho que a todas las personas les va a suceder tarde o temprano. Por eso es importante comprender que la muerte es un proceso natural de los seres vivos y que debe ser factor de reflexión interior.

La Tanatología es también conocida como la “Ciencia de la muerte”. Auxilia al individuo y a los familiares a afrontar los procesos de dolor, pérdida y muerte de manera individual o familiar. Este término fue acuñado por un médico ruso Elías Metchnikoff en 1901.

Con el paso del tiempo la Tanatología cambió su enfoque como una ciencia que auxilia a los enfermos terminales a aceptar su proceso, a sentirse dignos y útiles. Mientras que a los familiares les ayuda a aceptar pérdidas significativas; esta labor de dignificación de la muerte o nuevo sentido tanatológico fue desarrollado por la Dra. Elizabeth Kubler Ross, psiquiatra experta en muerte, enfermos terminales y cuidados paliativos (1926-2004).

La Dra. Kubler Ross decía sobre su profesión: “el conocimiento va muy bien, pero el conocimiento solo no va a sanar a nadie. Si no se une la cabeza, el alma y el corazón, no se puede contribuir a sanar a ni un sólo ser humano”. La especialista propuso un aliciente para contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas enfermas o en estado de abandono en las propias familias y sociedad.

¿Por qué nos duele la muerte?

La pérdida de un ser querido siempre implica tristeza o dolor que se siente por los lazos afectivos generados con la convivencia cotidiana. El saber que un ser querido ya no estará físicamente genera un vacío muy difícil de llenar en las personas afectadas. Los especialistas proponen vivir ese proceso de pérdida llamado “Duelo” para tratar de recuperar la vida lo más normal posible en el menor tiempo.

¿Cómo llevar a cabo un proceso de duelo?

El duelo es un proceso natural que experimenta el ser humano después de sufrir una pérdida significativa, suele durar entre uno y dos años, pero depende de cada persona. Los especialistas recomiendan que si no hay recuperación en este periodo se acuda con un profesional de la salud, pues el no sanar este tipo de heridas emocionales puede resultar en problemas de depresión y sufrimiento crónico.

El proceso de duelo puede resumirse en cuatro pasos.

Negación: Es un mecanismo de defensa de la persona que consiste en negar un suceso o hecho que afecta la vida, durante este paso es necesario asimilar poco a poco la pérdida del ser querido y afrontar la realidad. Los indicios de que alguien se encuentra en este periodo son no aceptar el fallecimiento de la persona, mencionando que su espíritu está presente, que siente que va a llegar pronto.

Ira: Es normal sentir enojo e impotencia por una situación que no se puede cambiar, lo importante es canalizar y reconocer el dolor. Los indicios de que alguien se encuentra en este periodo son: enojo con los familiares, con las demás personas, siente que nadie lo comprende e incluso enojo con Dios por haberle quitado a un ser querido.

Depresión: Este estado está caracterizado por abatimiento e infelicidad, durante este periodo es necesario buscar redes de apoyo, la familia es un elemento fundamental, hablar sobre lo que sienten, expresar sentimientos genera la aceptación de la partida, en caso de no poder manejarlo, es importante recurrir a un profesional de la salud para que los oriente adecuadamente, los indicios de que alguien se encuentra en este periodo son: sueño y cansancio excesivo, no querer levantarse, tristeza recurrente, aislamiento y cambio de hábitos alimenticios.

Aceptación:
Es la parte final del proceso y significa aceptar la pérdida y avanzar. No es tan sencillo, pero para llegar hasta aquí es necesario tener terapias ocupacionales, individuales o familiares que le dan un nuevo sentido a la vida. También es sano reestructurar la existencia o la de la familia; el fin esencial es afrontar el hecho para poder reintegrarse nuevamente a la cotidianeidad.

Hacer la muerte más humana

En la actualidad es común que personas mueran en el abandono y soledad, quienes enfrentan esta problemática son en su mayoría adultos mayores o enfermos terminales que han sido recluidos en hospitales, asilos o en sus propias casas, dejando que el sufrimiento y el temor los inunde a la muerte.

