Homilía para el primer domingo de Cuaresma 2020

Con Jesús, luchar contra las tentaciones
En este primer domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos ayuda a reflexionar sobre las tentaciones en nuestra vida y lo que hacemos ante ellas. Ciertamente son una realidad que está presente en la experiencia humana desde el principio, con Adán y Eva, y va a seguir estando hasta el final de la vida de cada quien y de la humanidad. Jesús mismo las experimentó, como escuchamos en el Evangelio; pero, a diferencia de Adán y Eva, que se dejaron convencer y cayeron, Él las venció.

Con Jesús, luchar contra las tentaciones

Textos: Gn 2, 7-9; 3, 1-7; Rm 5, 12-19; Mt 4, 1-11

En este primer domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos ayuda a reflexionar sobre las tentaciones en nuestra vida y lo que hacemos ante ellas. Ciertamente son una realidad que está presente en la experiencia humana desde el principio, con Adán y Eva, y va a seguir estando hasta el final de la vida de cada quien y de la humanidad. Jesús mismo las experimentó, como escuchamos en el Evangelio; pero, a diferencia de Adán y Eva, que se dejaron convencer y cayeron, Él las venció.

El Diablo está buscando la manera de que los humanos nos desviemos de la relación con Dios. Y, curioso, siempre parte de lo que Dios pide a las personas y en base a su Palabra presenta la tentación. A nuestros primeros padres, por medio de la serpiente les planteó la posibilidad de ser como Dios. Les dijo que Dios les había prohibido comer del árbol que estaba en el centro del jardín, porque el día que comieran, se les iban a abrir los ojos y serían como Él, conocedores del bien y del mal. Ahí estaba puesta la tentación: ¡poder ser como Dios!, es decir, tener todo el poder y recibir el honor y la gloria. ¡Casi nada! Se dejaron convencer, creyendo que lograrían ser poderosos.

La consecuencia para ellos fue descubrir que estaban desnudos; y para la humanidad, como dice san Pablo, entró el pecado en el mundo y por el pecado también llegó la muerte. Desde entonces, todos los humanos participamos de la condición pecadora, la cual llevaremos toda nuestra vida. Igualmente, toda la vida vamos a estar experimentando la tentación de querer ser como Dios, de tener todo el poder, de ser homenajeados, de recibir la gloria y la alabanza. Hay que estar atentos.

A Jesús le pasó lo mismo que a Adán y Eva. También fue tentado por el Diablo, como nos narra san Mateo. El texto comienza diciendo que fue conducido al desierto por el Espíritu para ser tentado por el demonio. Éste le insinuó que podía aprovechar su condición de Hijo de Dios para hacer y deshacer. Tenía poder y lo podía aprovechar para su beneficio; podía ser famoso, recibir el honor y la gloria, ser dueño de todo el mundo. Le pidió que en su condición de Hijo de Dios convirtiera las piedras en pan para saciar su hambre; le dijo que se aventara de lo más alto del templo, que al cabo tenía a los ángeles a su servicio y lo protegerían, con lo que tendría mucho éxito y fama; le hizo soñar con convertirse en dueño de todo el mundo. Incluso, para intentar convencerlo y hacerlo desobedecer a su Padre Dios, le mencionó citas de la Escritura.

A diferencia de Adán y Eva, Jesús no cayó en la tentación. Se mantuvo fiel a su Padre. Estaba decidido a obedecerlo siempre. Se defendió del tentador citándole la Palabra de Dios y diciéndole que primero hay que hacerle caso a la Palabra que viene de Dios, que no hay que tentar a Dios y que a quien se debe adorar y servir es solamente a Dios.

La consecuencia de esta decisión de Jesús fue que Él quedó fortalecido para realizar su misión, pues todavía no la comenzaba. Y la consecuencia para la humanidad fue la llegada de la gracia, la justicia, la justificación y la vida, como escribió Pablo. Jesús nos muestra el camino para vencer las tentaciones, que se nos van a presentar a lo largo de toda nuestra vida. Siempre vamos a soñar con tener dinero, bienes, poder, puestos, para hacer y deshacer; siempre se nos va a presentar la oportunidad de sentirnos grandes y de estar por encima de los demás, de dominarlos y oprimirlos, de hacer tranzas y cometer injusticias; siempre se nos va a plantear la posibilidad de no salir a la misión, de no vivir como hermanos, de no construir la comunidad, de destruir la naturaleza.

Unidos a Jesús en la oración y la Comunión, pidamos a Dios que no nos deje caer en la tentación.

1 de marzo de 2020

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