Homilía para el Viernes Santo 2018

Creer en el crucificado o rechazarlo

Pasión

Estamos celebrando la entrega total de Jesús, hasta morir en la cruz y derramar su última gota de sangre y agua. Es la muerte redentora, la que nos da el perdón de los pecados y nos comunica la vida de Dios. En esta celebración reconocemos esa entrega de Jesús en la cruz; por eso, enseguida vamos a realizar un gesto de adoración y de agradecimiento, que nos compromete a seguirlo con fidelidad en su camino.

Creer en el crucificado o rechazarlo

Textos: Is 52, 13-53, 12; Hb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1-19, 42

Pasión

Estamos celebrando la entrega total de Jesús, hasta morir en la cruz y derramar su última gota de sangre y agua. Es la muerte redentora, la que nos da el perdón de los pecados y nos comunica la vida de Dios. En esta celebración reconocemos esa entrega de Jesús en la cruz; por eso, enseguida vamos a realizar un gesto de adoración y de agradecimiento, que nos compromete a seguirlo con fidelidad en su camino.

Ser miembros de la Iglesia, seguir a Jesús, ser sus discípulos, implica decidirnos por su propuesta del Reino, su estilo de vida y su destino. Su Pasión y Muerte, descritas en los textos que se han proclamado, nos plantean la alternativa de creer en Él con todas sus consecuencias o rechazarlo.

Jesús murió obedeciendo y obligado: obedeciendo al Padre y siendo obligado por los sumos sacerdotes, Herodes, Pilato y muchos judíos que lo sentenciaron; murió cargando y siendo cargado: cargando la  cruz y, en ella, nuestros crímenes y pecados y siendo cargado por la cruz; murió condenado y liberando: condenado injustamente y liberando del pecado por su sangre derramada; murió despedazado y rehaciendo: despedazado en la cruz y curando nuestras heridas con sus llagas; murió humillado y exaltado: humillado por las autoridades civiles y religiosas y exaltado por Dios su Padre; murió como pastor y oveja: como pastor dando vida a sus ovejas y como oveja en silencio sufriendo la muerte.

En nosotros está la decisión: seguirlo así, en esas condiciones, o rechazarlo. Que la adoración de la Cruz y la Comunión sacramental sean signos de que nos decidimos, personalmente y como comunidad, a seguirlo en su camino, su entrega y su muerte, que nos traen la vida, el perdón y la paz.

30 de marzo de 2018

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