Homilía para la Solemnidad de la Asunción de la Virgen 2015

La fidelidad de María

Misal Romano 044

Estamos celebrando el misterio de la Asunción de la Virgen María. Con la Eucaristía de este día agradecemos a Dios el regalo que nos hizo en ella y, a través de ella, de su Hijo Jesús. Él se hace Pan y Vino hoy, para alimentarnos y, con la fuerza que este alimento da, podemos seguirlo en su camino, como nos enseña María, y fortalecer la esperanza de encontrarnos plenamente con Él, resucitado y glorioso, con María y todos los santos, también resucitados y gloriosos.

La fidelidad de María

Textos: Ap 11, 19; 12, 1-6. 10; 1 Cor 15, 20-27; Lc 1, 39-56.

Misal Romano 044

Estamos celebrando el misterio de la Asunción de la Virgen María. Con la Eucaristía de este día agradecemos a Dios el regalo que nos hizo en ella y, a través de ella, de su Hijo Jesús. Él se hace Pan y Vino hoy, para alimentarnos y, con la fuerza que este alimento da, podemos seguirlo en su camino, como nos enseña María, y fortalecer la esperanza de encontrarnos plenamente con Él, resucitado y glorioso, con María y todos los santos, también resucitados y gloriosos.

La Asunción es un misterio. Al menos así lo anunciamos en el rosario. ¿Por qué? Dice el dogma de su Asunción, definido por el Papa Pío XII en 1950: “La inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo, al terminar su vida mortal”. El misterio es algo que deja conocer parte de una realidad que no se ve; otra parte queda oculta y eso provoca que las personas se mantengan “con la espinita” de conocerla totalmente.

Así sucede con María. Imaginemos cómo es que fue llevada al cielo en cuerpo y alma, habiendo muerto y estando sepultada en la tumba. Cuesta trabajo. Y es más difícil comprenderlo porque los textos bíblicos nada nos dicen de este hecho. Es una realidad a la que estamos llamados todos los humanos y la afirmamos en el Credo al expresar: “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”. Es un don de Dios, basado en la fidelidad de la Virgen María.

Esta fidelidad de María a Dios y su proyecto de salvación está descrita en el Evangelio de san Lucas, donde se muestra como esclava del Señor. La respuesta de Dios a su fidelidad está asumida en los otros dos textos bíblicos. Su fidelidad está remarcada en la Encíclica del Papa Francisco Laudato si’, que está centrada en el cuidado de la casa común. En ella se resalta el servicio de la Virgen en el cuidado de Jesús y su seguimiento fiel hasta la cruz, y el servicio que da hoy.

Dice así Francisco: “María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza. Es la Mujer «vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1). Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura. Ella no sólo guarda en su corazón toda la vida de Jesús, que «conservaba» cuidadosamente (cf Lc 2,19.51), sino que también comprende ahora el sentido de todas las cosas. Por eso podemos pedirle que nos ayude a mirar este mundo con ojos más sabios” (LS 241).

En María podemos ver con claridad nuestra esperanza. En ella se ha hecho realidad la esperanza cristiana de resucitar y participar con Jesús en la gloria. Pero esto supone nuestra fidelidad. Dios nos llamó a la vida de Iglesia, a seguir a Jesús, a vivir como hermanos, a llevar el Evangelio, a anunciar y hacer presente el Reino de Dios. De lo que realicemos en estas tareas, comunes a todos los bautizados, depende que alcancemos o no la esperanza de la resurrección.

La Virgen la alcanzó y por eso la celebramos de manera especial. Aprendamos de ella y vivamos con fidelidad nuestro seguimiento a Jesús, con quien nos encontraremos sacramentalmente; hagamos de nuestra comunidad una experiencia de hermanos, por el encuentro, la convivencia, la tolerancia, la comunión, el servicio, el perdón. Agradezcamos a Dios el testimonio de fidelidad de María y llenémonos como ella de la vida que su Hijo nos ofrece en la Comunión.

15 de agosto de 2015

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *