Las primaveras son el cobijo para los difuntos

  • En estos tiempos violentos, los panteones cada vez  son más visitados por los familiares de los difuntos.
  • «De 1996 a 1999 el cementerio fungió como recinto para el servicio médico forense, aquí llegaban cuerpos de toda la región», comentó el señor sepulturero.

Ciudad Guzmán, Jalisco

19 de febrero de 2014

Dicen las leyendas, que en los panteones existen toda clase de peligros, apariciones, puertas al mundo de los muertos. Sin embargo para el señor Enrique Hernández Moran, quien se ha dedicado por más de 40 años a deambular por las calles del panteón “Miguel Hidalgo y Costilla” de Ciudad Guzmán, “el panteón es un lugar de descanso y tranquilidad”, así inicia un pequeño recorrido por las diez hectáreas que comprenden el cementerio municipal.

Al entrar al cementerio se pueden encontrar las edificaciones más significativas, pertenecientes a las familias  más adineradas de la ciudad, sin embargo eso no es lo que resalta, sino las tres enormes palmeras que se elevan  y que dan al camposanto una serenidad, incluso un pintoresco aire costeño.

“He conocido, te podría decir, las diez hectáreas de este cementerio, el cual fue abierto en 1848 a raíz de una epidemia de cólera morbus”, de ésta enfermedad se tiene registro que en el 1833 provino de Estados Unidos de Norteamérica dicha enfermedad y que hizo estragos en varios estados de la República Mexicana.

Para el señor Enrique la vida en el panteón inicio a muy temprana edad, pues su abuelo y su papá fueron sepultureros y constructores de  fosas y monumentos dentro del panteón.

“Las personas prefieren enterrar a sus muertos en el área de las primaveras, los arboles, pero estos echan raíces muy grandes que dañan los monumentos, por eso se les tiene más cuidado a estas estructuras”, mencionó el sepulturero.

En el cementerio existen crucifijos datados del siglo XIX

El panteón es una colonia más de la ciudad, pero aquí no habitan personas vivas, sino muertas. El recinto cuenta con diez manzanas  y una sección nueva. Dividido entre clases sociales, grandes y pequeños, así como los que llevan más de un siglo de muertos y aquellos que apenas han desaparecido de la vida terrenal.

El panteón municipal de Ciudad Guzmán tiene alrededor de 11 mil 400 propiedades, las cuales tienen reguardadas a varias generaciones de las familias más significativas, hasta los que murieron en la soledad. Tal es el caso de las capillas pertenecientes a las familias Mendoza, Villanueva, Toledo, Arias, entre otros, pasando a aquellos que poco tuvieron en su vida terrenal, pero también fueron personajes significativos de la ciudad como Juan Vites, La chiva, la cabezoncita, Benita, entre otros que sin duda marcaron la vida de Zapotlán el Grande.

El señor Enrique, el sepulturero de la ciudad, comentó que hay muchas leyendas alrededor del camposanto, una de ellas es al principio de la historia del panteón, cuando “comenzó la epidemia de la cólera, morían alrededor de veinte personas al día por lo que el ayuntamiento municipal de ese tiempo compró una carreta de madera”, así asustaban a los niños de aquellos años con que la carreta de la muerte se los llevaría si se portaban mal.

Así como esas historias hay otras que han salido de la tradición popular y del folklore mexicano que caracteriza al país en torno a la muerte.

Los encargados del cementerio mencionan que hay existen muchas personas aún que tienen adeudos de propiedad. Allí en ese recinto la muerte cuesta poco más de tres mil pesos al principio, lo cual servirá para otros tres integrantes de la familia.

Durante el tiempo de la Guerra Cristera, hubo una historia acerca de un Cristo al cual los soldados del presidente Plutarco Elías Calles le cortaron la cabeza como reprimenda a los cristeros, que además colgaban en los postes de teléfono. Hoy en día el Cristo sigue estando sin cabeza.

Aunque ya se ha construido un cementerio nuevo en las orillas de la ciudad, este es privado. Por tal motivo no todos podrán pagar un buen lugar para morir.

Entre los personajes ilustres que están enterrados en el panteón “Miguel Hidalgo y Costilla” están Vicente Preciado Cafuentes, padre de Vicente Preciado Zacarías académico emérito de la Universidad de Guadalajara, Pascual Galindo Ceballos, Mauro Velasco, Manuel Chávez Madrueño, uno de los fundadores del Centro Regional de Educación Normal, en Ciudad Guzmán, así como la lapida de la familia Arreola Zúñiga, a la cual pertenece el escritor Juan José Arreola, aunque no se encuentre enterrado ahí.

Los cementerios son sin duda uno de los lugares en donde la historia de las ciudades se puede corroborar, ya que en ellos muchas veces están enterrados aquellos personajes que en ocasiones sin imaginarlo han sido objeto de estudio para entender a las sociedades de ciertas regiones.

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