Se vive en una sociedad deshumanizada que se ha olvidado del calor del hogar, los valores y las personas; ya no se preocupa por los que están al lado sino más bien por el propio bienestar. Para evitar ese escenario es necesario tomar conciencia en familia del sentido e importancia de la vida, dándole un trato digno a las personas que se encuentran alrededor, sobre todo en los momentos de mayor necesidad como en las enfermedades, la pobreza o el abandono.

Dignificar la vida del hombre es acompañarlo día a día, hacer que se sienta parte de una familia que aún se interesa por él. Dignificar la vejez, los sufrimientos y las enfermedades es hacer que el ser humano sienta el respaldo emocional de los seres queridos, pues en esta etapa la imposibilidad de valerse por sí mismos los hace más vulnerables debido a que las fuerzas vitales son menores. Dignificar la muerte es necesario para la partida tranquila de la persona, es acompañarlo en este proceso transitorio donde se experimenta temor o dolor, compartir el lecho de muerte permite sentir el calor y el valor que tiene como ser humano.

Estas acciones permiten a las personas que viven un proceso cercano a la muerte sentirse reconocidos, tomados en cuenta, que siguen estando presentes en la vida de los demás, que no son un estorbo o una carga económica y moral, que todavía son capaces de emitir opiniones y de tomar decisiones con respecto a su persona en un espacio de autonomía; llevar a cabo estas labores permite que el acompañante o familiares sanen sus heridas o sentimientos de dolor y tristeza, ya que ha hecho todo lo posible por brindar amor, compasión y ternura en los momentos de mayor necesidad del enfermo.

La muerte como elemento social

Elementos simbólicos del duelo se han perdido. La vestimenta negra, el guardar luto por un año y dejar de asistir a fiestas son acciones que ya no se viven. Tradicionalmente las familias empleaban estos ritos para despedir a sus difuntos, velarlos, realizar el novenario, el levantamiento de la cruz y darles sepultura ayudaba a que los deudos mantuvieran la esperanza de volver a encontrarse con ese ser querido que ha partido.

Celebrar la muerte

La tradición del día de muertos en México tiene sus orígenes en la época prehispánica. En esa época se tenía la creencia que los muertos en su viaje al más allá necesitaban comida para llegar a su destino final, por lo que al morir se dejaba junto a ellos comida, agua, objetos valiosos y ofrendas para hacer más sencilla su travesía.

Con la llegada de los españoles esta tradición se mezcló y se dedicó el 2 de noviembre del calendario cristiano al Día de los fieles difuntos. Se conservó la creencia que esos días los difuntos regresan a visitar a sus seres queridos; para celebrar su regreso se preparan comidas y agua para agasajarlos. Este encuentro con los difuntos, rinde honor a los antepasados y es un reconocimiento a quienes ya partieron y dejaron un camino labrado.

Vivir los signos del duelo permite afrontar la muerte de manera más sana. Entender la muerte es vital para ayudarle a los seres queridos que enfrentan ese proceso aportándoles cariño y apoyo y para quienes sobreviven a darle sentido a su vida al superar la pérdida.

“La muerte no es más que un desprendimiento del cuerpo físico como la mariposa de su capullo. Se trata de una transición a un estado superior de conciencia donde continuarás percibiendo, entendiendo, riendo, y podrás crecer”, dijo Elizabeth Kubler Ross, 1926-2004.

Reflexión de fe sobre la muerte
P. José García, Vicario General de la Diócesis y Párroco del Santuario de Guadalupe.

Para que una familia acepte el proceso de enfermedad y muerte de un ser querido es necesario tener fe y esperanza en la vida eterna, que como hijos de Dios estamos destinados a ir a la casa del padre y que tarde o temprano todos nos reuniremos en Dios. Lo primordial es dar amor y comprensión y no atentar contra la vida antes que Dios lo llame. El bien morir es prepararse durante toda la vida, viviendo en la justicia, el amor y la solidaridad al prójimo, para vivir su fe en Dios y Jesucristo. Los sacramentos son parte esencial en la preparación de una buena muerte, recurrir a la misericordia divina y a la Santísima Virgen para que nos dé fuerzas y aceptar nuestro destino.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 114
Autores: Mónica y Ruth Barragán
Sección de Impreso: Remedios de mi pueblo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *